Supongo que no soy la única que siente un pesar extraño por la muerte de
Mario Benedetti. También asumo que éste no es el único texto que se referirá a “la pérdida” del escritor Uruguayo.
Pero quiero relatar por qué mi
hermano O. me contactó por el Messenger sólo para avisarme de su muerte, o por qué
mi madre me manda un mensaje de pésame; por qué
Tarus me pregunta si también me encuentro con ánimo nublado, justo como ella.
Según leí alguna vez, es (porque sigue y seguirá siendo) uno de los pocos escritores que se han aventurado a crear en casi todos los
géneros literarios Sus letras
han sido cantadas, en nuestra juventud universitaria es totalmente forzoso que cualquier mujer que se precie de ser “romántica”, recite “Táctica y estrategia” de principio a fin. Los admiradores del Sub Marcos saben que "El Cumpleaños de Juan Ángel" es un básico, y los demás que "Pedro y el Capitán", no es la mejor forma de empezar a leerlo. "Quién de nosotros" podría ser olvidable, mas no "La Tregua" ni "La Sirena Viuda". Ah, claro, y latinoamericanos nos unimos para celebrar que Benedetti recitara en alemán en la cinta “El lado oscuro del corazón”. ¿Quién no se imaginó el exilio, la tristeza del exilio cuando lo leíamos? ¡Y hasta aprendimos que Montevideo era la capital de Uruguay de una forma fácil y poética!
En la uni un gran maestro nos acompañó por dos años. Nos daba apreciación literaria y géneros periodísticos; cubano, altote, guapote, gritón. Si nos sentábamos en las primeras filas corríamos el riesgo de quedarnos sordos. Con todo y eso, el gran maestro cubano tenía buenas formas de enseñar.
Así, organizó una velada literaria en su hogar.
Él vive en una casa estilo mexicano en uno de los puntos más altos de Morelia. Una casa hermosa, con una terraza de sueño que nos recibió en más de una ocasión.
Esa velada literaria incluiría mojitos realmente cubanos, a Sabines, Benedetti, Girondo y, supongo, Galeano. No recuerdo a quiénes más.
Nos dividió en equipos y nos puso a hablar sobre la obra del poeta que nos había tocado. Como imaginarán –si llevan un tiempito leyendo este blog- mi equipo era formado por niñas estudiosas y ñoñonas, creativas y que les preocupaba la tarea.
Por lo mismo, inventábamos ideas para exponer de forma divertida, y cuando el papelito que decía Mario Benedetti nos tocó, nos dimos cuenta de que sabíamos muy poco sobre él.
Bastó unas cuantas lecturas para enamorarnos de ese viejito arrugado, con dulce mirada y que emulaba al perfecto abuelo.
Entonces, creamos una entrevista ficticia, en donde él respondería a nuestros cuestionamientos sobre la vida a manera de poesía. El papá de B. nos hizo favor de grabar en un kct (¿¡había otra forma?!) las preguntas y, entonces, prepararíamos el escenario.
En casa de don maestro cubano, colocamos una silla, con un paraguas antiguo, un sombrero, una gabardina y creo que una de nosotras se sentó a entrevistarlo (oh, esta memoria que me falla). Las otras estábamos al pendiente de la grabadora, para apachurrar con hartas fuerzas el botón duro del “play”.
Una a una las preguntas iban fluyendo, mientras imaginábamos a don Mario hablándonos en voz del papá de B.
Por supuesto fue algo que se quedó con nosotros para siempre. Así como él, el escritor.
"La Tregua” fue el primer libro que me hizo llorar. Con kleenex y todo. Gracias a él conocí a Ocwi, Chepibe (y por ende, a Evita), a la Morocha Lau, a Álvaro Sevilla, a Antonio Málaga; a tantos personajes primero cibernéticos, luego de carne y hueso que marcaron mi vida.
Por eso, Mario Benedetti estuvo, está y seguirá estando presente en mi vida. En mi librero de la sala en un Inventario autografiado, en una edición de lujo de poemas y fotos suyas en Uruguay; en papelitos de la escuela, en el recetario de 1080 Recetas de Cocina de Simone Ortega. En el cubano que acompañó a mi madre en épocas muy duras, en una casi propuesta matrimonial, en las caminatas en el parque del Buen Retiro; la Alhambra de Granada, los besos sevillanos, las tardes lluviosas de Coyoacán, en StoneHenge bajo el agua, en París a pata.
En cada historia, hay huella de él. Por casualidad, por coincidencia, por necedad, ese viejito se queda conmigo. Y con muchos. Él, es incontable, como su mundo.
“No vayas a creer lo que te cuentan del mundo
en realidad el mundo es incontable
en todo caso es provincia de ti
no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
aun los que te aman mienten sobre
probablemente sin saber que mienten
en la vigilia te sentirás lejano
testigo de tu mundo desde el mundo
sin nubes de tu aliento en los cristales
la humareda del hombre se elevar en la noche
y no sabrás de donde viene el fuego
pero la expectativa te volver humilde
en el mundo el abismo es un oficio
las preguntas en vano / una vieja costumbre
los desatinos / marca de abolengo
no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
(ni siquiera esto que te estoy contando)
ya te dije que el mundo es incontable.”
MB