miércoles, 9 de noviembre de 2016

Todos somos Trump


No sé por qué las redes sociales se desbordan de sorpresa e indignación. Sí, entiendo, todos tenemos miedo, pero, ¿sorpresa? Me refiero, claro está, a la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos.

¿Sorpresa? ¿Por qué?

Cuando el Brexit, sucedió algo similar: las redes sociales y ciertos grupos no podían con la indignación: “pinche pueblo de gente cerrada”, era el mensaje. “Ellos, tan distantes, tan distintos”. ¿De verdad?

Leí algo que me hizo reflexionar sobre la situación que vive el Reino Unido, no Londres, EL REINO UNIDO. Porque, verán, como siempre digo: Ciudad de México NO es todo México. Londres NO es todo Reino Unido.

La gente está en la pobreza. Sí, aunque no lo crean: la gente no tiene para comer. Basta echarle un vistazo a la ya vieja Irina Palm (2007) para empezar a sospechar que algo sucedía con la economía de aquel reino. Y ahora, la ganadora de la Palma de Oro en Cannes de este año, Yo. Daniel. Blake (que espero se estrene pronto en México) para ver esta realidad que nos negamos a ver.

Es cierto: la gente está pasándola muy muy mal. La gente no tiene trabajo, la gente está asustada. La gente está desesperada. En Reino Unido, en México. En Estados Unidos.

Entonces: hay que culpar a alguien.

Hace unos días hablábamos del tema con un hombre británico y decíamos que este no es un tema que se puede resolver y resumir en dos palabras. No se trata sólo de racismo ni de intolerancia. Se trata de aspectos duros, profundos y complicados, que no se resumen a un Pinche Trump o a uno de los muchísimos memes “chistosos” que hoy abundan en Internet.

No.

El problema sí es el gobierno, la burocracia. El problema es que todo está podrido, empezando por nosotros.

Todos somos Trump.

Sí, claro que me da miedo qué viene. Con el dólar especulando y yo sin un trabajo, siento que me da reflujo y quiero correr debajo de un puente para agarrar el rincón menos húmedo para el invierno. La cosa está muy mal. Me da miedo. Pero, disculpen ustedes, no estoy para nada sorprendida con los resultados. I DID see that coming.

Todos somos Trump.

Hace unas semanas hablaba con una amiga que trabaja en la embajada mexicana en Washington y me dijo con todas las letras: gane o no Hilary, algo ya se despertó con Trump. Quizá antes la gente era más discreta, ya no. Te ven feo, se nota que no confían en ti. El racismo está aquí.

Pero, ¿por qué habría de haber racismo en la tierra de oportunidades, en la tierra que se hizo de la inmigración? Por el miedo, por la ignorancia. Por la pobreza.

Todos somos Trump.

Pasa lo mismo en México. Y todos somos ese falso naranja con su falso copete. Todos somos un poco de él. Por eso no me sorprende, ah, pero qué gacho se ve verlo. Qué gacho es ver nuestra peor parte. Porque todos somos Trump.

Dirían los muppets de Avenida Q: todos somos un poco racistas. Cuando decimos “ah, pinches colombianos, ya están invadiendo la Narvarte.”. “Ah, pinches argentinos, vinieron a robarnos los mejores trabajos (en especial en marketing digital, ¿qué no?).” “Ah, pinches españoles, primero éramos unos sudacas y ahora sí vienen a mamar teta, ¿no?”

Todos somos Trump.

Cuando nos burlamos de las creencias de los otros, somos Trump.

Cuando vemos por debajito del hombro a los hipsters, somos Trump.

Cuando robamos una idea de alguien más, somos Trump.

Cuando arrebatamos la palabra y no escuchamos al de enfrente, somos Trump.

Todos somos Trump.

Cuando somos reactivos y decimos pendejadas, aunque después nos arrepintamos. Cuando nos sentimos superiores a los otros. Cuando llamamos “chacha” a la señora que hace la limpieza en nuestra casa. Cuando le decimos “perra” a una mujer que trae un escote prominente. Cuando nos burlamos de las mamás solteras que buscan reconocimiento a su agotada existencia. Cuando nos creemos superiores al otro.

Cuando vemos nuestra sombra y nos asqueamos de ella.

Todos somos Trump.

Y, la verdad, es que ese señor Trump que vive en una casita perdida en medio de algún estado que ni siquiera sabemos que existe en Estados Unidos y no tiene trabajo ve que hay un “millonario” que le ofrece una mejor vida, cree. Como con el Peje. Como cuando elegimos a Fox porque estábamos hasta la madre del PRI.

Fuimos los que votamos por Fox, los que votamos por Peña Nieto. Los que anulamos nuestro voto.

Los que somos indiferentes ante lo que sucede en nuestro país.

Somos esos que esperamos “un hueso” del gobierno porque no hay de otra. Los que tenemos una plaza –o dos o tres--- en alguna oficina y no hacemos nada. Somos los que tranzamos para avanzar, los que “no hay pedo, nomás es tantito.”

Todos votamos por Trump cuando no reconocemos que esa parte oscura y estúpida vive en nosotros. Cuando preferimos criticar al naranja a vernos a nosotros y hacer algo al respecto.

Siempre habrá un Trump dentro de nosotros, ¿pero lo elegiremos como presidente? ¿O mejor lo reconocemos y no dejamos que gane? Reconocemos todos esos miedos, esas carencias que sí tenemos.

Porque, señoras y señores, podrán llamarme “vieja bruja de la Nueva Era”, “filosofía de Cohelo” y lo que quieran. Pero hoy yo no estuve sorprendida porque, quieran o no, el mundo nos está demostrando que todos somos Trump. Colombia, Reino Unido, Estados Unidos. ¡MÉXICO!, por dios, ¡México!

