Virus del Papiloma Humano, ¿es cáncer?
-
Un tema de actualidad es el famoso Virus del Papiloma Humano (VPH),
recientemente se lanzó al mercado una nueva vacuna para este espécimen,
pero ¿Qué ...
¿Cómo sería vivir con una suicida? Y no me refiero a una persona que esté constantemente amenazando con quitarse la vida o que crea que su existencia es tan trágica que sólo hable de matarse, no no no, una suicida-suicida, de las que sí lo intentan una y otra vez. 14 para ser exacta.
Nora quiere estar bien pero la realidad es que no lo está (ni lo ha estado nunca)… tiene un hijo, una vida tranquila, pero después de su divorcio nada volvió a ser igual y a pesar de los años mantiene un lazo importante con su ex pareja, José.
Lo que me gusta de las películas francesas es que nos cuentan una historia; en realidad no importa demasiado en dónde se realiza, quizás los lugares son poco identificables, incluso hay veces que los escenarios son pocos y hasta los personajes contados con la mano. A veces no hay dramas intensos, tragedias o miserias, hay una historia.
Hace poco, viendo Historia de Familia (del Tour de cine francés), pensaba en eso: ¿en México no existen LAS HISTORIAS?
No soy autoridad ni mucho menos, porque además tampoco he visto muchas cintas (ni nacionales ni internacionales) este año, pero a veces el sólo leer las reseñas me causa flojera.
Pero existen filmes como Párpados Azules (los protagonistas vuelven a compartir créditos en esta ocasión), Lake Tahoe y Cinco días sin Nora que nos dejan una sensación peculiar al final. No es la misma, hay que decir; en Párpados, por ejemplo, reía y lloraba de un momento a otro y al último sólo pude decir “tsssss… qué fuerte”. Ahora no, ahora salí con una gran sonrisa en el rostro y los ojos un poco empañadas.
Cinco días sin Nora es una película llena de amor, de verdad, de risas, de dudas, de mezclas de culturas… de personajes creíbles y humanos; sin malos-villanos, con prejuicios, juegos de poder, verdad, dudas y costumbres.
Los personajes principales, un afectado José y una ausente pero presente Nora, son seres de carne y hueso, que sienten, que piensan que se contradicen una y otra vez, ¡igualito que cualquiera de nosotros! Eso, señores, se agradece.
¿De qué va la película? Bueno, pues finalmente Nora logra su cometido: muere. Como una buena suicida, deja todo fríamente calculado, todo preparado y al pobre de José le toca la chamba de arreglar los detalles para el funeral mientras llega su hijo que está fuera del país. A pesar de no querer hacerlo (¿por qué habría de hacer… una vez más… lo que ella quería que hicieran?), no dejará a su hijo solo… y menos después de descubrir un secreto de su ex, que si bien ya no le tendría que afectar sí le deja una gran duda en el alma.
La directora Mariana Chenillo nos regala una cinta (¡su primera!) que no hay que perderse. Por eso mismo corrí a escribir, ya que cuando fui al cine… ¡éramos cuatro personas en toda la sala!
Así que vayan a verla estos días, ¡no se van a arrepentir!
Más cine…
Y bueno, pues arranca el Festival de Cine de Morelia, obviamente los organizadores no consideran que las personas que cubrimos desde internet somos un medio serio, por lo que no obtuvimos pases de prensa. Así que no habrá mucho seguimiento este año, ni modo.
Pero si tienen oportunidad de ir, cuéntenos qué tal están las cosas por el terruño. Me daré una vueltita nomás de rapidín.
Sé que he sido una terrible bloguera, porque no he pasado por sus hogares a leer y comentar como se merecen, sólo que la vida no me da, no me alcanza, pues.
Tengo tanto que contar y tan poco tiempo y ánimo de escribir, que se las debo.
Pero les digo que quedamos en primer lugar en la votación, por lo que pasamos (y hablo en plural porque todos me ayudaron) a la final. Ahora queda un reto más que no sé bien de qué será.
Ya me siento en Reality Show. Llame ya, 01800Latisrules.
Gracias a todos los que votaron, ¡¿ven cómo sí sirve su colaboración?!
Ya me voy a poner sentimental, entonces mejor los dejo por ahora.
