Virus del Papiloma Humano, ¿es cáncer?
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Un tema de actualidad es el famoso Virus del Papiloma Humano (VPH),
recientemente se lanzó al mercado una nueva vacuna para este espécimen,
pero ¿Qué ...
Chicas, de verdad que estamos muy perdidas, no sé de dónde hemos sacado esa idea de que los hombres no saben escuchar (bueno, sí sé de dónde, ¡pero no importa!), ahora se están derrumbando mitos, todo gracias a este caballero que les enseña a lo hombres a ligar (como un pro) con las damas como nosotras.
Pongan antención, tomen nota si es necesario.
No se asusten, no son todos, pueden ver más tips aquí.
Ayer acudí a la primera Tuittertulia organizada por el Fondo de Cultura Económica que tenía como tema rector "el español en el twitter"... o algo parecido.
Entre muchas de las cosas que se dijeron había puntos que he estudiado y aprendido durante mi excursión en Internet y, en espécifico, en el Twitter.
Obviamente la mayoría de los presentes eran heavy users de la red social y defensores de la evolución de la español, o algo parecido: utilizar palabras sin vocáles (para eso de la ahorrada), abreviar y utilizar expresiones como WTF, OMG, etc... entre otras (y una maravillosa que un señor nos compartió y que adoptaré para mi vida cotidiana).
No digo que esté mal, que esté bien, sólo que yo me quedé con una pregunta al aire: ¿escribir mal el español es una señal de evolución o flojera de nuestra parte?
Otro de los puntos que se trataron fue el hecho de que algunos blogueros hemos descuidado nuestro espacio cibernético para dedicarnos a sonar como pajaritos y enviar al ciberespacio nuestros pensamientos, obsesiones, pasiones y hasta ubicaciones. Ante esto la moderadora preguntó quiénes de los presentes teníamos y manteníamos un blog y ahí me apunté y recordé un comentario que me pusieron alguna vez por acá:
"¿Es este un largo tweet o un corto post"?
¿Nos enfermamos de tweeter o nos abrumamos de letras y hemos dejado de crear textos largos y profundos?
¿Estamos evolucionando o simplemente nos hemos vuelto flojos para pensar y crear?
Aprovechando que hice un enlace para Noches de Cine, les comparto mi intervención sobre una cinta que me sorprendió gratamente: Kick Ass.
La semana pasada me invitaron a la premier de una película de la que no sabía nada: Kick Ass. Cuando vi el tráiler sólo supe dos cosas: era de súper héroes ñoñones y… era gratis. Entonces fui. Además de que me encanta ir a premieres (y al cine en general) esta fue una decisión muy atinada, ¡reí muchísimo!, es una cinta muy divertida, llena de referencias de la vida moderna, sobre todo para los que tenemos algo –o mucho, como cierta persona a la que encontré ahí- de geek.
Pero ¿de qué trata Kick Ass? **FADE IN MÚSICA DE CUENTO DE HADAS** En una gran ciudad de Estados Unidos, con grandes edificios dignos de Ciudad Gótica, vive un chavito común y corriente, el típico looser, gris, a quien nadie pela, -pero que podría estar de moda después de TBBT-, que se la pasa en la tienda de cómics y es bueno como los huchepos morelianos.
En un día de iluminación se le ocurre la pregunta del millón de dólares **FADE IN MÚSICA DE SÚPER HÉROES… PORQUE SEGURO QUE LA HAY** ¡¿Por qué nadie ha intentado ser un súper héroe?! ¿Cómo nadie ha sido tan genial como para combatir el crimen vestido con mallitas y capa? Sus amigos dicen que porque nadie ha sido tan estúpido para hacerlo, claro, hasta que llega él, Dave Lizewski. Entonces encarga un súper traje, se arma de valor y un par de tubos y va a que le rompan toditita su santísima madre. Pero ahí sigue necio y un día sin querer se convierte en una celebridad de youtube que lo conecta con otros súper héroes de verdad (o sea, no de verdad, pero con más entrenamiento que él): Big Daddy, Hit Girl y Red Mist.
Obviamente hay malos muy malos y la pandilla de buenos, no tan buenos. No les voy a contar más sobre la trama, para no spoilearlo, pero sí un poquitín sobre los personajes.