Todos somos Trump.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Seguir creciendo

Uno cree que cuando "se es grande" se tienen resueltas varias cosas. O... ya no se vivirán ciertas experiencias. Lo bonito -y jodido- del asunto, es que no; no es así. Cada día es una nueva oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo. Es más, yo diría que si se tiene suerte, lo es. 

Así es con todo. En los trabajos, con los amigos, la familia, el trabajo, la casa, la salud, las finanzas y las relaciones de pareja. Uno cree que va rellenando cuadritos en las casillas de experiencias pero la verdad es que sí, lo hacemos, pero en una de esas la lista va creciendo y las casillas parecerían repetirse.

Conocemos nuevas personas y nos arriesgamos a tener una relación con ellas, de intimidad o más frívolas. Y no hablo sólo de lo físico sino de lo emocional: nuevos amigos, socios, compañeros, amantes, amores. 

El tiempo pasa, las experiencias se quedan y el aprendizaje -idealmente- permanece. Al menos ya lo notamos más rápidamente. 

¿Qué nos quedamos?

¿Qué nos sirve?

Hoy me siento afortunada de seguir creciendo. Cada día. Con cada recuerdo creado. Con cada momento vivido.

Miradas

-- Estás bien enamorada, me dijo mi amiga.

Y me miró con infinita tristeza.

viernes, 4 de marzo de 2016

#YoViajoSolaYLoAmo

Yo, he sido viajera, muy viajera. ¿Saben?, he viajado sola y he viajado acompañada. Viajé pocas veces -muy pocas veces- acompañada de hombres y muchísimas más, de mujeres. Una o varias mujeres. He ido a unos cuantos kilómetros de donde he vivido y a muchísimos, al fin del mundo, literal, y lo hice... sola. Me trepé a un glaciar, sola, al que llegué en un bote sola. Dormí sola, tomé el vuelo sola y comí sola. Soñé sola, me tomé fotos sola y regresé... sí, sola. 
Y también he estado con amigas... muchas amigas. 

Siempre he pensado que en mi grupo de amistades las mujeres somos mucho más lanzadas, mucho más aventadas y atrevidas. Más viajeras. 

AMO viajar, en especial con amigas, y qué carajo, seguiré haciéndolo. Con un hombre o una mujer, con dos o tres, con familia o nuevos conocidos, conmigo misma y mis redes sociales. 

AMO viajar y lo seguiré haciendo, hasta que sea viejita y no me quede otra que contratar un tour ¡pero seguiré recorriendo kilómetros, aprendiendo de historia, conociendo leyendas, pisando suelos. Quiero ir al cine en cada país que visito, probar su café y plasmar mis pies en cada rincón. No lo dejaré de hacer. ¿He sentido miedo? Claro que sí. ¿Me he sentido sola? ¡Pfff, por supuesto! ¿He deseado estar ahí con alguien más para compartir? Obvio. ¿Me he arrepentido? ¡NI POR UN SEGUNDO! 

La pregunta es: ¿en algún punto me he cuestionado a mí misma no hacerlo por ser mujer? 
No. 
Nunca. 

¿Por qué debería de hacerlo? ¿Por qué algo podría pasarme? Bueno, mi filosofía es que hasta bajo llave en casa algo podría sucederme. O en la esquina de mi casa o llegando al hogar de mi madre. Hay lugares que me dan miedo, claro que sí; ha habido momentos en los que he sentido mucho miedo y he llorado en estaciones de metro donde me sentía muy sola, mientras me cuestionaba un oficial de policía en un idioma que no era el mío. ¿Y me sentí inferior por ser mujer y estar viajando sola? No. 

¿Qué, entonces, me da miedo? Pues lo normal, supongo que a los que somos ajenos a las tierras nuevas, los que nos guiamos por nuestra intuición y nos dice: "por ahí no", o esos sitios desconocidos en donde, literal, me he visto perdida sin saber cómo regresar. Pero eso no tiene que ver con ser mujer, eso tiene que ver con ser un ser humano con algo de capacidad intelectual y poca experiencia (y a veces, mucha). 

No quiero dejar de viajar con mis amigas ni quiero que mis amigas me digan "es que venimos mujeres solas". Quiero que dejen esos miedos, que no se los infundan a sus hijas y que menos las hagan unas cobardes. 

No quiero que mis amigas ayuden a continuar el sexismo, quiero que se sepan seres humanos, vulnerables como cualquiera, con derecho a disfrutar como cualquiera. 

Quiero seguir viajando sola y con mis amigas; con mi pareja y sin él. 

No quiero sentirme más segura porque voy con un "macho" que a la luz de los ojos del mundo entero sea un Superman (¡Ufff, no quiero colgarle esa responsabilidad, no es invencible, no es de acero!) No soy irresponsable y cuando viajo sola, me cuido, cuando viajo con alguna amiga, nos cuidamos mutuamente, nos apoyamos y ¡DISFRUTAMOS! Cuando viajo con mi pareja me dejo cuidar y yo lo cuido a él. Y nunca, nunca he pensado: me van a matar por ser viajera. 

Ojalá en el mundo dejara de haber asesinatos de mujeres... y de hombres. Eso, desgraciadamente no está en mis manos. Pero lo deseo con todas mis fuerzas. 

Lo que sí está en mis manos es invitarlos a que dejen de verse, mujeres, como débiles, que necesitan a un hombre para estar "a salvo". Por ustedes y por ellos. 

Lo que sí está en mis manos es invitarlos, hombres, a que NO hagan inseguras a sus hijas y sus parejas; a sus madres, hermanas y amigas. Lo que sí está en mis manos es, querido ser humano, sin importar tu género, invitarte a que sigas tu intuición y que no vayas por lugares que tu tripa te dice: " ahí no". A que tú, ser humano, dejes de estigmatizar por género y dejes de implicar de manera velada, que la violencia y los crímenes son culpa de la víctima. 