En Ciudad de México no dejan de pasar cosas tristes y bizarras. En el mundo, pues. El viernes quedé atrapada en el metro por un buen rato. Nunca tomo esa línea pero ahora “por elegir el camino más seguro”, decidí ir por la ruta larga a casa de una amiga. Llegué tarde y con novedades. Me dijeron que hubo un tiroteo. Todo el fin de semana y los noticiarios de hoy en la mañana estuvieron llenos de imágenes del acontecimiento y yo que me rehusaba a verlas. No, que yo cuido mucho a mi niña interna.
.
También nos enteramos de una lamentable pérdida, una tragedia en la familia de una de mis más cercanas amigas. Desde varios puntos del país nos acercamos mentalmente a ella y le mandamos amor y bendiciones, para que pueda transitar esta pena de la mejor forma.
.
Tanta cosa nos hace volvernos grinchs (que no nos cuesta nadita de trabajo) o mejor ver el lado positivo y hermoso de la vida.
Y bueno, opté por lo segundo.
Algunos de ustedes sabrán que realicé un casting para conducir una cápsula. Este evento fue celosamente guardado por mí, mi director/editor/asesor/amigo/rumi, la comadre Jane y Karlita, apoyos moral y de ensayo de las notas. Nadie supo, la verdad es que quería guardármelo para mí y más cuando era mi primera vez haciendo algo así, pues no sabía lo que podría resultar.
.
Todo terminó siendo realmente divertido y francamente retador, pues no soy experta en ninguna materia y es mi primer trabajo de este tipo, generalmente estoy detrás de cámara o del monitor. Por eso mismo no publiqué la liga en este espacio.
.
Pero lo bonito, y el punto de este post un poco dramático, es que todo esto de la votación se convirtió en una especie de campaña política en donde sentí el cariño y apoyo de muchísima gente.
.
Ha sido increíble ver los posts de amigos bloggers pidiendo apoyo para mí, una persona que en casos ni conocen o se encuentra literalmente a kilómetros y kilómetros de distancia. Mis amigos y colegas de Argentina y Chile se unieron a la votación y entre mails y entradas de sus propios blogs me brindaron mucho más que votos. Gracias.
.
Amigos twitteros también hicieron una campaña, más amigos hicieron lo propio en el Facebook, y me encantaba ver las respuestas de los amigos de ellos que decían que sí votarían pero que quién demonios era yo. Je.
.
Mis hermanos, mis primos, ¡mis tíos Raúl y Neto!, mis papás, mis colegas; amigos bloggeros, no bloggeros, maestros, alumnos, conocidos, ciberconocidos, gente que ni habla español, todos se han unido y me escriben preocupados preguntándome que por qué ya no pueden volver a votar, que qué sucede. (¿Y qué tal el brand activation y la camiseta de "vote por mí"?)
.
La verdad es que todo este movimiento me hace darme cuenta una vez más la maravilla de la tecnología, que si bien puede generar problemas de comunicación puede unir a la gente y hacer sentir lo afortunados que somos porque ya no hay muros, ciudades, fronteras; no hay separación de culturas, edades o idiomas. Chale, qué cursi sonará esto, pero el amor es universal.
.
Y todo esto nomás porque la niña es workajólica y quiere esta cápsula. Chale (again), qué afortunada soy.
Gracias a todos, me he sentido realmente amada. Aunque escurra miel este post y algún troll grosero diga cosas, hoy quiero decir Gracias. Yo también los adoro.
. P.d. ¿ganaré, no ganaré? No lo sabemos, pero por lo pronto me siento choncha choncha, feliz.
El partido comenzaría a las 8 y nosotros entramos faltando cinco minutos. Era raro que hubiera muchos policías por ahí y que todos estaban vestidos de blanco con azul… total, pensé yo, así se ve en la tele.
.
Mi amiga y yo, como buenas chaparras somos, nos pusimos hasta el frente, donde había mucho lugar, todo junto al famoso Nicolás, un guerote ruidoso y que armó la porra de Honduras todo el encuentro.
.
Justo ante nosotros había una reja y un par de granaderos, además de personal de seguridad del estadio. Elo y compañía se prepararon con sendas cervezas de a 60, baras baras, y sus cigarros. Yo, con cámara en mano, no podía parar de tomar fotos.
.
El estadio estaba casi lleno. La gente sonaba francamente animada, era como un rumor extraño… sí, un rumor deportivo, desconocidísimo para mí. La playera del hombrecito que se sentaba justo en la última fila del lado “mexicano”, me llamó la atención y sólo pude pensar “tan feo el Cuauh”.