Para casi todos los que la han visto, Hit Girl es la heroína de todas las mujeres y en la cuasi fantasía de todos los hombres, nomás que está muy jovencita para serlo. Es una chica como ninguna, ella no quiere lo que la mayoría (y es de entenderse, por su historia de vida que nos es contada a forma de cómic). Esta matona es interpretada por Chloe Moretz, que de hecho el año pasado estuvo en una de mis favoritas, 500 días con ella, en donde hizo el papel de la hermana de Tom y era como la mamá que siempre lo aconseja. La chavita tiene mucho futuro, no hay que perderla de vista.
El otro súper héroe malo/bueno, es Big Daddy que es el mismísimo Nicolas Cage, quién según un contacto que tengo con churros y palomitas on line, siempre había querido interpretar a un súper héroe y ahora encontró la oportunidad de hacerla de una especie de Batman ex policía súper armado con gran puntería y fuertes deseos de venganza. Big Daddy también es oscuro como Batman, sólo que mucho más humano: guarda mucho dolor y aún así, se las ingenia para tener una relación atípica con su cría, Hit Girl.
Kick Ass fue dirigida por Matthew Vaughn y está basada en un cómic reciente, de 2008, de Mark Millard, famoso en el mundo de cómic pero no con buena fama sino más bien mediocre, según me cuentan los expertos; uno de sus cómics que ya se adaptó a la gran pantalla fue Wanted, de hace un par de años.
Hay que decir algo importante: no es una cinta para niños, hay mucha sangre, de hecho, yo insisto que la pelea final es un tributo a Tarantino y Kill Bill, nomás con cuchillos más chiquitos, sin traje amarillo, pero con traje de colegiala.
¿Ganan los malos?, ¿los buenos? Los malos son los que matan y que son matados… ¿pero que no todos hacen eso en las películas de súper héroes? ¿Hasta qué punto somos culpables o inocentes de lo que nos convertimos gracias a nuestra crianza? Crecer en un lugar lleno de odio ¿nos hace los buenos o los malos de la historia; nos define?
Después de esta película Aaron Johnson, el chavo detrás de la máscara del pateador de traseros, saltará a la fama. Una comedia gringa pero no una gringada, que los hará pasar un buen rato en la sala oscura. Ah, se dice que ya viene la segunda parte y llevará el título de Kick Ass Balls to the Wall… imaginen eso.
Ya sé que los asiduos lectores de este espacio pensarán que algún ente demoniaco ha poseído mi cuerpo y que no soy yo la que escribe. No se asusten, sí, soy yo, la misma Lata de siempre, ya saben, a la que le gusta ir contra corriente… a veces.
Hoy no, hoy me "puse la verde", me emocioné, grité (harto), sufrí gastritis post-match, y me puse feliz cuando la Selección Mexicana goleó (ajá) 2-0 a la selección de Francia.
Hoy, no fui contra corriente… al menos en algunos sectores de la sociedad mexicana, ya saben, esos que son raza, esos pamboleros o esos… a los que les gusta todo el circo, maroma y teatro. En cambio, hoy sí fui en contra de aquellos que piensan que estas son tonterías y que hay cosas mucho más importantes de las cuales ocuparse.
Tienen razón.
Pero hoy, a pesar de la locura momentánea y de todo lo serio a lo que debería de prestársele atención, celebré el triunfo de la escuadra (¿se dirá así?) del Vasco Aguirre y estoy muy contenta de haberlo hecho de forma consciente.
Así que esta aparentemente contradictoria mujer quiere decirles por qué, para ella, sí hay que festejar un triunfo futbolero durante el Mundial.
Bueno, antes que nada aclararé –a los nuevos- que no sé casi nada de futbol, que he ido como 4 veces a un estadio (en mi vida) y que apenas el viernes pasado descubrí a Vela (nada feo, señoras, nada feo). O sea: no soy fans. Pero algo me sucede durante la Copa del Mundo: me gusta ver los partidos, me emociono, me pongo nerviosa y le voy a México, ¿¡por qué no?!