Lo que sí está en mis manos es invitarlos a que VIAJEN... porque, verán, los viajes les quitan esas telarañas en la cabeza; los viajes les enseñan que hombre, mujer o cetáceo, somos iguales, tenemos la misma dignidad y valor; que lo que nos hace mejores son nuestros actos y no nuestro ADN. 

Viajen solas mujeres, y utilicen un HASHTAG que diga #ViajoSolaYLoAmo o algo así, ¡que se permitan vivir, porque viajar es -para mí- una gran parte de vivir! 

Viajen con sus amigas, porque NADA se compara con esa experiencia y siempre, cuídense entre ustedes, sigan su intuición pero ¡no se limiten por esas mentiras que les metieron en la cabeza! 

Soy viajera y no pienso asustarme y no pienso quedarme callada y hacer como que no pasa. Sí pasa. Pasan cosas espantosas en la vida.

Yo también he perdido la fe en la bondad del ser humano una y otra vez; pero mágicamente reaparece.

Creo que se puede vivir una vida honesta y decente, viajando sola. Con amigas. Y eso, justo, es lo que pretendo seguir haciendo.

Soy viajera y lamento muchísimo los asesinatos de las dos backpackeras argentinas; de los motonetos gringos que se han perdido en alguna parte de México y de otros tantos de los que seguramente no nos enteraremos.

Soy viajera y lamento muchísimo los asesinatos de los inocentes que iban pasando por una calle en donde hubo un pleito entre sicarios o los de las mujeres que saliendo de trabajar se perdieron y nunca volvieron. O de las mujeres que fueron por sus hermanos secuestrados y sólo botones quedaron. Lamento todas las muertes, lamento la violencia, lamento la ira y la falta de amor y de responsabilidad que hay en esos seres detrás de esos actos horribles.

Lamento que el mundo esté tan marrano, tan mal. Pero soy viajera y seguiré viajando, seguiré creyendo en la gente, seguiré dejándome maravillar y quiero seguir conociendo personas: hombres, mujeres.

Viaja tú también, deja esos estigmas ¡por dios! Y haz lo que esté en ti, coopera en lo que puedas para que haya un mejor mundo y nos dejemos, de una vez por todas, de las tonterías de que las mujeres no podemos hacer tantas y tantas cosas, de que somos débiles, de que necesitamos una capa protectora, ¡de que la culpa la tiene la víctima! Haz lo que esté en ti.

Y hazlo ya.


miércoles, 20 de enero de 2016

El cambio a través de las letras

-Escrito para un grupo de FB, que tiene Raúl Mejía, reconocido personaje de este blog-.

Como adivinarán (seguramente a todos los miembros de este club les pasa) Raus me presiona para que le mande algún texto: “si tienes muchísimos” dice con toda la razón. Entonces un poco regañada y apenada, me puse a buscar en mi blog (ancestral y con telarañas) pero me he leído tan distinta. Diez años tiene ese blog, justo mi década de los 30, que está por terminar. Y me reconozco otra. Qué bueno, diríamos todos, pero en el sentido literario –y sin inspiración- no ha sido tan bueno… ¿qué compartir con esta distinguida audiencia? Esa que fui ya no soy, esa que pensaba y vivía de ciertas formas, ya no lo hace. Entonces, ¿qué piensa y cómo vive esta de ahora?

Para empezar, no soy siquiera la misma de hace 1 año o sólo 6 meses (con números), qué decir de hace 5 o 7 años. Así que es muy probable que también cambie en un tiempo y me da miedo hasta poner en letras quién me asumo ahora porque en un abrir y cerrar de ojos será otra la que lee, la que escribe.

Pero, ¿saben?, al final el propósito del blog ha sido cumplido, se ha convertido en algo así como un diario que es testigo de mí. Recuerdo la época en que teníamos que explicar qué era un blog; decíamos: “una bitácora online”. Ahora nadie tiene duda de qué es un blog, aunque ya no es una bitácora, ahora es un sitio cotizado en donde todo mundo tiene autoridad de… de… de algo, pero tiene autoridad.

Lo irónico es que hoy no creo ser autoridad de nada (¡ay, la edad!), por eso ya no pongo listas para hacer o decir tal cosa que implique emociones o emparejamientos, ni doy consejos y menos los escribo por acá o allá… Ahora comparto experiencias y textos más periodísticos y poquísimos personales. Así nos volvemos con los años: más reservados y más sabios y menos arrogantes.

Todavía no estoy del todo lista a enfrentar a esa que fui… porque es tan grande la diferencia, que siento “gacho”. No me malinterpreten, que estoy orgullosa de haber sido esa porque sin esa no habría esta. Pero siento feo, es como un hueco en el pecho… es la compasión de esa que pasó muchas muy dolorosas, muy jodidas. Sí, sí, también felices pero ahora siente las jodidas. Claro, tampoco voy a presumir “yo he tenido más jodidas que tú”, cada quien sus propias jodideces, que seguramente son grandes, oscuras, profundas. Ya no cuento, ya no publico, ya no presumo, ya no asumo.

A nada de los 40 me doy cuenta de que eso de hacer un blog sí sirve; que escribir es uno de los mejores testigos de nuestro paso por esta era cibernética, letrada y emocionante. Así que hoy les comparto que no tengo nada que compartir.


jueves, 26 de noviembre de 2015

El Día de Gracias

Me gusta esta fecha. Aunque quizá me gusta porque no existe en México, así que no tenemos los dramas de telenovela que generalmente suceden en reuniones familiares. Por eso queda lo romántico, la parte de televisión, donde Friends se reúnen a ver desfiles y siempre hay un motivo para regresar al hogar.

