¡Me encanta ser un cliché! ¡Y me encanta no serlo!, porque justo eso es lo que me hace ser YO, única y “complicada”.
Justo alguien me dijo “No seas un cliché de una mujer de tu edad” y, la neta, me sorprendió. No porque sea bueno o malo, sino porque simplemente me alegra darme cuenta que ya no me preocupan esas cosas… si lo soy, está chido, si no, también, pero por las razones que, para mí, son correctas.
¿En dónde dice qué cualidades, características o actividades se deben de seguir en determinadas edades? Ah, pero no se hagan, todos hemos pasado por ahí, ¿qué no? En la escuela nos enseñan que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos… y también sabemos que el ciclo va así: primaria, secundaria, preparatoria y universidad. Pero… ¿y luego?
Yo pensaba que no era un típico cliché, porque he hecho cosas que pocas personas de mi edad han hecho… y claro, porque NO he hecho muchas otras. No entraré en detalles, lo saben bien.
Pero quizás sí he tomado ciertos roles o gustos que “me corresponden” y, ¿saben qué? ¡me encanta!
Siendo muy honesta, no me gustaría ser una mujer de 34 que se comporta, que se vive, como una mujer de 24. Por eso mismo cada vez que me he preguntado (o alguien más) si me gustaría regresar a alguna etapa de mi vida digo NO (qué flojera).
Creo que si uno vive al 100% lo que QUIERE vivir en SU vida, poco se preocupará por caer en ciertos estereotipos o por quedarse atrapado en una etapa “mejor”.
En mi muy personal punto de vista no podría hacer lo que hacía hace… ni 5 años, menos 10. Tal vez porque he tenido la fortuna de rodearme con gente más grande que yo –la mayor parte de mis mejores amigas son de mi edad o más grandes… incluso más de una década más grandes- lo que me ha mostrado otras realidades. Yo he tomado lo que considero es para mí, siempre guardando mi personalidad.
Mi temperamento no es el de una señora amargada de 70 años (aunque a veces me comporte como tal) pero, afortunadamente, tampoco el de una chava recién salida de la uni. Para mí, la magia de la vida está en vivir cada etapa en su totalidad, para después no estar con regrets o siendo una triste sombra de lo que algún día fuimos (o nos aferramos a seguir siendo).
Qué maravilla crecer y madurar, evolucionar y aceptar los cambios de cada etapa. Porque como seres corpóreos, mentales y espirituales, venimos para evolucionar.
Por supuesto que esa es una decisión personalísima (y respetable, aunque seguramente criticable por muchos), pero al fin y al cabo una decisión.
Así que hoy brindo por los clichés que nos hacen ser lo que somos: los clichés elegidos y disfrutados. Brindo por el enorme placer de ser lo que somos: únicos y, espero, felices de seguir construyéndonos, encontrándonos, llorándonos, brindándonos, aventurándonos y… disfrutándonos.
Olé (= alá = amén).


