martes 25 de mayo de 2010

Desde un departamento en Cracovia


Conocí a Ela en Londres. Para mí, era la viva representación de una institutriz de cuento, igualita a la señorita Rottenmeier de Heidi: alta, delgada, de chongo, con lentes, refinada, seria y seca. Hablaba un inglés súper fresa (posh) que a veces no entendía. Era propia y formal, muy elegante. Efectivamente se dedicaba a cuidar niños de una familia aristocrática, de esas que sí existen en Europa.
Ella era una de las polacas de mi clase, todas mujeres inteligentísimas, profesionales y con un inglés que intimidaba. Agnieszka, Sabina, Ela y yo, hacíamos un bizarro equipo que siempre ganaba en preguntas de conocimiento general, y, he de confesar, yo no por culta, sino por… venir de este lado del océano. Arrasábamos con los juegos y aprendíamos juntas. Poco a poco fui conociéndolas y a pesar de que Sabina se convirtió en una de mis mejores amigas, Ela fue sorprendiéndome con la calidez y la sabiduría que tenía. Nada de señorita Rottenmeier y amargura, ¡muy lejos de serlo! Era toda una administradora, profesional y estructurada (igualita a mí), con un novio piloto aviador. Gracias a ella conocí los parques privados del centro de Londres, esos de los que sólo los vecinos tienen llave. Conocí también las mantas para día de campo, pero las profesionales, suaves por arriba, plastificadas por abajo. Las canastas para días de campo, las casas de gente de la alta burguesía, y, sobre todo, gracias a ella conocí a tres personajes maravillosos que me regalaron Cracovia en una semana.
Llegué a Polonia vía Eslovaquia, en autobús. O algo parecido. Era una especie de combi grande, en donde había asientos individuales y un rack para poner las mochilas, sólo que mi backpack era tan grande que tuve que ocupar otro asiento para ella. Y yo sin hablar pizca de polaco. 
Ahí ya estaba nerviosita, iba sola y pidiéndole a todos los Santos eslavos, conocidos semanas antes, que me ayudaran como intérpretes en el ruego para no perderme. Todo cambió cuando un señalamiento de tránsito indicó: Krakovia. Y sí, en la parada de autobuses, bajo la lluvia, me esperaban, saltando de emoción, Ela y su cuñada, Mónika. Ver a Ela saludándome con todas sus ganas, con una sonrisa gigante, me hizo quererla más. Por supuesto que para ella era todo un acontecimiento que su amiga proveniente de lejanísimas tierras estuviera justo ahí, en la suya.
Pero este post no es para recordar aquél viaje en específico, es para recordar a las personas a las que conocí en él.
En Cracovia tuve tres anfitriones: Mónika (cuñada de Ela), Ana (hermana de Ela) y Kuba (un muchachito simpático que compartía departamento con ellas). Vivían en un lugar no tan céntrico de la ciudad y eran los típicos estudiantes de clase media que arman su casa de forma creativa, con los elementos que pueden.
El depa era pequeño, tenía dos recámaras una estancia con cocineta y un bañito, el más extraño que he visto… después de la ducha en la mitad del jardín de la casa de una viejita sudafricana con la que viví en East Acton. Seguramente preguntarán cómo es un baño extraño y no, no había un hueco en el suelo en lugar de excusado o esas cosas, era… la forma. Estaba debajo de una escalera, por lo que el techo era irregular. Yo, hábil como soy con las tinas, sufrí como Precious al bañarme. No cabía parada (y eso que soy chiquitita) y sentada me sentía como tonta… sin saber qué hacer. Además, no había cortinas, y el resultado después del intento de baño era… casi una inundación. Inexpertísima, pues.
En este rincón polaco me recibieron los tres chavos, porque Ela se los pidió. Mónika, a quien conocí un poco en UK, fue la anfitriona oficial. Se portaba como una matrona de película, preocupada y ocupada, esforzándose porque la visita se encontrara cómoda y segura. Ana era como la tía práctica y buena onda y Kuba era como la mascotita. Eso sí, la mascotita cocinera.
Por las noches platicábamos de lo que había visto, de cómo me había perdido, de mis impresiones sobre su país, sobre México (por supuesto), sobre el plan para el día siguiente, la próxima parada en mi viaje, planes de vida, despertadores descompuestos, hermanos, Londres y, por supuesto, la comida y el clima.
Creo que la mejor forma de conocer a la gente es a la hora de la comida, y así lo hacíamos. Preparábamos platillos mediterráneos, polacos (barszcz con toretllini, mi favorito) y, obvio, las típicas quesadillas pochas que armaba en cada país que visitaba (para consentir a mis anfitriones), elaboradas con tortillas de harina, queso cheddar y salsa "picante" de Doritos (todo un éxito, tengo que decirlo).
Entre cervezas y bebidas tradicionales (tés, cervezas calientes con especies, cafés o cualquier cosa mucho más fuerte y de nombre impronunciable) fui descubriendo que mi sensación de que Polonia y México se parecen mucho no estaba nada errada. Nuestra educación e incluso las costumbres son similares (aunque no así la educación académica, hay que aclarar), salpicadas de catolicismo, bebidas embriagantes, tradiciones familiares y un toque de tercemundismo (de ellos, por las guerras y el socialismo de tanto tiempo, de nosotros... por la corrupción que ha gobernado y el temparamento que "sufrimos").
Esta mañana, leyendo mi famoso libro (Comer, Rezar, Amar) recordé a Ela, la primera impresión que me causó en ese país ajeno a las dos; nuestra excursión a las profundidades de su tierra, rodeadas de sal en una mina; las carcajadas bajo la lluvia en un castillo donde vive un dragón a la orilla del río Vístula; tomando fotos y dándonos cuenta de que esas diferencias que algún día pensé que existían… estaban sólo en mi imaginación.