Hay muchas razones para estar agradecidos, inclusos los dragoncitos del calendario chino, que la hemos pasado como en feria los últimos años; los que estamos terminando nuestro ciclo de numerología y los que estamos terminando una década. Que no es queja, nomás se juntó todo. 

Y si bien no quiero hacer recuento de 2015 aún, sí quiero agradecer, aunque sea en este blog escondido en medio de la web. 

Gracias a los amigos que no contestaron los mails, que no me permitieron expresarme.
Gracias al peluquero que me hizo llorar mares cuando adolescente.
Gracias al endocrinólogo que me volvió hipotiroidea.
Gracias a esos hombres que no volvieron, pero más aún a los que volvieron a enchinchar.
Gracias a los trabajos que me fueron negados.
Gracias a esas palabras que me rompieron el corazón.
Gracias a los jefes que se sintieron amenazados por mí.
Gracias a los asaltantes que entraron a San Pedro de los Pinos.
Gracias al cabrón que me asaltó en San Ángel.
Gracias a esos gringos que me negaron mi primera visa.
Gracias a los que algún día me dijeron "gorda", "tonta" o "equis".
Gracias a los apagones en mi hogar, que me llenan de pánico y me hacen sentir muy sola.
Gracias a las relaciones que no prosperaron y que me hicieron creer que había algo mal en mí.
Gracias a la inmobiliaria que me dijo que no a esa casa.
Gracias a ese hombre que me dijo "sí pero no ahorita".
Gracias a todos los que me sacaron de mis casillas. 
Gracias a los que me sacaron los zapatos en el metro.
Gracias a los oficiales que me detuvieron en distintas partes del mundo.
Gracias a las terapias que intenté y no funcionaron.

Shit happens, you know?

Gracias a toda esa "shit", estoy hoy aquí. Y me encantan las posibilidades que veo. Me encantan mis raspones, mis levantadas. Aprecio todas las veces que jugué a la mártir y que me mentí.

Lo mejor es que no me doy por vencida y soy necia en querer estar mejor, en siempre, cada día, regresar a mi más puro yo (ese no invadido por el ego, los miedos, las creencias negativas).

Gracias a todo eso que parecería mierda, esta que está aquí escribiendo, es una persona mucho más plena, más feliz. Tomó su vida en sus manos, hizo algo al respecto y no piensa dar un 
paso atrás.

Hoy quiero agradecer a todo eso aparentemente negativo que me hizo darme cuenta que había un fondo pero también un cielo. Y hacia allá voy.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Fin de año, fin de década, fin de periodo

Ay, cuántos fines.

Pero para mí en particular, todo esto se viene. Y si bien es el último año de mi periodo... whanchisnever (según la numerología) y es el más caótico, creo que ha sido más bien de cerrar y ajustarlo todo. Los últimos fueron más de caer, caer, caer... este más bien fue de cerrar, terminar de acomodar y crecer.

A veces se necesita que te catapulten para llegar al lugar indicado para entonces, volver al camino y seguir creciendo. Subir un escalón.

Es inevitable mirar hacia atrás y me doy cuenta de que me pasó algo que no me había dado permiso de experimentar: ser objetiva. Ya saben, con esta onda de desearle bien a la gente, la verdad no había sido sincera y decir: este hijo de la parca fue un hijo de la chingada conmigo. Y no, ya no le deseo puro bien, le deseo que tengo lo que le tenga que tocar. No más, no menos. No soy la indicada para desearle bien ni mal, pero reconozco que conmigo sí fue un hijo de la chingada. 
Otra cosa interesante es que me dije: si hoy regresara en el tiempo, sí tomaría otras decisiones, haría otras elecciones. Y no es arrepentimiento, es crecer.

Por eso, estoy terminando este año, esta década, este periodo, con reflexiones. Ya vendrá el agradecimiento, pero aún no es el momento. Hoy soy sincera conmigo misma y eso, me libera.

martes, 6 de octubre de 2015

¿Qué eliges?

Creo que todos hemos estado en algún punto de nuestras vidas en donde sentimos que sólo falta que haya una vaca voladora y nos defeque encima. Diría Mafalda: que paren el bus, me quiero bajar. Y en esos momentos no nos damos cuenta de que también eso pasará y que todo estará bien.

Es que hay veces que la vida -o Dios-, comienza a darnos sutiles empujones para que pongamos atención en algo que no está del todo bien. Pero con la vida tan agitada, la cabeza ten atascada, lo último que hacemos es escuchar o ver las sutilezas. "¿No escuchaste esta vez? Bueno, ahora no será tan sutil, ahora te lo diré en voz alta". Y seguimos haciéndonos los locos, hasta que, de plano, nos lo grita con megáfono a todo volumen y es cuando decimos: ¿NETO? ¿Por qué te pones así, vida?

Pues, supongo, así tendría que ser: el cambio es inminente, aunque nos resistamos.

¿Quién está libre de esta experiencia? Yo diría que nadie, en algún ámbito de la vida, al menos.

Recuerdo la noche más difícil que pasé durante el proceso de adaptación con Cinna. Lloré mucho, mucho. Hablé con mi amiga Ani, que había vivido una situación similar, y me sentí acompañada, hablé con la Etóloga que me dijo: “no todos los perritos son para todos los seres humanos, quizás ella no es para ti, así que podemos buscarle una casa”. Entre lágrimas de confusión tuve que abrir mi corazón a mí misma y ser muy honesta: ¿quería mi vida como antes de que estuviera Cinna en ella? Me fui a esos días sin ningún tipo de responsabilidad, de subir y bajar, de ir a mi aire totalmente. De ser más rígida y, sí, menos feliz. La respuesta fue muy contundente: NO. No quería volver a ese lugar, ya no quería esa vida, quería esta nueva vida, con esta nueva rutina, con nueva gente, nuevos hábitos. Una nueva yo.