Para mí no existe ningún otro evento tan popular y me importa mucho más este torneo que las visitas de Papas, guerras televisadas o hasta los mismísimos Juegos Olímpicos, ¿por qué? NO SÉ, pero es así. Veo al Futbol universal e inclusivo, circo –por supuesto- maroma y teatro, pero universal e inclusivo.
Dejado esto claro, tenemos que seguir con lo escabroso: lo que sucede en México.
No creo que haya habido alguna racha (en los últimos 80 años, al menos) tan conflictiva como la que estamos viviendo.
Al parecer México se está cayendo a pedazos, México se está desgarrando y todos sus habitantes con él. Al parecer justo ahora es malísima idea hacer turismo nacional. Al parecer están locos los que piensan tener hijos en un ambiente así. Al parecer los políticos, todos, están pudriéndose por dentro –empezó hace ya tiempo su putrefacción- y no hay remedio. Al parecer no existe la justicia. Al parecer la economía nos está arrastrando a vivir de forma poco decorosa y a robar. Al parecer muchos mexicanos ya no tienen ética, conciencia o moral. Al parecer hemos acabado con los bosques y nuestro clima está del carajo. Al parecer lo único que queda es quejarse y salir huyendo.
Así, ante todo esto, ¿cómo osamos perder nuestro tiempo, nuestras neuronas y nuestras esperanzas en un simple juego donde 11 contra 11 (o 12, si incluimos al árbitro en el partido de hoy) se enfrentan con un balón en los pies? ¡Esto suena ridículo, si hay tantas cosas más importantes de qué ocuparse! Si nosotros somos serios, profundos, "patriotas"; ciudadanos cultos y educados, políticamente incorrectos (es lo que está de ondita, ¿no?), radicales, guerrilleros, luchadores, de izquierda (o derecha, da igual)… Pues, precisamente por eso. Por eso vale la pena celebrar.
Yo festejo este triunfo porque es divertido (entrañable) reunirte con tus amigos, con tus compañeros de trabajo con un fin común, cosa que (seamos honestos) pocas veces ocurre: todos estamos del mismo lado. Festejo este triunfo porque nos merecemos que algo bueno suceda entre tanta mierda, porque no porque hayamos ganado somos más idiotas o se nos olvida que el fin de semana pasado fue el más sangriento en… tiempo. Yo festejo porque por primera vez tengo una playera verde (que me regalaron, sí) y matraca con mi nombre escrito.
Festejo y soy todo menos borrego; festejo y no soy panista (ni priísta ni petista ni perredista); festejo y tengo una educación universitaria terminada (y tituladísima); festejo y he visto algunos otros lugares del mundo y he aprendido a criticar a mi propio país, a mi gente y a mí misma como ciudadana; festejo porque he marchado en caravanas zapatistas, en protestas contra ocupaciones extranjeras y en procesiones por la paz; festejo porque no olvido ni me hago la ciega pero tampoco me quejo por todo y no aporto nada. Festejo porque creo que México es un país que merece festejar, porque creo que somos gente que merece que le sucedan cosas buenas, porque a pesar de lo podrido que parece todo no pierde la esperanza. Festejo porque después de trabajar tan duro, de luchar porque las cosas cambien, por tratar de hacer las cosas de la mejor forma posible, me emociona un partido de 90 minutos en donde hasta recordamos el Himno Nacional (12 años de cantarlo los lunes dejaron huella), donde nos apenamos de los penachos aparecidos en pantalla mundial (que, insisto, ¿cómo llevan hasta allá?). Festejo porque no por celebrar una victoria vamos a olvidar de dónde venimos y lo perdidos que estamos.
Festejo por ser consciente y trabajar con mi entorno; por saber que un partido de futbol no hace mi realidad más próspera o más triste, pero definitivamente la hace más alegre por un par de horas. Festejo porque mi patriotismo no es de banqueta ni cursi (aunque hoy haya sido cursísimo), porque soy parte de algo y por eso me comprometo.