viernes 21 de mayo de 2010

La suerte del feo…


No, ¿verdad? Aquí no aplica. Entre hombres y mujeres definitivamente hay una diferencia: el físico importa. A ver, ¿cómo, cómo, cómo? Ya sé que hemos hablado en este, su bló de confianza, sobre lo disfrutable de un buen físico de varón (AMO esa palabra) y no se contraponen las opiniones, solamente quiero explorar la suerte que pueden tener esos feos… feos… pero que arrasan con todo a su paso.

La idea de este post nació al recordar al famoso Marcelo Ugly de la serie de televisión "Ciega a Citas" (sí, sí, la basada en el blog en el que se basó el libro en el que se basó la serie –libro en mi poder, por si le interesa a alguien-)… en realidad no lo recordé, lo leí aquí. En el libro (y blog) el Ugly era en realidad su apodo, ya imaginarán por qué; en la serie sí es su apellido. Pero lo que respetaron fue la felleza del individuo (claro, no hablamos de su bien formado trasero, ese, para otro post). Spoilers aquí, los que leímos el blog o el libro, sabemos que la protagonista se queda con el feo. Y, bueno, esa no es novedad. Es muy común ver a mujeres guapas (o que le echan ganitas a la producida) con individuos nada agraciados, lo cual no sorprende a nadie.

Pero, ¿por qué esa fascinación por los feos? ¿Es el intelecto? ¿Es que nos sentimos más seguras con un feo que con un guapo? ¿Son nuestros kundalinis atrayéndose mutuamente? ¿Es porque los feos son "más agradecidos"?...

¿Por qué los feos pueden resultar tan atractivos? Y lo peor, algo que me llama mucho la atención, es que muchas veces esos feos "interesantes" no se preocupan ni siquiera por acicalarse como es debido… ¿por qué una tendría hasta que plancharse la ceja (pregúntenle al Señor Tlacuache, que me regaña por no peinarme con plancha cada día de mi vida) y don cerebro/famoso/con ondita no se preocupa por delinearse la barba o, de plano, rasurarse? (piiiiiiicaaaan) ¿De plano el físico llega a ser tan irrelevante?

¿Por qué caemos ante esto? Si piensan que eso no les ha pasado… no me mientan: todas hemos tenido un feo en nuestro historial amoroso. O varios. O uno TAN feo que vale por varios (me han contado…)

¿Será por… la escasez de guapos?

Interesante punto… lo voy a pensar.

martes 18 de mayo de 2010

Esa línea del bikini


Hoy recibí un Mensaje Directo (DM) en Twitter que decía sólo esto:

Me hice brazilian...

Por supuesto, me dio muchísima curiosidad.

Justo el sábado leíamos un cuento en donde la protagonista estaba en el vestidor del gimnasio y se preguntaba si era la única mujer del mundo que sólo se ocupaba del "sobrante" de la línea del bikini. Nunca he estado en un lugar de esos (vestidor de gimnasio, aunque no lo crean) entonces no podría decir el porcentaje de mujeres que se depilan, las que nomás poquito, las que muchito o todito, digo, tampoco es algo que ocupe mis días.

Pero… ¿cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco?