Una vida de cambios y de nuevas aventuras. Parecería algo ligero, pero es ver la vida con nuevos ojos, ¡literal! Todo era nuevo: las banquetas, los vecinos, los dueños de perros... Y no, definitivamente no quería volver a la antigua vida.

Supongo que este es un gran paso: saber qué ya no queremos, aunque lo nuevo parezca totalmente ajeno a nosotros, nos sintamos un poco torpes y hasta indecuados, aunque tengamos que empezar con baby steps, ya no queremos volver atrás.

Después de esa noche todo cambió. Un viaje nos cambió. Regresé de Querétaro sabiendo que todo iba a estar bien porque yo quería entrar a esta nueva etapa contenta y sin presión, sin forzar nada, sin obligarla a nada; disfrutando de las novedades y de su presencia. Me dejé llevar cuando abrí mi corazón a algo nuevo, distinto, aterrador. Hoy, después de dejarla en la pensión y un poco chípil, volví a esta reflexión: no sé qué traerá mi vida ahora, no sé cómo será cada uno de mis días con Cinna, si siempre estaré ahí para sacarla tres veces al día, si podré darle sus medicinas cuando está enferma o si me sentiré mal si una noche la dejo sola. No tengo certeza de nada, pero estoy dispuesta a vivir cada día con esta decisión, en esta aventura.

Así que si a veces la vida parece que la trae contra nosotros… puede ser que no sea eso sino que hemos dejado pasar ya muchas señales sutiles y los megáfonos se multiplicaron. ¿Es tiempo, entonces, para ver qué ya no queremos e ir por lo nuevo, por muy aterrador que sea?



Old fashion way...

- ¿Por qué ya no escribes en tu blog, Lata? - me dijo Raúl del otro lado del teléfono. Sí, era una llamada, de voz; no de whats o de video chat, de hecho, marqué un número fijo desde mi celular. 
"Con Raúl Mejía, por favor", pedí a la señorita que me contestó.

- Pues... no sé, creo que me siento expuesta. Además, antes todo mundo compartía y ahora sólo yo, no. -dije pensativa.

- ¿Recuerdas que hace años hablábamos de cómo las Redes Sociales iban a traer un desmadre a nuestras vidas? ¡Ya es un desmadre!

Hablamos un rato; él me escuchaba, después opinaba y yo, en silencio, sentía cada una de sus palabras.

- Los amigos siempre te dirán lo que ellos quieren, al final, no le hagas caso a nadie - soltó algo parecido a esto, sabiendo que opino igual que él.

Creo que al final, por eso estas entradas se han vuelto anoréxicas, casi sin aire. 

¿O será la edad que ya es muy evidente, pesa?

Pero horas y horas de mensajes fríos mal entendidos en el celular, no se pueden comparar con 20 minutos al teléfono. Palabras y silencios que no se leen, se oyen.

Tal vez dejé la necesidad de "aconsejar" a la gente. ¡Gracias a dios! ¿Quién soy yo para decirles por dónde caminar? O, ¿será, que ya las letritas crean sinsentidos y por eso mismo todo es imagen con algún chiste o mensaje motivacional? ¿Quién tiene tiempo para leer tantos párrafos? ¿Quién tiene tiempo para reflexionar sobre su vida o darse espacio para él o ella mismos?

Creo que soy una chica "old fashion", esa llamada telefónica que dejó con un buen sabor de boca. Quedaron promesas en el aire: "me enseñarás los básicos de salsa", "seguro comemos al menos un día" y "verás que sí te llamo cuando esté en Morelia". 

Terminó con un "te quiero, Raus" que fue un respondido con su típico y apresurado, "yo también". Pero sé que lo dice en serio. Han pasado ya 20 años desde que nos caímos bien: él dando la cátedra, yo escuchándola. Cómo pasa el tiempo, pero aún así, seguimos conservando esa ya casi pasada de moda costumbre de hablar por teléfono y blablabla sin parar. Me gustan esas viejas costumbres.

jueves, 27 de agosto de 2015

Los wishlist

Debería de estar trabajando... pero véanme, aquí, posteando en un blog que tengo por demás abandonado. Y no es que no tuviera ganas de hablar de mí, qué va, ¿quién es una para no hacer eso? Sólo que de alguna forma, se ha movido el reflector de lugar.

Pero ahora que entré a este sitio, buscando un post que quiero compartir, vi mi "wishlist", otro espacio en donde publicaba ideas para regalos cumpleañeros (y hacerles la vida más fácil a quienes quisieran comprar algo para mí, je).

Supongo que es bueno tener un wishlist, en especial cuando quieres darle un poco de estructura a algo que no la tiene. Por ejemplo, eso de los mapas de vida, las listas de "el príncipe azul", you name it... El enfocarte es bueno, al menos, para descubrir qué diablos te gustaría tener. En la vida, en el auto que deseas...

Pero luego, ¿qué hacer cuando esa lista de deseos no es cumplida? ¿Te desesperas? ¿Dejas de creer? ¿Lloras? ¿Te enojas? ¿Vas a hacerte una limpia hasta de karma, si es posible?

O la cambias.

La flexibilidad is a tricky business, ¿cuánto aflojar y cuánto no?

En mi ya no tan corta, puedo decir que el balance es la vida y sí, la flexibilidad. Terapeutas, chamanes, brujos, profesores y hasta la señora de la tortillería me han dicho que cuando algo no es flexible, se quiebra.

¿Ya se cansaron de romperse una y otra vez?

jueves, 21 de mayo de 2015

Un cumpleaños sin post

He roto con una tradición de hace ya mucho tiempo: el post cumpleañero. Ya ha pasado casi un mes... yo creo que algo sucede después de cierta edad, porque el tiempo pasa volando.
Estamos a finales de mayo  y ni cuenta me he dado.