.
Unos minutos después, varias hormiguitas sacaron las banderas de los países y creo que se entonaron los himnos nacionales. Digo que creo porque el sonido estaba de la patada y sólo escuchábamos un brrr bbbrrr brrrr, muy parecido al de la maestra de Mafalda.
.
Elo llevaba una banderita de México debajo de la blusa y yo, a esas alturas, ya casi estaba afónica de lo alto que tenía que chismear con mi amiga. Sobra decir que esos cuatro ojos femeninos recorrieron lo más cercano para reconocer el terreno. Ah, con que esto es el futbol.
.
Inicia el partido. Ah, ira, que cuadradísima se ve la cancha, veeerde verde. Aburrido… aburrido. Zzzzzzzzzzzzzz…
.
No fue el mejor partido que ha dado México, pero yo seguía entretenida, sobre todo con Nicolás y sus porras “¡¡¡¿A qué vinieron, hijos de puta? Honduras, Honduras!!!”, animaba a todos y sí, lo seguían gritando con ganas. Los vecinos mexicanos preferían divertirse mentándonos la madre a cada oportunidad y Elo y yo que no sabíamos ya si éramos de acá o de allá. Rarísimo.
.
Pasó todo el primer tiempo y lo más trascendente fueron las agresivas mentadas de madre de los mexicanos a los catrachos. Para hacer honor a la verdad, los paisanos dejaron ver una vena más agresiva en las tribunas. Por ahí luego leí que alguien rompió un cristal de los cuartos y no sé qué más, pero lo que se vivió en tribuna fue eso.
.
Don policía, vestido con chaleco antibalas, casco y escudo de granadero, nos cuidaba de cerca, a mí me late que se las sabe ya de todas todas. Un chamaquito flaquito la hacía de seguridad y él nos contó que la verdad es que sí han reforzado el asunto porque las cosas se han puesto “feas” en algunos partidos anteriores.
.
Yo me preguntaba cuánto podría hacer ese joven ante una multitud con ansias y actitudes más animaloides que humanoides. Aunque suene feo, así es. Ok, reconozco que me falta la sangre futbolera y que no grito como se debería (quizás haya sido lo “emocionante” del partido), pero me dediqué más a observar todo lo que sucedía a mi alrededor en lugar de estar al pendiente de lo que sucedía en la cancha… total, ni las piernas se aprecian desde acá.
.
Entre todo lo que pensé estaba: ¿cuánto se meterán de lana por cada partido? Imaginen, nuestros boletos nos costaron 400 pesos… ¡400!, por… miles y miles de sólo esa zona, más los de más abajo… échenle suma y verán que es una cantidad ridícula. Obviamente los gustitos para comer se llevan otro tanto: que si la sopita Maruchan, los cacahuates, la pizza Dominos, las papas Barcel, la chela de a 60, las aguas que parecen recogidas por monjas ciegas en un convento de los Alpes Suizos, los cigarros y demás monerías. Sin contar con los atuendos oficialmente piratas que se distribuyen en todo el estadio. Money, Money, Money. Uta, a ver cuánto dura el gustito, yo pensaba, pues esta mañana anunciaron más impuestos ahora “porque el niño se nos ahogó y la clase media se chinga” y luego quesque ya tenemos terroristas secuestra aviones en el país. Hasta parecemos país de primer mundo, con todo y aeronaves secuestradas.
.
En esos pensamientos estaban cuando… ¡penal! Ay nanita. Los monos de enfrente comenzaron a ponerse rudos con nosotros. “Ahora sí, hijos de puta, se la van a pelar”, gritaban mientra aderezaban tan fina expresión con movimientos extraños con sus deditos. Quién sabe qué habrán querido decir.
.
