¿Cuántas veces no leemos un libro y de repente encontramos remedios infalibles para cualquier cosa? Puede ser desde "cómo curar un corazón" (muy socorrido) hasta el método adecuado para matar a un dragón sin ser mordido o sin derramar mucha sangre. Cosas muy útiles, ya saben.
La idea de encontrar remedios caseros (o prefabricados) en las páginas de libros surgió en una plática con El Señor Tlacuache, ese que ya no escribe pero que se convirtió en un célebre blogger. Yo pensé en algo truculento, como el recitar una canción de cuna para deshacernos discriminadamente de los enemigos, o quizás tallarse con un pedazo de espejo para desaparecer un tatuaje… pero me parecieron algo oscuras (premio para quién sepa de qué libros hablo). Quizás sea mejor concentrarse en lo mundano, como la súper eficaz receta para desaparecer las verrugas del Tlacuash, su secreto mejor guardado desde la infancia. Aquí les va:
-¡Hola, Huckleberry!
-¡Hola, tú! Mira a ver si te gusta.
-¿Qué es lo que tienes?
-Un gato muerto.
-Dime: ¿para qué sirven los gatos muertos?
- ¿Servir? Para curar verrugas.
-¡No! ¿Es de veras? Yo sé una cosa que es mejor.
-¿A que no? Di lo que es.
-Pues agua de yesca (la que se estanca entre montones de hojarasca, hongos o corteza de árboles).
-¡Agua de yesca! No daría yo un cacahuate por agua de yesca.
-¿Que no? ¿Has hecho la prueba?
-Yo no. Pero Bob Tanner la hizo.
-Ah! ¡Vaya un modo de curar verrugas con agua de ca! Eso no sirve para nada. Tiene uno que ir solo en medio del bosque, donde sepa que hay un tronco con agua, y al dar la media noche tumbarse de espaldas en el tronco y meter la mano dentro y decir:
¡Tomates, tomates, tomates y lechugas; agua de ca, quítame las verrugas! y, en seguida dar once pasos deprisa, y después dar tres vueltas.
-Como juego tanto con ranas, me salen siempre a montones. Algunas veces me las quito con una judía.
-Sí, las judías son buenas. Ya lo he hecho yo.
-¿Sí? ¿Y cómo lo arreglas?
-Pues se coge la judía y se parte en dos, y se saca una miaja de sangre de la verruga, se moja con ella un pedazo de la judía, y se hace un agujero en una encrucijada hacia media noche, cuando no haya luna; y después se quema el otro pedazo. Pues oye: el pedazo que tiene la sangre se tira para juntarse al otro pedazo, y eso ayuda a la sangre a tirar de la verruga, y en seguida la arranca.
-Así es, Huck; es verdad. Pero si cuando lo estás enterrando dices: «¡Abajo la judía, fuera la verruga!», es mucho mejor. Así es como lo hace Joe Harper, que ha ido hasta cerca de Coonville, y casi a todas partes. Pero, dime: ¿cómo las curas tú con gatos muertos?
-Pues coges el gato y subes al camposanto a medianoche, donde hayan enterrado a alguno que haya sido muy malo; y vendrá un diablo a llevárselo; pero uno no lo ve, no se hace más que oír algo, como si fuera el viento y cuando se estén llevando al enterrado les tiras al gato y dices: «¡Diablo, sigue al difunto; gato, sigue al diablo; verruga, sigue al gato, ya acabé contigo!» No queda ni una.
Como verán, en los libros no sólo se viven otras realidades, también se obtienen recetas increíbles para aplicar en el día a día, ¿a poco no?
¿Tú tienes algún #remedioliterario que pueda enriquecer nuestra vida?