Este post más que exponer un tema es tratar de resolver una duda, ¿qué opinan todos al respecto? ¿Qué prefieren? ¿Qué es más cómodo? ¿Qué es horrible? ¿Alguna experiencia en particular?

El último DM decía así:

En serio es algo que toda mujer debiera hacer

¿Será?...

viernes 14 de mayo de 2010

De una palabra


No me regañen por ser monotemática y utilizar mi libro de bolsillo (ajá) como inspiración para escribir. Tanta cosa por comentar, anécdotas y marañas en la cabeza, y Lata se dedica a hacerle publicidad (gratis) al libro que está leyendo. Se aguantan.

Según un italiano, para saber si esa ciudad es tuya, tendrás que decidir si "su palabra" va contigo o no, si te pertenece en ese momento de tu vida. Él dice –en el libro, insisto- que Roma se puede definir fácil, corta, básica: Sexo.

Al parecer, Nueva York sería Lograr, la de Los Ángeles, Triunfar. Mi mente, lenta pero segura, comenzó a buscar una para definir a Chilangolandia y lo único que veía (porque lo veía, escrito, como cuando estudiaba para los exámenes) era: CAOS. Así, en mayúsculas, en bold y creo que hasta en moradito. Pero no es un caos malo, es un caos chingón. Un caos que llena de color las ciudades y los oídos –a veces no del todo agradables- de gritos y besos por las calles. Un caos con calor de primavera –en cualquier sentido- y lluvia que impide mantener el peinado en santa paz. Ese caos de música de instrumentos de aire y cine al aire libre, de museos atiborrados y museografías chafas, de calles sucias, cielos grises y árboles valientes (porque hay que ser valiente para ser árbol y vivir en esta ciudad).

Pinche caos que alegra mis días, que me ha regalado amigos y me despierta todos los días con muchas ganas. Ganas de más caos, incluso en la búsqueda dentro de mí, de mis ommmms y alineaciones de huesos –o chakras-. Caos caos caos, por si no lo tenían claro. En la quietud de la certeza, en la incertidumbre que tanto odio, en la aventura de lo nuevo y lo desconocido. Caos por la mañana, a medio día y en la noche; en el Centro Histórico, la Marquesa, la Condesa, Coyoacán, las calles de la Nápoles, mi parque de enfrente, la azotea de mi casa y hasta de la casa con una palmera dentro.

¿Y de mi palabra, la mía propia, que me define en esta etapa de mi vida? Esa, la verdad es que la esquivé. Es muy temprano, tengo sueño y ya me puse cursi. Cualquier cosa que salga va a ser poética y hasta feliz. Entonces, mejor me quedo con mi caos, que, quizá, podría definirme bien.

Caos.

martes 11 de mayo de 2010

Fantasías con acentos


Quiero ir a Italia. Justo ahora estoy leyendo un libro que trata de placeres y viajes, y en cada cuentito me siento identificada con la autora, ya que yo, como ella, he soñado con perderme por Italia y no hacer mucho más que escribir, pasear, comer, disfrutar.

Ese país me parece mágico… hasta podría soportar a los romanos (en mi minúscula experiencia, insufribles). 
¿No sería perfecto un añito, de pasear, de escribir, de ver los paisajes y de… escuchar ese acento que tanto me gusta?

¡Ah, cómo amo los acentos! Justo ayer me detuve a escuchar una promoción de Lufthansa sólo porque un gigante alemán de ojos azules (punto a su favor) me hablaba en casi perfecto español con su divino acento extranjero. Me invitaba a Praga (¡acepto!) y a no sé dónde más, sólo con registrar mi correo electrónico… no recuerdo bien qué tanto me dijo, yo sólo me dejaba seducir por la cadencia de las "s" arrastradas y las "r" mal pronunciadas acompañadas de sus ojititos pispiretos.

¿Seré la única loca a la que los tonitos peculiares le parecen de lo más sexy? Un "mola mazo, tía", puede hacer milagros, incluso un acento norteño me hace sentir que me van a trepar a un caballo y… robar pues, como en los pueblos (sólo que oliendo delicioso y con ropa limpia).

En este día de calor quiero imaginarme en Italia, con un sexy gigante de ojos castaños que dice "bella" cantadito… todo mientras estoy encerrada en la oficina y fantaseo con unas merecidas vacaciones.


 

jueves 6 de mayo de 2010

Amerifuck Express o American Fuckspress?


Neta que yo los amaba. Desde hace 10 años soy fiel clienta de American Express, tengo la más humilde de las tarjetas de crédito, con una línea de crédito MUY baja. Pero para mí es súper útil, siempre hay una oficina de American Express cerca, no importa dónde estés: Guildford, Venecia, Cracovia, ¡puedes pagar donde sea!