Ha sido un cumpleaños muy tranquilo, sin grandes expectativas y, como siempre, con velita del pastel.

Pero ahora la pasé tranquilita, trabajando, cenando con las personas que tenían que venir, en la tarde en compañía de mi Cinniberta,

Eso ha sido todo. Nada de lágrimas de agradecimiento ni felicidad, no casa robada, no playa ni sol. Sólo un vestido estrenado, poquísimos regalos, comida rica y un día como cualquier otro.

Supongo, pues, que esto es la vida. Y no me sienta nada mal.

viernes, 3 de abril de 2015

De aquí y allá...

Bueno, han pasado meses sin que yo teclee una letra en este espacio. Y justo hoy pensaba que tenía que hacerlo, ese tema de viajes -ya que hay uno en puerta- me contagia las ganas de escribir.

Y claro, este espacio es perfecto.

Pero, ¿por qué he estado tan desaparecida? Bueno, es que ahora, con el blog "de chamba", http://cristinamendoza.mx/ , me mantengo ocupada, además de que eso de la freelanceada es un arma de doble filo, hay que tratar de organizarse y yo... entre pasear a la dueña de mis quincenas, las miles de terapias, la yoga (¡ya van 8 meses consecutivos!), las series que se me atraviesan y mi súper distinta vida actual, aún todo es un caos. Pero regresemos, ¿por qué de chamba...? bueno, no es que me paguen por escribir en ese blog, no, es porque por mi trabajo, estoy muy expuesta a estas cositas del mundo de la belleza y estilo de vida, por lo que comencé hace casi un año a crear mi propia marca, digámoslo así, en el blog y en las revistas donde colaboro actualmente.

Acá la cosa es más personal. Entonces, asumamos con justa razón que no he andado en el mood de compartir lo más personal.

Pero bueno, quienes me siguen en redes sociales saben que hace casi dos meses me aventuré a compartir mi vida con una almita bella, bella, que me ha cambiado la vida por completo. Cinna. Cinnamon Dulciberta, para ser más formales.

Ufff... ha sido tooooda una experiencia. Me ha enfrentado a mí misma, mis limitaciones, mis neuras, mi estar totalmente perdida y, en especial, con mi gran capacidad de amar. Dice la mamá de una amiga que yo tenía mucho amor para dar y ella mucho amor para recibir y por eso nos encontramos. Cada día me enamoro más.



También me cambié el look, y dirán, ¿¡eso qué?! ... pues después de casi 20 años de no cortarlo tanto, sí que es un evento.


Vaya, ya hasta me creció alguito... je.

Ya empezamos el mes cumpleañero y no puedo creer cómo pasa el tiempo de rápido. Estoy estupefacta. Hace un año no pensaba que vendrían tantos cambios en mi vida profesional y, por ende, en la personal.

He creído, he crecido y creo que ahí la llevo. Sigo impactada por el paso del tiempo, porque la vida se va en un segundo y hacemos de ella un parpadeo o un sueño.

Aquí yo ando, tratando de hacer un sueño.

lunes, 19 de enero de 2015

Aprendiendo a ser diferente...

Vivo en un lugar muy solitario. Y no me refiero al espacio físico, sino a un lugar temporal. Al tiempo.

Aunque parezca difícil de creer, en la escuela era buenísima en álgebra. Para mí, esa lógica de las equis más yes era casi transparente. En tercero de secundaria mis amiguitas iban a mi casa a que yo les explicara mate y por alguna razón, me entendían mejor que al profesor. Les explicaba con mi lógica… ¡que tenía lógica! Recuerdo esas tardes en donde ellas se subían a mi tren; tan bien se subían que alguna vez hasta me rebasaron. Ellas sacaron 10 y yo 8. Eso sucede con los números. Y con la vida.

Soy una hacedora de cosas, una tomadora de decisiones y una ejecutadora de las mismas. Este es un lugar muy solitario, donde a veces alguien se sube a tu barco y a veces no; donde las prisas parecerían abrumar a todos y a ti te abruma la falta de decisión.

Desde mi punto de vista, el pensar las cosas demasiado lleva a un lugar: la postergación. A encontrar otras cosas más importantes o líos que no dejarán que hagas esas cosas. En caliente ni se siente. Dicen. Aunque una decisión no significa ejecución inmediata, en lo absoluto.

Pero mi terapeuta #2 me dijo: que tú tengas claras las cosas no significa que los demás las tengan.
Esa es mi tarea. Entender que cada quien va a su ritmo… pero, ¿cómo ir yo al ritmo de los demás?
¿Cómo se espera? ¿Cómo se “no hace”?

¿Será que siento que si no hago las cosas no suceden?

¿Será que desde muy chica aprendí a ser independiente y esto me ha llevado hasta donde estoy?
O… ¿será que me aferro al lado positivo de mi forma de ser? Porque lo negativo es vivir en un lugar muy solitario, pero lo positivo…

Digamos que gracias a lo positivo sigo viva.

Gracias a esa capacidad de ejecutar decisiones me mudé, con miedo y todo, la primera vez al DF sin tener NADA. Nada. Ni el apoyo económico de mis padres. Gracias a ese hacer he viajado por el mundo y he guardado memorias en mi corazón, como aquel viaje a Vallarta con dos de mis mejores amigas y a 640 pesos el vuelo redondo (porque no se piensa: ¡se compran los boletos!). Gracias a ese hacer me mudé la segunda temporada al DF de un día para otro, sin nada de nuevo. Y me he enamorado y he dejado la piel de la frente en el suelo. Y me he cambiado de trabajo y ahora digo que no a una “estabilidad” económica a la que mi tripa me dice: no. Porque hay que tomar decisiones y las estoy tomando todos los días. Aunque a veces sienta que me falta oxígeno, que no quiero levantarme, que nadie me entiende…

Si no fuera así, seguramente viviría aún en una ciudad donde me he sentido asfixiada. Y estaría casada con él, a quien adoro aún pero que no tenía las alas que yo. ¿Sería feliz? No lo sé, pero no sería la que soy.