Hoy festejo porque una victoria nos pone en la mira de todo el mundo y porque hacemos corajes al decir: no sólo somos tequila, penachos y mentadas de madre –aunque así parezca en todas las transmisiones-. Festejo porque "habemos" muchos mexicanos trabajando por tener un mejor país. Festejo porque sé que es sólo un juego pero también merecemos divertirnos, porque sé que también nos merecemos ganar. Festejo por esto último: porque nos MERECEMOS…
Porque nos merecemos, sí, el país que tenemos. Porque todos somos responsables de lo que sucede de una forma u otra: omisión, conformismo, ignorancia o mamonería. Festejo por saber esto y por no meter la cabeza en la tierra, por no tomar mis maletas y huir de inmediato, porque sé que también está en mí… está en mí.
Hoy festejo el ser mexicana, porque yo no olvido que la gente está muriendo en mi Michoacán, en Chihuahua, en Sonora, en Guerrero…; porque no olvido que a los niños muertos nada los revive, porque sé que las matanzas no terminaron ayer y que el poder es tan seductor que mueve hasta la médula a un país entero. No ignoro que hoy asaltaron a Áfricus, me duele que hayan abusado sexualmente en un microbús de la secretaria de una amiga hace una semana. No ignoro nada de eso, no me hago la ciega. Soy mexicana y sé que el mentar madres y seguir sin cuestionar a cualquier persona/cosa no nos hace más inteligentes, patriotas o intelectuales. Soy mexicana y sé que hay muchísimas cosas pudriéndose en este país y en este mundo. Estoy consciente de que vivimos en una época de miedo en una época de escases, de agresividad, de tensión, de paranoia. Por eso mismo yo festejo: festejo porque nos suceden también cosas buenas, porque mi naturaleza optimista me exige ver más allá de la nube espesa que cubre nuestro planeta (y no me refiero a la contaminación… solamente). Festejo porque creo y hago, porque miento madres y trato de arreglar mi reguero.
Hoy creo que hay que celebrar una victoria futbolera porque esa emoción me parece más nacionalista que cualquier partido político, que cualquier religión profesada, porque esa emoción a mí me pone en una sintonía positiva y me hace creer. Sí, llámenme cursi, inocente o lo que quieran, pero yo siento que creo. Aún creo. Y el creer me hace actuar. Y el actuar me hace logar, transformar, crecer.
Hoy creo que hay que celebrar una victoria futbolera porque ese sentimiento patriota nos une y, señores, hay que conservar eso que sentimos porque esa energía, esa sinergia es algo muy parecido a lo que necesitamos para poder HACER algo en este país: más allá de una camiseta verde o cientos de matanzas. Esa victoria no nos define así como lo negativo tampoco nos define: somos un proceso, un continuo cambio y nuestros actos serán lo que al final nos definirán; no los de él o ella, el Chicharito o el Cuauh.
Yo festejo porque hoy, después de mucho tiempo, me sentí parte de algo, de un país golpeado, ignorado, pisoteado, abusado, escupido, casi asesinado, pero también un país con una magia inexplicable y que hace que me aferre a él, a que luche por él, ya sea en el ámbito de la educación, de combatir el hambre o en medio de una cancha de juego contra los franceses. Hoy, para mí, sí que valió la pena celebrar.
Y porque el juego fue realmente emocionante, carajo.
Eso me dice mi estilista cada vez que le digo "No me lo cortes muuuucho". "No, verás que pronto te llega hasta las nalgas". La neta es que de eso ya casi 2 años y nomás el cabello no llega hasta el mentado punto. Ni me imaginen como Daniela Romo, nada que ver, mi cabellera es rizada (con esta humedad se denominaría "frenchpoody") así que con unas cuantas capas el efecto es distinto.
Pero aún así, con todo e imagen de cantante ochentera, sí quiero mi greña laaaaaaaaaaaaarga, no sé, me siento más linda y estoy segura de que me veo más bonita.
Esto es apreciación personal, gusto propio: soy yo. Ahora, siempre he escuchado que a los hombres les gustan más las mujeres con cabello largo y sigo sin entender por qué.
Me explico. Hay mujeres a las que se les ve precioso, lo tienen bien cuidado y saben usarlo (whatever that means) pero otras… ¡por Dios, que se lo corten! Y hay algunas otras que tienen el pelo corto y se ven guapísimas, ¡hasta se envidian sus facciones que quedan perfectas con poco pelo!
