“Celes en otra vida fue una
Nereida”, me dijo Sarita con la gran sabiduría que dan los 7 años. Yo intenté ocultar mi cara de ignorancia, porque, cómo podría evidenciar que no tenía la más remota idea de lo que hablaba.
Mi sobrina tiene algo por el agua. Yo diría que es una sirenita, pero entonces Ixe o Sara me verían con asombro (o quizás desaprobación) y dirían “No, las sirenas eran muy feas, en cambio, las nereidas eran hermosas”. Y Celes es hermosa, claro,
poderosa, igual que esas musas mitológicas del agua.
Este fin de semana fue maravilloso. Regreso a DF con la misma sensación que la que tengo después de mis talleres de San Miguel de Allende: viendo el cielo de otros colores.
Pude ver que estoy cosechando (y no precisamente en la Granja de
Facebook), muchas cosas que he(mos) venido sembrando desde hace tiempo.
Tenía dudas de moverme en estas fechas, precisamente el fin de semana de Luna llena, con mil eventos en Ciudad de México. Pero en el fondo yo sabía que tenía que ir a
Querétaro.
Me gusta mucho ese lugar; la energía es muy distinta a More o a Chilangolandia, el centro es tan pateable (o bikeable), la comida deliciosa…. Y el calor inmundo, pero bueno, eso lo ignoramos si usamos dos kilos de desodorante y ropita fresca.
Hace sólo unas horas estábamos viendo videos mensos en YouTube dentro de la casa de la familia de mi cuñada cuando escuché que alguien dijo: “No puedo creer que en un día tan bonito todos estén pegados en la computadora”.
Tómela. Me asomé y vi a los niños en la alberquita jugando, y a mi hermano y mi cuñada jugando “gallito”.
Cómo pude olvidar lo divertido que es “jugar”. Me pasó su raqueta mi cuñada y… fueron puras carcajadas. ¡Cuánta diversión me estaba perdiendo por no dejarme fluir con los niños!
Ver a Celes tomarme de la mano al caminar por aquí y por allá fue… MARAVILLOSO; que viniera y me picoteara la panza y las bubis para entender qué eran los fantasmas y rayitas de mi playera, que me jalara del pantalón para que la subiera a mis piernas y que le pasara su canción favorita de Hi5 en la compu, o que exigiera con gruñidos que le diera más papas adobadas… me puso los pies en la tierra. Me conecté con una parte de mí muy maternal (hacia mí y hacia fuera).
Hasta el chateo estuvo hilarante, la subida en moto, las crepas de machaca, el café en Starbucks, mi hermano siendo un GRAN padre, la ensalada en restauranteenavenidabonita, el mirar los planetas, la cucaracha aplastada en la pared, la conjunción de Venus con Venus (¡hace sólo una semana y yo en Babaria!), los piropos sin entender, las pocas compritas, los edredones casi iguales, la terapia regresiva, el encuentro con Él, la creación de realidad de película en Escocia y de Friends… el llegar a casa.
Un fin lleno de amor.
¡Qué buen fin!