Si no fuera como soy, me hubiera perdido de una historia de amor y de fuertes madrazos, en donde con todo y miedo tomé decisiones, muy conscientes, pero fui y lo hice. No esperé a que él hiciera algo (seguramente seguiría esperando).

Gracias a ser hacedora pedí ayuda y quizá por eso estoy aún viva. Si hubiera esperado a que se resolviera solo tal vez no estaría aquí…

Pero tengo que aprender a esperar. Sólo que no sé qué se hace… ¿cómo se espera? ¿Se tejen cobijas y luego se destejen? Y miren que yo ya sé tejer.

Por eso me cuesta trabajo pensar que la gente crea que no hay tiempo… ¡siempre hay tiempo! O que crea que no se puede tener todo, que la vida es sólo sufrir y que para logar algo se necesita de muchísisisisismas horas de trabajo o que sólo a los que tienen buena estrella les va bien.

Pero tengo que bajarle. Entender.

Y sí, es pedirle peras al olmo, no sé cómo hacer las cosas de otra manera. O más bien: cómo no hacerlas. No sé cómo se espera a que el cielo te dé todo, no sé cómo es vivir quieta y sin tratar de disfrutar cada momento. Es que quizá no sé confiar.

No sé qué es  llevarse con calma la vida porque ya voy para los 40 y la vida ha pasado de cualquier manera pero no con calma.

Mi terapeuta me ha dicho: que tú lo tengas claro no significa que los demás lo tengan. Tienes que aprender eso. Lo estoy tratando de hacer… un día a la vez.

Aunque, claro, también me ha dicho: eres una guerrera. Una mujer muy valiente, que no lo deja para después... y eso no cualquiera. Soy una guerrera que se ha agotado y por lo tanto, ha parado.

Sí, es un lugar muy solitario y estoy intentando bajar el paso, pero no prometo nada. 

sábado, 3 de enero de 2015

"¡Mi tía es lo máximo!"

Hace justo un año fui con un don lector de tarot, "quesque" muy bueno, para que me dijera la neta del planeta. Estaba harta, hartísima.

2013 fue un año de muchas pérdidas y estaba no solo rota, estaba en cachitos. Ya no tenía fe, esperanza, estaba molida, desesperanzada y agotada.

Fueron muchas cosas, pero la que quiero compartir ahora es esa, la que brujos, no brujos y la realidad misma me han dicho: estarás sola por mucho tiempo. Sin pareja, pues.

Así que le llamé a don lector de cartas y le dije: necesito verte. Yo solo quería saber si ya de plano sería la tía cool que viaja por el mundo, tiene miles de aventuras y nunca se empareja ni tiene hijos. Quería comenzar a ver ese futuro y empezar a hacer casting del amante ventiañero en cada ciudad. Es decir: aceptar lo que me tocaba y ser feliz con ello.

Don lector, divertídisimo, neto patineto y muy gay, me dijo muchas cosas. Y sí, me dijo lo que muchas personas ya me habían dicho: "Ay, mija, tú de verdad que nomás no tienes pareja la primera mitad de tu vida. Sí, veo algunos galanes por ahí, pero ni una pareja. Y lo peor es que nadie te cree."

Finalmente alguien ¡estaba de mi lado! Había alguien que no me decía "ay, exageras, pero si siempre nos cuentas de algún fulandrejo que anda rondando". Es agotador dar, aunado a todo, explicaciones. 

Ya de plano con mi amiga Maribel tenemos el chiste de que voy a ser muy longeva: "espero no vivr 120 años, porque entonces... ¡no me chingues!" Reímos.

Pero estaba ahí, frente a las cartas y yo solo lloraba en silencio. Me sentí comprendida. Acompañada. Contenida. 

"Bueno, pero la segunda parte de tu vida te veo muy acompañada. Y bien acompañada, así que no te preocupes". 

Salí de ahí un poco más tranquila. En paz. No sé si con esperanza de que se compusiera esa situación del desamor, pero salí en paz.

Nada de lo que me dijo don lector que sucedería en 2014 se cumplió. Nada. Lo más sorprendente es que todo lo que estaba pasando en el momento de la lectura era cierto... detalles específicos y nada predecibles me dijo. Asumo que lo que estaba "en mi aura" era lo que aparecía; pero el futuro es tan impredecible que nomás nada. Me quedé sin chamba. Aumento de sueldo, ja... sin chamba, ¿cómo? Y de los señores ni hablamos.

Pero yo estaba mejor de mi ánimo y así fui sorteando la vida como se iba presentando.

Me di cuenta que ya no estaba enamorada de esa persona de 2013 y dejé ir, deseando que encontrara a alguien como para él, porque yo, al menos en ese momento, no lo era.

Y me dediqué a lo mío, a ver por mí. A atender mi evidente depresión, a cuidar de mi día a día. 

En ese cuidar en el día a día hay un sonido que jode mucho: el sonido del reloj biológico y que va de la mano con lo de arriba: ¿quiero ser mamá? De ser así, no tengo mucho tiempo para pensarlo. Pero... lo ideal -al menos para mí- sería tener un bebé con alguien, yo sola... como que no me veo haciéndolo. 

Así que el tic tac y la realidad me venían a llamar en las noches, a veces a grito pelón "arrrg, quiero un bebé" y otras más sutilmente "¿cómo sería ser la mamá del hijo de..?"

Y así fue pasando el año, de manera mucho más tranquila que el anterior. Atendida, drogada y terapeada. Pero algo era constante: mi acercamiento con mis sobrinos. 

Sin darme cuenta, he sido una enamorada de mis sobrinos. Lo mejor del caso, es que ellos me quieren. De verdad les caigo bien.

