Después de unas vacaciones muy merecidas en donde hice justo lo que hacía mucho tiempo no hacía: nada, vuelvo a la rutina de la vida. Me encontré con mi casa, que olía un poco a flores marchitas, con la Nochebuena un poco triste, con el retoño de Li (plantita que casi se me muere) asomando su hojita de la tierra… me encontré mi casita que casi no reconozco, la encontré como siempre: bonita, luminosa.
Y también me encontré a amigas con las que me desahogué, al marchante que tanto me gusta (el de los súper juguitos), con sus bracitos "muy de hombre de verdad, de esos que levantan cajas". Me encontré mi sushi, el bazar, calcetas sexys, lugares monótonos, gente que ya no me gusta, gente que me gusta más, olores conocidos y recuerdos que se diluyen.
A veces las vacaciones nos muestran qué es y qué no es, qué sí debería existir y a qué deberíamos ya de renunciar.
Pero mientras son peras o manzanas, yo sé que este lugar lo quiero, quiero escribir y pensar, reflexionar y sentir. Ah, y sobre todo, hoy quiero dormir porque quiero soñar.
Y también me encontré a amigas con las que me desahogué, al marchante que tanto me gusta (el de los súper juguitos), con sus bracitos "muy de hombre de verdad, de esos que levantan cajas". Me encontré mi sushi, el bazar, calcetas sexys, lugares monótonos, gente que ya no me gusta, gente que me gusta más, olores conocidos y recuerdos que se diluyen.
A veces las vacaciones nos muestran qué es y qué no es, qué sí debería existir y a qué deberíamos ya de renunciar.
Pero mientras son peras o manzanas, yo sé que este lugar lo quiero, quiero escribir y pensar, reflexionar y sentir. Ah, y sobre todo, hoy quiero dormir porque quiero soñar.

