Me quedé inmóvil. En Grey´s se trata la muerte… y la vida. Y ahora, que estoy en rehabilitación por algo que sucedió en noviembre de 2006, quiero compartírselos porque creo que es tiempo de salirme de ahí.
Let´s have a wonderful life… with bonds… great, wonderful, powerful bonds. No fear… no standstill.
UN ARTE
Para Fernando Uruñuela, mi querido padrino que no se fue, sino que se quedó
ONE ART
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
--Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
El arte de perder algo no es difícil de dominar
tantas cosas parecen tener el objeto de ser perdidas
que su pérdida no es una tragedia
Pierde algo todos los días. Acepta la molestia
de perder las llaves y el tiempo malamente perdido
El arte de perder algo, no es difícil de dominar
Después, practica perder algo más allá, más rápido…
lugares, nombres y hasta hacia dónde querías ir.
Nada de esto se convertirá en tragedia.
Yo perdí el reloj de mi madre; ¡y mira!, la última
o penúltima de mis tres amadas casas también se fue.
El arte de perder algo, no es difícil de dominar
Perdí dos ciudades muy amadas. Y algunos enormes reinos que poseía…
dos ríos, un continente, y sí, los extraño, pero no fue una tragedia.
Hasta perderte a ti, (tu tono juguetón, algo que me encanta) no debía de haber mentido. Es evidente que el arte de perder algo no es difícil de dominar…
aunque pueda parecer (¡anota!) una tragedia.
Escuché este poema de Elilzabeth Bishop en una película y movió muchas, muchas fibras en mí.
Yo, he perdido cosas, tantísimas. He perdido estados de cuenta, carteras, cheques, juguetes; he perdido discos, fotos y hasta he perdido el tiempo. He perdido amigos amados, no por la muerte, sino por malos entendidos. He perdido amores y he perdido pedacitos del corazón. He perdido una fiel compañera, mi perrita que vivió conmigo 15 años y he perdido también la paciencia (ésa, demasiadas veces para ser honesta). Algunos dicen que no se pierde la vergüenza porque hacía mucho que ya no se tenía, pero yo aún tengo un poco de ella y esto, por raro que parezca, es algo que sí quisiera perder.
He perdido la cabeza por un hombre y he perdido en juegos de azar. Casi he perdido la fe y hasta la esperanza. Me he perdido a mí misma una y otra vez para volverme a encontrar ahí, parada frente al espejo.
He perdido las ilusiones tras un amor que se fue, que me dejó. He perdido horas llorándole y odiándolo. Y he perdido a un gran amigo, al que la muerte irremediablemente se llevó. Y así, me he dado cuenta de que esta última pérdida no se compara con ninguna otra cosa. La pérdida ahí está, tratándonos de convencer de que es algo irremediable, algo con lo que se tiene que vivir, algo que se tiene que enfrentar, aceptar y superar.
Esta pérdida vino a enseñarme que las otras no lo eran, eran simplemente depuraciones. Depuraciones de objetos sin los que aprendí a vivir; de amigos que al final no fueron lo suficientemente valiosos como para luchar por ellos; de amores que dejaron enseñanzas y dolor, pero que al fin y al cabo tampoco eran para mí. ¿Pero cómo te explicas la muerte de un amigo? Claro, explicaciones racionales y científicas habrá un montón y ciertamente uno sabe que venimos a esta vida con fecha de caducidad, pero ¿cómo justificas todo esto? ¿Cómo te convences a ti mismo que es normal y que no pasa nada, que la vida sigue?
Sólo se me ocurre una forma, una forma sencilla, una forma maravillosa.
Justo unos días después de esta pérdida, salía de casa de otro amigo cuando un hombre ebrio nos chocó el auto. No nos pasó gran cosa, pero el impacto fue fuerte, sobre todo el emocional. Y así, como sin querer, me di cuenta de qué tan frágil era también yo. No sólo los demás, sino yo también. Yo, la súper heroína de los cuentos, la más chida de las chidas, era un ser humano vulnerable a la muerte. Simplemente lo sentí, lo supe, lo vi.
Mágicamente tuvo sentido. La pérdida del amigo se supera cuando te das cuenta de toda la ganancia que tu vida tuvo gracias a él. Al final, fue una ganancia enorme, insustituible, indestructible. Pero también de todo lo que tú (sí, tú) le diste. Y yo, perdiendo, nuevamente, mi tiempo sintiendo tristeza por mí (¡oh! grandísima ingenua), por su esposa, por sus hijos, sus nietos, sus amigos que nos quedábamos sin su presencia, su buen humor, su generosidad, sus cuidados, su paciencia, su optimismo, su cariño. Y yo, perdiendo, nuevamente, mi tiempo sintiendo coraje por aquel amor que se fue, que me dejó así, sin decir nada, sin avisar; perdiendo mis lágrimas por aquel que no quiso amarme o que no quiso vivir su vida junto a mí. Entonces, hice un compromiso conmigo misma: basta de seguir mirando mis pérdidas; basta de seguir pensando que "se fue", más bien quiero pensar que estuvo, que vino, que vivió, que dejó, que amó y que dio.
Quiero pensar en todo lo que sí tengo; dejar de añorar lo que se escapó. Quiero disfrutar lo que está conmigo ahora; el nuevo perro, los nuevos y los viejos amigos, la nueva casa, la cartera más linda, el nuevo disco, la cama para mí sola, el coraje para salir adelante, la salud para continuar, la familia para amar… mi vida en mis manos, sola, solita para mí, para que yo la disfrute, para que yo la maneje, para que yo la quiera.
Después del choque me di cuenta de que estaba fijándome demasiado en lo que se iba, pero muy poco en lo que se quedaba. Después del funeral pensé en todo lo ese hombre había dejado en su vida, pero no en el sentido de abandono, sino en el sentido de "siembra y cosecha", y fue tanto, que no me alcanzaron las palabras para terminar de describirlo. Y pensé en mí, en toda la gente que podría haber en ese lugar si yo estuviera dentro de la caja. Lo que vi fue algo que me hizo sonreír: vi a mis padres y mis hermanos, a mi sobrina Celes que aún no nace, vi a mis amigos viejos, nuevos, de aquí, de allá, de hasta acullá; vi risas y momentos compartidos, vi caminos construidos, vi aprendizaje comprendido, viajes disfrutados, banquetes saboreados; vi zapatos enlodados, fotos impresas, amores correspondidos. Te vi a ti que me has leído, has creído y hasta te has identificado.
Así, lo único que se puede hacer ante este arte de la pérdida, es el arte, mucho más fácil de dominar, de ganar.
Noviembre, 2006