Hoy, mi amiga Mariana estuvo en mi casa desayunando. Hablamos anoche y sus cachorros ya estaban boleándose los zapatos para venir a verme, emocionados. Ayer por la tarde, mis sobrinos (que acabo realmente de conocer) tampiqueños, peleaban por sentarse junto a mí y el güerejo decía "wuuuuaaauuuu, mi tía ha ido tres veces a Nueva York y dos a París". De camino al aeropuerto, "es que ya te vas a ir y va a pasar un año enterito para volver a verte". Y yo pensaba: "sabrá dios si nos vemos en un año, no tengo idea, mijo". Y me dejaba inundar por su cariño, por esa mirada brillante y feliz cuando jugábamos cartas. Por los abrazos, por su cama cedida, por el correr a abrazarte de Isabella y por el skipping de Celes por las calles. Por sus vocecitas cuando me dicen "tía" y me derriten. Y me doy cuenta de que ser tía es lo máximo. Que quizás es lo mío. Y sí, tal vez seré esa tía cool, con el amante de 25 (firme y bueno), que viaje por el mundo y que traiga anécdotas de cuando la policía me detuvo en Bruselas o cuando subí el glaciar en la Patagonia.

Ahora ya no voy a que un don lector de cartas me diga mi suerte; ahora, voy con un terapeuta nuevo que me dice por qué hasta la persona que más me quería y que supuestamente no me lastimaría terminó yéndose sin dar explicaciones (amiguitos, neta, tengan un poco de madre y no lo hagan. Se siente re gacho). 

Ahora me cuido a mí misma y no doy por hecho que tooooodos los hombres son unos cabrones (muchos, hay que decirlo), sino que me vi y dije: "a ver, María Cristina, el mundo entero no puede estar mal, ¿por qué atraes a estos hombres que confirman la creencia. Es momento de cambiarla". 

¿Hijos? No lo sé. El tic tac sigue sonando y me encantaría ver a mi papá cargando a un hijo mío, que Adriana y Liber sean mis niñeras... claro que me encantaría. Pero, ¿sola? 
Si llega el hombre que tenga las suficientes ganas, los suficientes huevos (porque se necesitan muchos para estar conmigo) y la suficiente paciencia, en una de esas les doy la sorpresa. Pero si no, tal vez en un tiempo me anime y adopte alguno y ahorre para ir a un banco y tome el pececillo de algún desconocido (es lo más sano, así no le das explicaciones a nadie). O no, o quizá me quede con esa frase maravillosa de esos niños, adolescentes que dicen emocionados "mi tía es lo máximo". 



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Pase usted, 2015

Es inevitable: un ciclo se cierra. Ya sea de manera social, lunar, energético o vaya usted a saber, pero siempre es bueno hacer el corte de caja.
Este 2014 se termina y con él se lleva muchas cosas. Sí, se lleva. Hay que dejar que se lleve porque no hay cuerpo que aguante tanto peso, tanta carga.

Por eso, cada ciclo terminado debería de cerrarse bien y ¡listo! Quedarnos sólo con lo aprendido y dejar atrás eso que ya no sirve. Y hay tanto que no sirve.

Ya no sirven esas cartas que no se mandaron, esas palabras que no se dijeron. No sirve repasar mil veces en tu cabeza por qué hiciste tal cosa o por qué no funcionó. Tampoco sirve el autocastigo o el juicio agotador y menos el control desgastante y frustrante.

Ya no sirven esos arrepentimientos por acciones que se hicieron y perdones que no se pidieron, menos aún conversaciones ensayadas frente el espejo o discursos repasados. O qué decir de venganzas planeadas y castigos deseados.

No sirve la ropa que tenemos dos años sin usar ni los aparatos que no sabemos si aún pueden funcionar.

Pero más que nada no sirven esas lágrimas contenidas, hay que dejarlas sanar; el corazón herido con mucho por perdonar. El corazón refugiado tras barreras tampoco sirve, las ganas de huir de la felicidad y menos aún la aparente comodidad de una situación que ya no nos hace feliz.

La infelicidad no sirve, el sufrimiento no sirve; el repetir patrones sin aprender o sin abrir los ojos para ver, no sirven.

¿Los malos entendidos que se quedan sin hablar? ¿Esos para qué sirven?

Las amistades perdidas, las rutinas aburridas, las rupturas a lo wey. Las promesas que se mantienen por "deber" y las poses... ¿esas qué?

Sirve ver para adelante, decir ahora lo que se siente. Sirve cambiar de opinión y de ruta, pedir perdón y decir gracias.

También sirve cambiar de corte de pelo y hasta de dirección. Sirve pedir ayuda y decir "no puedo". Sirve alejarse de la gente que no suma y solo resta, aunque haya que sobarse el corazón. Sirve usar curitas en el corazón y ver películas lindas mientras pasa el mal sabor.

Sirven las carcajadas y rodearse de niños. Sirve ponerle límites a los niños para que crezcan seres íntegros y seguros, honestos y generosos.

Sirve conocer nuevos lugares, pisar nuevas tierras, volar nuevos cielos y soñar nuevos sueños.

Pero también sirve retomar sueños y regresar al origen.

Se vale tomarse de la mano o apoyarse en alguien mientras se toma fuerza. Sirve decir que NO cuando es debido y que SÍ en el mismo caso.

Da igual lo que sirve y lo que no sirve a estas alturas, creo que lo que importa es no darle la espalda a esa oportunidad de ser feliz y no olvidar que la vida es tan corta que cuando acordemos estaremos cerca del cuarto o el octavo piso, nos veremos con amigos y amores y nos preguntaremos: ¿recuerdas ese 2015 que fue el inicio del resto de nuestras vidas?

Así es como yo lo quiero recordar.