Cuando era niña quise ser muchas cosas cuando fuera grande. Sí, maestra y doctora pasaron por mi cabeza, por supuesto. Claro que quería ser muy famosa, cantar como los ángeles y ser artista de televisión (¿de qué más?). Gracias a la influencia de mi prima Claudia, era fans de Lucerito (jajajaja) y por supuesto que Timbiriche era parte de mi vida y nosotras seríamos algún día descubiertas por algún cazador de talentos.
Lo que hacíamos con mi amiga Marce era grabar casettes y hacer entrevistas en donde pretendíamos ser artistas, todo entre juegos de Barbies y saltar la cuerda (y fuimos campeonas estatales de salto de cuerda porque éramos realmente buenas y me enorgullece mucho decirlo).
Un poco más grande, como en sexto de primaria, bailábamos y soñábamos con ser famosas (siempre éramos famosas, con premios incluidos, course) bailarinas. Erika, Karlita y yo, ensayábamos por horas frente al espejo gigante de la sala de aquella hermosa casa del Boulevard García de León.
Erika es realmente buena en el baile, entonces yo era la directora del video y ella la artista. Mi papá tenía una cámara VHS y yo la usaba como la más experta de la familia (supongo que bastante mal). Esos videos valdrían muchos pesos ahora, je, no sé dónde quedaron…
La constante era la grabación, de audio y video, y entonces debí verlo venir. Pero no, seguía pensando en otras cosas. Fue entonces que el diseño de interiores me llamó la atención.
Así seguí hasta la prepa, cuando en primer año me hablaron de la Comunicación. No sé por qué, pero me llamó. Llegué a la universidad pensando que cuando fuera grande (ya en unos 4 años más, en ese entonces), sería comunicóloga. El diseño, podría esperar.
Luego, juré que sería directora de cine. Ese gusanito estuvo una larga temporada conmigo, que se diluyó cuando trabajé en mi primera película en serio.
Siguió la fotografía, claro, yo era la fotógrafa que México esperaba. Tomé más cursos y más fotos cuando anduve de pata de perro y regresé al país pensando seriamente en dedicarme a eso; exclusivamente a estar detrás de una cámara y hacer clic clic.
El gusto me duró poco, pues me di cuenta de que en la ciudad que había elegido vivir de nuevo (More), no había mucho futuro en eso. Así que exploré más aspectos de la comunicación.
Y ahí sigo, experimentando y averiguando qué quiero ser, ahora que soy grande, pero realmente fascinada con esto de la escribidera y la merca. Y a veces me dan ganas de volver a preparar cafés y realizar trabajos que no exigan horas extras ni preocupaciones mayores.
Por eso mismo, la señora que me quería vender un seguro de retiro, no me creyó cuando afirmé: yo me retiraré a los 40, si no es que antes. Sí, porque entonces, ya grande, haré lo que vengo haciendo, pero diferente. Mientras llega ese momento, aprovecho al máximo las oportunidades y trato de aprender cada vez que se pueda.
Ahora que soy grande ya sé qué soy: una persona en búsqueda constante. Alguien que aprende y sueña con lo que está siendo y haciendo ahora que ya es mayor.