Durante mis travesías es mi fiel compañera y como muchos de nosotros, aprendí a manejarla después de endeudarme por mucho más de lo que podía pagar. Aprendí y ahora la uso para hacer mis pagos mensuales o comprar a meses sin intereses. That's it.

Esta feliz relación terminó hace como año y medio cuando el acoso empezó. Una o dos veces POR SEMANA un "amable" agente de American Express me llama para avisarme que "gracias a mi excelente historial crediticio –que sí es impecable- me he ganado el honor de probar la tarjeta whachumara 1, 2, 3, 4 y 5." Que si el seguro de loquesea, la promoción de "hoy no pague mensualidad, pero altos intereses", etc., etc.

Hasta que un día me agarraron en mis cinco minutos de buenas en los que les puse atención. La doña en cuestión me dijo que esta tarjeta de servicios "Verde" me ofrecía muchísimas ventajas: el interés más bajo del mercado y el Membership Rewards gratis, ah, claro, un año sin costo y la ventaja de tener las dos tarjetas con el pago de una anualidad… para siempre. A esto yo le contesté: ¿para qué quiero dos tarjetas de crédito del mismo proveedor? ¿Para qué quiero la tasa más baja del mercado si NUNCA pago intereses? ¿De qué me sirve tener Memebership Rewards gratis si no tengo activado el servicio? Explícame en qué me beneficia y te lo compro.

Total, terminé diciéndole que me la mandara y que si me decidía, la activaría y ya. Que me dejara en paz.

Así llegó un valiente y enorme paquete a casa QUE NO HE ABIERTO. "Cuando tenga curiosidad o necesidad, la abriré", pensaba.

Pero las llamadas no terminaron ahí. Ingenua de mí en pensar que podría haberse acabado el acoso… ¡¡NOOOO!!

Lo peor es que cada vez que les digo que no estoy interesada, se enojan y me cuelgan, o sea, ¡te molestan en la intimidad de tu celular y tienes que agradecerles por interrumpir tu día!

Hace un par de días le dije a un joven que por favor dejaran de llamar, porque además lo hacían a horas laborales TAMBIÉN PARA MÍ, que es molesto estar en una junta o haciendo lo que sea en la oficina y recibir los constantes acosos de American Express.

Ayer fue el colmo. Llego a casa después de un día difícil y me encuentro con un nuevo estado de cuenta, de una tarjeta desconocida en donde me cobran 15 dólares por la anualidad… ¿¡¡¡O SEA!!!?? El estómago se me hizo bolas y sólo quería patear traseros AMEX. O el que se me parara enfrente.

Hoy por la mañana llamé, como podrán imaginar, bastante molesta: cómo es posible que 1) se active mi cuenta mágicamente. 2) me ofrezcan la promoción de un año sin anualidad y ¡me la cobren!

Me sentí engañada y furiosa. Marqué 01800 DEJENDEJODER, un joven me contestó y me mandó con la amable señorita Pimentel. Me explicó que había un error porque la tarjeta efectivamente cobra la anualidad pero luego se bonifica; el problema fue la fecha de corte: era el 24 y la bonificación venía hasta el 1 de mayo. Que eso me lo tenían que haber explicado. También que la cuenta se activa inmediatamente aunque el plástico no sea activado. Es decir, cualquiera puede comprar online con esa cuenta sin que me dé cuenta pues mi ingenuidad crediticia juraría que estaba a salvo.

Obviamente cancelé la cuenta y le pedí que me borrara de cualquier promoción, que no quería recibir una llamada más al respecto, ya que me comentó que si yo lo pedía, me dejarían en paz.

Ojalá sea así.

Respiro…

¿Les creen?

Tan feliz que estaba y tanto que los recomendaba. Creo que el romance terminó definitivamente para nosotros.

lunes 3 de mayo de 2010

Y al final: la cárcel


Qué buen fin de semana. No contaré detalles privados porque hemos decidido que lo que sucede en (inserte nombre de lugar) se queda en (ídem). En este caso fue "Lo que sucede en Valle de Bravo se queda en Valle de Bravo", entre árboles, insectos voladores pequeñitos y blancos, perros viejos, turistas, niños fresas (de muy buen ver), adultos fresas (de muy buen ver), lancheros (tipo acapulqueños, no de buen ver), tiendas carísimas, agua, sol (muuucho sol), patitas masajeadas, comida deliciosa (y en cantidades industriales), doña señora del aseo que debe de ser muy coda porque se me olvida su nombre (creo que Judith), estrellas en el techo (y en el cielo), gran selección de música, fantasmas, risas y demás. Ahí se queda parte del viaje. Pero otra parte se queda, ¿por qué no?, en el ciber espacio.