Esto se va a poner bonito, pensé. Así que saqué la elocámara y prendí. Lista para anotar… digo, para disparar. Dicen que fue Cuahtémoc Blanco el del gol, no supe bien, sólo logré tomar imágenes de estos señores comenzando la agresión. Se aventaban contra las rejas, gritaban, mentaban la madre… y fue cuando empezaron a volar objetos no identificados e identificados sobre nosotros. Una lluvia de cerveza nos cubrió, botellas de cocacola llenas de agua volaban, ¡hasta desodorantes vi caer! Sólo sentí que mi amiga detuvo mi instinto reporteril y me jaló hasta abajo, detrás del escudo protector de oh, san don-poli-granadero. Pasaban los segundos y ni a quién le importaba lo que sucedía en la cancha, aquí, lo de hoy lo de hoy, era chingar a los hondureños, ¡carajo!, que no me ven la cara de mexica. Pero ahí estábamos mi amiga y yo, haciéndonos más chiquitas detrás del valiente morenazo que nos cubría sin moverse mientras sus compañeros quién sabe qué harían. Elo y yo, nos tomábamos fotos y sentíamos cómo nos caían gotas de cerveza de los vasos de a 60 pesos.
.
Extrangias estaban empapados, sus cabellitos escurrían mientras, sentados, no sabían qué hacer. El güero se quería madrear a algún paisano y el gemelo de Raúl Mejía (Buenas Tardes), le hacía segunda.
.
El partido continuaba, pero sí, la emoción estaba aquí y yo en medio de todo.
.
Poco a poco regresaron a los suyo los amables agresores y el personal de granaderos nos subieron gradas más arriba. Entre más lejos, menos los alcanzan. Estábamos rodeados por miembros de seguridad y granaderos que con sus escudos no dejaban a nadie entrar o salir del pequeño guetto centroamericano en mi propio país. Por ahí otro paisano, con playera de la selección, nos topó. “¿También eres cancha neutral”, preguntó Elo. Y nos contó que su novia y suegra eran hondureñas, por eso estaba ahí.
.
Fin del partido. Ganó México. Sí, mi amiga y yo estábamos contentas. Los cientos de hondureños no tanto, ¡tan caro el viaje y para esto! Hablaban de un tal Rey David que nomás no había hecho nada y al final reconocieron que habían jugado tan mal, que ni había valido la pena mentarle la madre a los locales.
.
Por supuesto tuvimos que esperar un rato para salir, siempre rodeados. Cuando nos dieron luz verde, tuvimos que ir casi en fila india, ¡que yo me sentía como en desfile de circo por las calles!
.
De ambos lados nos flanqueaban los granaderos y todo mundo hablaba con tonito extranjero. Las mentadas de madre y más objetos voladores seguían cayendo. Así llegamos hasta los autobuses de las agencias de viajes. Éramos pocos los que quedamos abajo. Todo el tiempo efectivamente custodiados por los granadero.
.
Nosotros tendríamos que regresar y encontrar dónde demonios vivía Jesús, dónde estaba la elo-movil y Nicolás sólo decía… “No, es que nos van a linchar si nos vamos por el estacionamiento”.
.
Como soy muy valiente, lo tomé del brazo y le dije: no te preocupes, vienes conmigo. Entre charcos, ropa manchada y cabello aderezado con cerveza, dejamos el estadio Azteca atrás.
La primera vez que fui al Estadio Azteca fui a ver jugar al América contra el Boca Juniors. Yo iba con un amigo mexicano y un grupo de argentinos. El estadio estaba lleno, tanto, que, como llegamos tarde, no alcanzamos lugar. Nos quedamos parados por ahí un rato y al final (ante el triunfo del equipo sudamericano) nos fuimos antes de que saliera el tumulto de personas. Obviamente los argentinos festejaban poco discretamente.
.
Este miércoles volví al Azteca, muchos muchos años después de ese encuentro.
Quienes me conocen saben muy bien que no sé nada de deportes y que si me paro en un estadio o cancha, es porque algo bueno sucedió: tengo chamba en el torneo (LPGA, por ejemplo) o alguien me invitó y no pude decir que no.
.
Ahora no fue la excepción. Todo comenzó un día antes del encuentro mientras chateaba con mi amiga Elo. Antes eterna viajera, vivió un tiempo en Honduras en donde hizo buenos vínculos de amistad que a través del tiempo me ha heredado de alguna forma. Los extrangias vendrían a apoyar a su selección y les sobraba un boleto, “¿quieres venir?”, me preguntó… y no pasaron ni 2 segundos antes de obtener mi respuesta: “Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…”
.
La verdad es que lo poco que conozco de futbol tiene que ver con la selección nacional (y no cuenta para nada, que alguna amiga conoce de cerca a un par de integrantes del equipo, nononono, no confundir, si nosotras nunca hablamos de hombres). Así que sonaba a un plan: miércoles por la noche, estadio al sur de la ciudad, amigos viejos y nuevos… lluvia… mucha lluvia, largas distancias y hartos hombres guapos, ¿qué podría salir mal?