Serán peras o manzanas, pero creo que esto del cabello hasta las nalgas es como un cliché, algo así como los tacones altos, altísimos: algo que todos quieren y pocas aguantan. ¿O no?
El engaño comenzó ayer. A medio día el más futbolero de nuestra agencia hermana (y, creo, el más futbolero que conozco en la vida) entró a mi oficina y dijo "ah, ustedes van a ir a lo de Modelo, -tono de burla- a mí nadie me ha dicho, sí podré ver el partido inaugural". Todos lo miramos raro y pensamos que estaba loco, hasta que alguien más dijo: "Sí, tenemos que ir a Grupo Modelo, a un pitch, y es aaaaa fuerza". La verdad es que los creativos de la agencia no somos fans de ir a juntas, "eso le toca a cuentas", siempre decimos (lo cual es cierto).
A la hora de la comida el rumor era más fuerte, era inminente: TODOS, de las dos agencias, tendríamos que ir: "Y es a las 8:00 am. Y es en el Centro Banamex (en casa de su…). Y no se puede faltar. Y… Y…" Obviamente la preocupación era: ¿y… el partido de la selección?
Bueno, mientras no fuera oficial, no era oficial. Pero muy rápido fue oficial. Recibimos un mail avisándonos que teníamos que ir. Resignación. Nos pusimos de acuerdo para irnos juntos hasta allá (lejos…), ya qué.
En la noche recibí una llamada: había que registrarnos online para el chunche ese. Confieso que hasta ese momento yo pensaba que quizás era una jugarreta para que viéramos la inauguración a todo dar, pero cuando vi la página web, la idea se fugó y me llegó una fuerte emoción: enojo… ¡Cómo nos engañaban! Nos habían dicho que íbamos a ir a pelear por una cuenta importante (Modelo) y que era imprescindible la asistencia de TODOS (repito), así que el ver que en lugar de pitch era una interesantísima conferencia sobre… el bicentenario, el enojo se apoderó de… sí, TODOS.
Hoy por la mañana yo ya iba muy dispuesta a perderme el partido, total, hay que comer y hay que trabajar. Secretamente teníamos la esperanza de que algo cambiara de último momento, pero al llegar al Centro Banamex no sólo se confirmaron nuestros temores sino que todos nos enojamos más: las colas para el registro eran inmensas. Ni modo, a formarnos.
Minutos, un café y hartas galletas después, entramos a un gran salón en donde era presentado el reconocido periodista Javier Solórzano, quien prometía no tardarse demasiado y pedía que no le mentáramos la madre (al menos no mucho), se declaraba inocente.
Comenzó una presentación en Power Point en donde se hablaba de los "Nombres del Bicentenario". Entre signos de interrogación leíamos Lázaro Cárdenas, Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox y la gente comenzó a relajarse: ni modo, ya estamos aquí. Pero entonces salió otro nombre más, sin signos de interrogación: Cuauhtémoc Blanco. Los aplausos llenaron el lugar y él, Javier, dijo algo así: "Un hecho digno del Bicentenario sería que México le ganara a Sudáfrica, ¿no?" Todos gritamos que sí. En ese momento se abrieron las cortinas gigantes a nuestra derecha y un mariachi comenzó a tocar al mismo tiempo que papeles multicolores caían del techo, humo y gritos se mezclaban. Al fondo, tres pantallas gigantes, a los laterales, otras dos: bienvenidos al bar de Corona.
Por supuesto que todos corrieron a ganar una de las salitas, éramos muchos y todos estábamos emocionados.
Así… justo a tiempo, llegamos a una mesa para sentarnos y, con una cubeta de cervezas al centro, entonamos el himno nacional con muchísimas ganas (¡todavía lo recuerdo!)
Habíamos sido víctimas de un engaño: éramos parte de una brand activation (activación) por parte de nuestras empresas. Grupo Modelo, Cie, Axa, Axtel, Lotería Nacional, Banamex, Möller, y no sé cuántas agencias más, estábamos ahí, poniéndonos la verde (cortesía de Corona), echando chela, haciendo harto ruido con cornetas, y entrándole agustísimo al desayuno buffet.
