Y también me comentaba que sí, también lo había hecho: había aplicado la regla de desaparición inmediata.
Ayer veía Friends, un añejo capítulo en el que Chandler comienza a salir con la jefa de Rachael, a quien no aguantaba… pero no podía evitar decir “esto fue divertido, te llamaré para que lo volvamos a hacer”. Por supuesto que si hubiera sido cualquier hija de vecino hubiera ejercido su gran derecho a la desaparición… pero no, era la jefa de su amiga, por lo que tenía que volver… y volver a decir la misma frase que odiaba.
Rachael le preguntó: “¿Por qué no te puedes despedir y decir buenas noches, mucho gusto?”
Ah… ¿será esa una de las reglas de desaparición?
REGLAS BÁSICAS CREADAS EN UNA NOCHE DE INSOMNIO –O DESMADRUGADA MAÑANA-
Yo creo que la básica es mostrar gran interés ante la individua (o individuo, si usted es gay) antes de volar.
La segunda regla sería: no conteste ningún mensaje, correo electrónico y mucho menos llamadas –aunque esta puede resultar tricky, pase a la siguiente regla- de nada que parezca similar al celular o e mail de doña acosadora (pongámosle nombre a la individua). No importa si es un “¿Cómo va tu día?” o “Quisiera volver a verte”… no importa qué tan íntimos sean… ¿entendió? Haga como que sufre de cogelamientus dedus.
La tercera, es delicada, ponga atención. Tal vez lo agarren con la guardia baja y responda una llamada… entonces usted debe de ocupar las siguientes palabras (anote si es necesario) “Hola preciosa, ¡qué milagro!”… lo demás, tendrá que improvisarlo. El punto es que le haga sentir que “ha estado tan escondida y usted tan ocupado”. Puede ser que sea cierto (recuerdo un caso en específico, de mi amiga y el tocino)… puede ser que en su vida no haya nada más allá que la chamba. No importa si no es el caso, usted finja demencia. Prometa llamar pronto. Ante todo sea dulce y agradable.
La cuarta regla es: no cumpla la regla anterior, es decir, no llame. Y si doña acosadora vuelve a insistir, realice exactamente lo mismo que se estipula en la tercer regla.
La quinta regla es: piense las cosas cuidadosamente… si al final se da cuenta de que la muchacha en cuestión sí le interesa, no se preocupe, búsquela. Tendrá todo el derecho de indignarse si después de un año ella no se acuerda de usted, “¿¡cómo podría olvidar a alguien como yo y si todavía no pasa un año?!”
La sexta regla es: envíe un correo electrónico –ah, siempre guarde las direcciones… por si acaso…- diciendo lo mucho que la extraña… o al menos tocando base.
Seguramente la séptima regla será sentirse ofendido porque ella se ha desaparecido, ¡no contesta! “¿¡cómo se atreve?! ¿Qué no sabe qué partidazo soy?”
¿Las mujeres ejerceremos estas reglas tan comúnmente como los hombres?