.
Con mi enorme ignorancia de plano pregunté si “íbamos del lado de los hondureños” o cómo era el asunto, pues en alguna ocasión (y casi por error) he visto que como que todos se juntan en un cachito del estadio, ¿o no? Se ven las playeritas parejitas parejitas, del mismo color, entonces así segurito debería de ser. Pues sí, hay un lugar “exclusivo”, para el equipo visitante.
.
Después de un largo trayecto bajo la lluvia, me encontré con mi amiga al sur de la ciudad, sólo que íbamos todavía más lejos. Entre llamadas de los extrangias y un tráfico abrumador, no nos quedó más que asimilar que seríamos presionadas por ansiosos visitantes que tenían horas afuera del estadio… esperando por nosotras (ajá… esperando por los boletos).
Una de esas llamadas terminó con algo parecido a un chantaje, “estás jugando con nosotros, Elo”, dijo Nicolás en tono francamente molesto. Yo, mientras, mordía una manzana y me ponía de acuerdo con el vendedor de impermeables, “¿de a cómo, joven?”
.
Íbamos listísimas para el encuentro. La lluvia nos haría los mandados y nostras traíamos los boletos… y la razón, claro, ¿para qué adelantarse y ponerse necios en llegar cinco horas antes del encuentro? ¡Hombres! Por supuesto, ante sus ojos yo era la culpable por haber cruzado la ciudad entera y haberme demorado al hacerlo y, obvio, Elo, por insistir en que llegáramos juntos. Pero mi amiga tenía un punto…
.
Por fin vimos el “coloso” (qué cagada palabra) y… cero estacionamiento. Cientos de coches se amontonaba hacia algún lugar, nosotras nos dejábamos llevar. “Segurito hay lugar allá adelante, mana”… Varios hombres se nos acercaban y nos ofrecía “lugares”, lo que nosotras pensamos en un principio que eran lugares dentro del estadio. Oh, no… nada que ver. Los vecinos rentan sus cocheras y banquetas a los pamboleros que con tal de presenciar el encuentro deportivo, pagan 80 pesitos. Buen negocio, ni qué decir. Así fue cómo Jesús, un jovencito de unos 18 años, nos dio buena espina y decidimos que podía treparse a la parte lateral de la camioneta y señalarnos nuestro estacionamiento, justo frente a su hogar.
.
Finalmente ya estábamos en camino, literalmente. Más llamadas a los extrangias, nos veríamos en la entrada 8. Obviamente nosotras no teníamos la más remota idea, por lo que pasamos por la entrada “de Insurgentes” y buscamos “la rampa 8”, como nos indicaron los responsables de recibir los boletos. “¿Qué ves?”, preguntaba Elo. Una escultura de metal. Ah, caray, pues aquí no hay ninguna. “Joven de ojos y sonrisas cautivadoras, nos podría indicar si hay otra entrada. ¿En Tlalpan? ¿Del otro lado?” Total, pobres extrangias, no podemos desampararlos.
.
Rodear el estadio fue todo un descubrimiento, ¡cuántos hombres guapos, caray! De haberlo sabido antes, hasta me compro la playera de la selección. Digo, para estar bien en la ondita.
.
Activaciones BTL, sala de prensa, don guapo 1, 2, 3, 4. Caray, tengo problemas, seguro que este no llega ni a los 20. “Buenas tardes, don peluca de tres colores”… no, pues si el recorrido fue un agasajo. Elo y yo estábamos como niñas en dulcería, ¿extrangias?, ah, pues por ahí deben de estar.
.
Finalmente llegamos a la entrada. Quien conozca el estadio Azteca y haya asistido a un encuentro de la Selección Nacional, sabrá que encontrarse en este lugar no es tan fácil como parece. Mucha gente, mucho espacio dónde perderse.
.
Vimos una cosa que bien podría pasar por una escultura de metal, ¿qué no? Es como una nave espacial negra, fea fea fea, pero escultura. “¿Dónde estás? ¿En tu derecha o la mía?” Sí, cual Rudo y Cursi. Ah, y hablando de Rudo y Cursi, neto que diosito sí me quiere. Por tercera vez en mi vida me topé al director de esa película y potencial dueño de mis quincenas, Carlos Cuarón. Bueno, según yo era él. Me cae que así sí me gusta el futbol.
