Dentro de la mesa de la sala de juntas, el Think Tank, hay tarjetitas creativas… o que te dan tips para despertar tu creatividad.
Una tarjeta en particular decía “Piensa como un niño”, lo cual algunos dejan de hacer muy pronto y, otros, quizás, nunca lo dejamos de hacer.
Pensar como niño es imaginar, sorprendernos, dejarnos llevar… que nada nos limite, al menos en el mundo de la imaginación.
Veamos cómo funcionaba nuestra imaginación cuando éramos mocosines: ¿Quién no pasó mucho tiempo viendo las nubes e imaginando formas? Venga, confiesen que aún lo hacen. O, ¿quién recuerda una misa completa durante la infancia? Seguro habrá quien pensaba que “El Hijo” estaba a la derecha del Sacerdote (“El Padre”) y se preguntaba qué andaría haciendo… y no faltará quien imaginaba una banda de rock en el escenario o hasta cómicas situaciones de los presentes.
Vaya, que no había mejor remedio para dejar de imaginar ¡que rezar un rosario! (Era la única forma de quitar imágenes de mi cabeza).
¿Quién no se imaginó recibiendo un premio mientras se bañaba? El premio era la botellota de Caprice Rosa (que duraba años y de verdad te desenredaba) y hasta lagrimita había cuando decíamos el speech que nos sabíamos de memoria –no hay que dejar nunca fuera a nadie-.
Una tarjeta en particular decía “Piensa como un niño”, lo cual algunos dejan de hacer muy pronto y, otros, quizás, nunca lo dejamos de hacer.
Pensar como niño es imaginar, sorprendernos, dejarnos llevar… que nada nos limite, al menos en el mundo de la imaginación.
Veamos cómo funcionaba nuestra imaginación cuando éramos mocosines: ¿Quién no pasó mucho tiempo viendo las nubes e imaginando formas? Venga, confiesen que aún lo hacen. O, ¿quién recuerda una misa completa durante la infancia? Seguro habrá quien pensaba que “El Hijo” estaba a la derecha del Sacerdote (“El Padre”) y se preguntaba qué andaría haciendo… y no faltará quien imaginaba una banda de rock en el escenario o hasta cómicas situaciones de los presentes.
Vaya, que no había mejor remedio para dejar de imaginar ¡que rezar un rosario! (Era la única forma de quitar imágenes de mi cabeza).
¿Quién no se imaginó recibiendo un premio mientras se bañaba? El premio era la botellota de Caprice Rosa (que duraba años y de verdad te desenredaba) y hasta lagrimita había cuando decíamos el speech que nos sabíamos de memoria –no hay que dejar nunca fuera a nadie-.
Y así nos imaginamos estrellas de cine, chefs famosos, maestras sabias, enfermeras que sanaban brazos de osos despedazados por hermanos monstruosos, diseñadoras de modas, locutoras, bailarinas, corredoras de autos, arquitectas de ciudades de tiza, medallistas olímpicas, jugadoras profesionales de volibol, pintoras y hasta copys publicitarias.
¿Quién no contaba cada hoja de cada trébol que se encontraba (esperando, por supuesto, hallar la suerte en un 4)? Y confiesen que todos se imaginaban siendo súper héroes: volando, convirtiéndose en agua, volviéndose invisibles, teniendo fuerzas que dejarían tarado a Sansón.
La imaginación nunca se acaba, nosotros somos los que la apagamos, los que nos limitamos.
Por eso, hoy que vi esa tarjeta pensé si ya dejé de pensar como una niña y me sorprendí imaginándome un nuevo y cálido futuro… Creo que todavía hay latita pequeñita e infanta para rato.