Tres, cuatro cámaras (una en súper grúa) captaban todo lo que sucedía en las mesas. Los meseros no se daban abasto para atendernos, yo corría de una mesa a otra con lo que parecía era un camisón –nomás se me asomaba un poco de falda- y me sentía realmente nerviosa, esto del futbol ¡me estresa!
"Chicharito, Chicharito", gritábamos cuando veíamos que la selección no daba una. "¡¡Estoy lista para un gol!!", gritaba Carlita en la euforia.
Chelas, más chelas, todo mundo ya estaba re-entonado y no eran ni las 10 de la mañana.
El gol de Rafa Márquez nos desquició a todos. Los dos hombres vestidos de Cebra habían dejado su disfraz al lado para celebrar con la raza, incluso las buenísimas edecanes que nos habían repartido las playeras verdes y los calendarios mundialistas se emocionaban.
Creativos, clientes, ejecutivos y jefes, pedíamos más goles, "Uno más, carajo". Pero no, no llegó. Llegó el pitazo final y con él, se marcharon casi todos. Casi… porque nosotros escuchamos el rumor de que habría baguettes para la comida, ¿¡y cómo rechazar eso?!
Este día no activamos, pero fuimos parte de una gran activación. Quizás no la más original (ya existe un caso así, muy exitoso, por cierto), pero eso sí, muy muy muy divertida.
Hoy, por vez primera, me gustó el engaño. Y mucho.
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ACTUALIZACIÓN
Aquí les dejo el video que hizo Corona sobre la activación. Sí, es muy parecido... ¿alguien ha descubierto el hilo negro?
Con todo y la falta de "originalidad", los que más critican son los que no estuvieron ahí... La neta los que sí, lo disfrutamos muchísimo.
El fin de semana estuve reflexionando sobre la amistad y el poder de la palabra. Me topé con un desconocido en el avión y estuvimos hablando de cierta situación que me dejó un amigo menos pero la tranquilidad de haber dicho lo que sentía. Ante eso él me dijo que a veces la gente no tiene la madurez para hablar las cosas de frente, sobre todo si alguien está enojado con nosotros.
Esas palabras me dejaron pensando en cómo son las relaciones interpersonales, muchas veces las personas nos callamos las cosas para no perder al amigo y dejamos que nos lleven entre las patas… ¿qué tanto estamos dispuestos a decir lo que sentimos y a recibir retroalimentación? ¿Qué tanto es tantito?, ¿cuánto es demasiado?, ¿hasta dónde hay que permitir y hasta dónde hay que explicar?
Y esto va en la amistad, en la familia y en la pareja, ¿cuántas veces vemos que un lado de la pareja se aguanta todo "para no hacer las cosas más grandes" y justo cuando empieza a decir lo que piensa o a explicar sus puntos de vista "ha cambiado taaanto"?
No sé cuáles sean las respuestas, mientras, hay que seguir tratando de encontrar el equilibrio entre expresar lo que sentimos y pensamos y dejar que el otro haga lo mismo… ¡qué difícil!
Así dice el status de Facebook de mi amiguita Mono. Tiene que ver con alguien que está en el hospital, después de un infarto.
Si estás en tus 20's, un infarto puede ser fatal, si eres mayor de 50, puedes recuperarte bastante bien. Ambos casos les ha sucedido a un par de amigos y me pregunto, ¿qué nos lleva a tal extremo que nuestro corazón grita que ya no puede más?
He pensado en lo evidente: estrés y malos hábitos de vida: mucho cigarro, no ejercicio, alcohol, no dormir, muchas presiones y poco descanso.
Claro, todos los podemos regañar, "Fulano, pero ¿qué estás haciendo con tu vida? ¡Cuídate!" y yo, en lo personal, me enojo, me indigno… ya saben… cosas bien bonitas. Pero… ¿qué tan exentos estamos nosotros de sufrir un infarto?
¿Por qué dejamos que el estrés maneje nuestras vidas?
Chale, yo nomás ando de malas pensando en todo esto y quería compartirlo en este espacio: viva la vida, abajo los infartos.
(Post escrito pensando en dos amigos atacados, ¡me enojan!)