Últimamente he andado revisando con lupa mis listas de contactos: del celular, del Messenger y de Facebook. Y empecé a depurar gente.
Pero todo esto no es sólo por practicidad (porque para qué quieres gente con la que nunca hablas) sino que va a un nivel más profundo.
Ahora que está de moda lo de los reencuentros, tanto por las redes sociales como por las fechas, es muy evidente lo poco que ya tenemos que ver con ciertos amigos. En realidad ya compartimos sólo un pasado justo y sí, cariño de antaño (y de nostalgia), pero nada más.
¿A quién le llamas para contarle lo que te sucede? Seguramente a esos “amigos” no. ¿Quién está al pendiente de cómo estás? ¿Quién tiene un seguimiento de tus aventuras y desventuras? ¿Quién no te llama por meses pero te reclama cuando tú le marcas –incongruencia total?
Es probable que la mayoría de los que estén en esa lista de Facebook no tengan ni idea de quién eres hoy.
Por eso, ahora que se termina el año, es tiempo de depurar. Y esto no significa necesariamente borrarlos, sino darles el lugar que les corresponde, porque gente inocente muchas veces les guarda un lugarcito de honor a quien no lo merece (aunque suene fuerte, así es, eso se gana, no se da por sentado).
Hace unos días una persona me hizo un berrinche porque no tenía el mismo trato que una amiga en común. Y yo pensé, ¡hay niveles!
Aunque a todos nos gusta que nos traten como amigo de primer nivel, hay que ser congruentes y lógicos, ¿nosotros damos lo que pedimos? No… no lo damos.
Ante todo, lo que buscamos –ciertas personas- es reciprocidad, ¿no? Por eso mismo no podemos decir que nuestro mejor amigo de hace 1 año lo sea ahora, al menos no necesariamente.
En la comida de la oficina mi jefe mencionó mi amistad con Pepepepepepepepepe, Pets. Yo no sé si sea muy evidente que nos llevamos tan bien, pero es así. Pero no es sólo eso, Pets me cuida, está al pendiente, da los mejores abrazos del mundo, me cuenta y me escucha, me apapacha y hasta me da sorpresitas. Compartimos espacio y momentos, y definitivamente compartimos cariño. Esa es una amistad recíproca y real.
En este fin de año me quedo con esto, con los amigos que están ahorita, los que son parejos, los que de verdad quieren estar. Ya no más justificaciones, “es así, hay que quererl@”. El amigo no es el cuate ni el conocido ni el compañero de la oficina.
Por eso me siento muy feliz de tener a varios amigos (muchos menos de los que se podría pensar) cerca y hoy en especial, quiero reconocer a ese nuevo amigo que me ha demostrado quién es y quién soy, Pets. ¡Te extraño!