.
Como se podrán imaginar… estábamos en la entrada equivocada, por lo que tuvimos que retornar nuestros pasos, con todo y ganas de ir al baño y no del mejor humor posible. Yo iba forrada como oso polar, “no, no me vuelvo a enfermar” y para este momento ya sudaba de tanta caminadera. “No amiga, haz de cuenta que fuimos al gimnasio”, me decía Elo.
.
El cielo casi se iluminó cuando los vimos… los muchachones que no tienen nada que ver con la imagen que tenemos de los centroamericanos nos esperaban. Ambas partes queriendo matar a la otra.
Así, nos encaminamos a lo que, según yo sería un encuentro amistoso y tranquilito. Total, ¿qué puede pasar si estoy en la porra del equipo contrario?
Hoy tengo ganas de jugar un poco con el recuerdo. He leído algunas columnas que hablan sobre la televisión del pasado... ¿ha cambiado? ¿Será cierta nuestra percepción de que antes los programas eran distintos?
En varias sobremesas han salido títulos de programas que algunos no conocemos y otros tantos, sí.
Por ejemplo, ¿quién no recuerda los maravillosos efectos especiales del siguiente programa?
¿Quién no veía todas las semanas Papá Soltero y hasta El Chapulín Colorado?
¿Y qué decir de todo lo que aprendimos de la mano de este maravilloso personaje?
¿A poco no se peleaban con sus herman@s o primos por ganar el personaje más fregón de la caricatura?, "Yo soy Tigro", y así... (bueno, yo siempre era Chitara).
¿Qué personaje era su favorito y por qué?
Yo tengo varios recuerdos divertidos, pero me encantaba una niña que se convertía en distintas cosas con su espejito, por supuesto Mazinger Z y... la siguiente niña genio... ¿quién es?
Raus me pidió que escribiera sobre las cinco cosas de las que me he arrepentido en cinco años. Tendré que tomarme un poco de licencia (o un mucho) para poder cumplir con la tarea y mencionar situaciones de hace un poco más de años; de no ser así, simplemente reprobaría. (Largo post, prevengo.)
.
Para empezar, me es un poco difícil hablar de “arrepentimientos”, porque simplemente no los siento. Quizás, sí, hubiera hecho cosas de forma distinta o me hubiera gustado… algo más.
.
Si me arrepintiera significaría renunciar a ser la que soy hoy, pues, evidentemente, todas esas experiencias me han traído aquí, este día, a escribir este texto.
.
Pero si habláramos de cosas que me gustaría haber hecho, quizás podríamos escarbar un poco en el disco duro (que cada vez pierde más información) y analizar momentos o situaciones que podrían haber sido distintas.
.
Podemos comenzar con algo básico en mi vida: sobre-análisis. Me clavo mucho, demasiado diría yo. Si pudiera, sería mucho más ligera. Suena tan fácil, pero créanme, no lo es. No es como despertar una mañana y decir “oh, caray, desde hoy seré muy ligera, se me resbalarán las cosas muy fácilmente y viviré al máximo todo”. Si fuera así de sencillo ya lo hubiera hecho desde hace décadas. Sí, si pudiera, sería más sencilla en cuanto a la relación mente/cuerpo/alma.
.
Lo segundo es algo más superficial. Hubiera hecho cosas… que no hice. Por ejemplo, hubiera disfrutado más de París. Hubiera invitado a alguien, porque París sola no es lo mismo que París acompañada. Hubiera salido más de noche y recorrido más la ciudad iluminada.
.
También hubiera aceptado ir a una fiesta en particular, que cuento como punto tres. En Bruselas estuve con mi gran amiga española, esa que siempre me topo en algún rincón del mundo. Era el cumpleaños de una compañera de trabajo, sueca. Todos laboraban en la Comisión Europea y eran de mi edad (¡al fin!). Gente muy interesante y por horas platiqué con un vikingo. Era 15 de septiembre y el chavo me invitó a la fiesta de la embajada de México, para dar el grito. Por alguna extraña razón, el guerote era invitado… y me quería llevar. No fui. No hay mucho más que decir, pero supongo que fue muy muy divertido y me lo perdí.
.
Otra cosa fue una situación bastante… incómoda que viví con el novio de una amiga, muy amiga. El tipo en cuestión también era mi amigo, incluso antes de que se hicieran pareja. Todos nos conocimos casi al mismo tiempo y él era un coqueto empedernido, bastante molesto he de decir.