El sábado temprano gran parte de las muchachas del sur (- 1) nos enfilamos hacia Valle de Bravo con una imagen en la cabeza: descanso. Es un poco peligroso salir de viaje un grupo de mujeres (¡seis!) que nunca lo ha hecho (si quieres conocer a Andrés, viaja con él una vez…) porque muchas cosas podrían salir mal.

Pero no en este caso, desde la planeación todo fue una maravilla.

Tengo que decir que mis amigas son increíbles administradoras y organizadoras. Cierto día una de ellas sugirió que deberíamos de irnos a Las Vegas (o sea…) de compras o algo así (ajá…) y yo les dije que ni visa tenía, así que por qué no empezábamos con algo más sencillito. Otra dijo que su hermana tenía una casa en Valle de Bravo y como la Lata nunca había ido al famosísimo pueblo mexiquense, se apuntó cual gorrona es (no le ofrezcan nada porque la reina siempre se lo toma en serio). Envió sólo un mail: what if… y de ahí fue un hilarante intercambio de correos que terminaron con algunas propuestas matrimoniales si no fuéramos heterosexuales.

Doña Cecy tomó la pauta y se convirtió en la administradora. Gran bendición.

Por fin llegó el día D y yo con mis nervios acostumbrados, quería tener bajo control todo, nomás que ya me habían quitado la chambita de organizadora por lo que me dediqué a dejarme consentir (ni vergüenza tengo).

Sólo tengo que decir que el viaje fue delicioso, lleno de anécdotas que no podría contar por acá (por espacio y pudor) pero que me regalaron una maravillosa sensación de agradecimiento y felicidad. Ah, con qué poco se conforma esta muchachita. O con qué mucho, porque no cualquiera, ¿eh? No cualquiera.

Anoche, ya de regreso, yo seguía en las manos de las conductoras asignadas, la música ochentera y el aire que entraba por todos los rincones del auto (y de mi cuerpo) por media hora… una hora… hora y media… ¡¿dos horas?! Las curvas no se acababan y la carreterita tampoco. Ya se ponía rara la cosa… no nos acordábamos de que hubiera durado tanto ese camino. 

En cierto punto, pasadas las 9 de la noche, se detiene el muchachisurmóvil 1 y el muchachisurmóvil 2 (en el que yo iba) detrás de él. Celular. "Prende tu Blackberry y busca dónde demonios estamos." Pánico. Lata, cool. Esta sí me la sé, maestra, pensé de inmediato, recordando mis viajes con Sport Billy –de las herramientas- alias Don Trigo, un experto viajero pionero en el uso del GPS con el que llevo algunos kilómetros recorridos. 


Lata, expertísima en el tema del viaje y de la seguridad viajeril (después de tanta anécdota algo habrá aprendido), afirmó: "Sólo tenemos que ver en qué carretera estamos, es fácil, hay que seguir un poco más adelante y encontrar los letreritos que lo indican. Luego préstenme su Guía Roji de carreteras de México para ubicarnos y ya está: ¡yo sí se leer mapas!" dije segura de mí misma. Tanto la conductora como la copiloto me miraron con cara de "notenemosideadequécarajosnoshablas", por lo que asumí que en muchachisurmóvil 2 no había tal libro. Pero segurísimo la unidad número uno sí traía. Ajá. "¿Te sirve el de Ciudad de México?"

Terminamos en una gasolinera, con las ventanas hasta arriba y yo bajándome al baño y al Oxxo a preguntar: "No pasa nada, muchachas. Están conmigo. Además, si llegamos a Morelia de ahí yo sé cómo regresar a DF."

Afortunadamente no pisamos suelo michoacano, pero casi. Hasta dimos el tour forzoso por las afueras de Almoloya y de otros puntos turísticos del Estado de México. Pisamos chilangolandia después de las 10 de la noche. Sanas y salvas y con la moraleja de que por mucho aparato del demonio que traigamos cuando no hay señal… dependemos de Telcel.

Total, este fin de semana será siempre el primero de muchos más que organizaremos. El único problema que tengo es la agenda. Ah, y el presupuesto. Ah, y la chamba. Pero de que habrá más habrá más, total, los roles están repartidos y yo, antes de salir a carretera, me llevo mi Guía Roji de Carreteras. No nos vuelve a pasar.