.
Ya andando con mi amiga, seguía coqueteando con medio mundo… claro, perro que ladra no muerde. Yo observaba y no decía nada porque asumía que ella sabía, ¡era tan evidente! Y hay que recordar que ambos eran mis amigos… por supuesto, ella mucho más que él y ese fue mi error. Hacerle caso a él.
.
Una noche estábamos terminando de trabajar y comenzó con sus, perdonen la expresión, perreadas. Que si “mexicana que guapa estás”; “mexicana, dame un besito”; “mexicana, quieres a Karla…” y demás leperadas. Me hartó. Así que cuando me dijo una vez más “mexicana, dame un besito”, se lo di. Obviamente el tipo palideció y me hizo jurarle que no diría nada a ella. Y yo, tonta de mí, sintiéndome mal por haberle hecho caso al coraje y no a la razón, acepté.
.
Para sorpresa de nadie el maricón (no existe otra palabra) corrió a decirle y yo… perdí la amistad de mi amiga. Eso me dolió mucho pero, como en todo, aprendí. Pero sí, de ese detalle quizás sí me arrepiento, porque no me hubiera gustado perder algo tan bonito por una persona que no valía la pena.
.
Finalmente, y para cerrar, quiero hablar del amor. Arrepentimientos en el amor, ¡complicado tema!
.
Mi amiga Adriana dice que yo siempre me enamoro… y tiene toda la razón. Creo que con todo y todo nunca me rajo cuando se trata de meter el corazón, aunque, claro, como todos al principio me da mucho miedo y sobreanalizo las cosas demasiado (ver punto 1). Pero ya más o menos convencida, ahí voy… con todo.
.
Así que puedo decir que en el amor no me arrepiento de nada. O más bien… de casi nada.
.
Por ejemplo, ¿no sería genial entender a la primera algo? Oh, eso sí que me gustaría. Entenderlo, sin necesidad de “perder el tiempo” o las ilusiones. Yo misma sería la número uno en argumentar “no es una pérdida de tiempo cuando se trata del amor y su búsqueda”, pero hay veces que… sí. He sabido de casos en que un enamoramiento mal correspondido dura literalmente años.
.
Alguna vez cometí la osadía de enfrentar a alguien y decirle “me gustas mucho, ¿tú qué?”… la respuesta fue “tú también, pero ahora no quiero compromisos.” (Auch, patrón patrón, ese lo quiero cambiar). Obviamente me di la vuelta y me fui con todo y chivas y a pesar de estar un tiempito algo molesta ante el “gracias, pero no gracias” (así fue, no se puede negar y duele en el ego), no “perdí” más tiempo ahí. Una amiga me dijo que había “echado a perder con barato”, pues había sido muy osado (por eso lo digo) de mi parte el haberlo enfrentado; basta con entender las señales.
.
Si tomáramos en cuenta algunos de los ejemplos que a diario vemos con amigos, hermanos y hasta en las películas esas románticas que tanto nos gustan (“He is not that into you”, for instance), aprenderíamos que es muy evidente cuando la otra persona nomás no está interesada… pero no, somos necias y queremos verificar. O de plano nos la pasamos autojustificándolos, “oh, ahora mismo está pasando por una buena racha de chamba, no es su prioridad”, “se acaba de divorciar, es totalmente entendible”, “en el fondo sí quiere conmigo pero le da miedo abrirse”. Nel… “él no está suficientemente interesado en ti”. Punto. Todos sabemos que cuando un hombre quiere… quiere; no importa si está casado, si tiene miedo, si está recién divorciado, si es John F. Kennedy y tiene mil viejas… cuando quiere, quiere. Y como abundan los casos de “ni picha ni cacha ni deja batear”, es decir “ahorita no, pero te guardo para cuando se me antoje”, es mejor salirse con la frente en alto.
.
Por eso mismo quiero cambiar ese patrón. No me arrepiento de haberlo intentado, de haberme ilusionado, de haberme enamorado ni una milésima de segundo, pero sí me gustaría que las cosas hubieran sido… o fueran diferentes. Así que hoy, agarro mis chivas y me voy. La verdad, y aunque suene a ardida (y es posible que lo esté, pero eso no significa que no sea una realidad)… él se lo pierde.