lunes 19 de diciembre de 2011

The good and the evil en época de regalitos



Imagine esta escena:  el angelito me habla a la derecha y el diablito a la izquierda. Al oído, no tan quedito como deberían.


El angelito trata de convencerme de ir hacia el bien, obviamente, de seguir por el buen camino comenzado desde hace tiempo. El diablito me habla de quedarme en el lugar oscuro, en los patrones que ya se rompieron y que por fuerza de costumbre, una tiende a repetir.


Y no, no hablo de comida marrana, de no hacer ejercicio y ese tipo de costumbres que, qué le vamos a hacer, sí están arraigados deep inside. No, hablo de otra cosa.


Les cuento mi triste y diabólica historia.


Iba yo feliz, lalalalala, paseando por los pasillos de cierta tienda cuyo nombre me guardaré (es uno de mis secretos) mirando entre objetos vintage, basura overpriced y una que otra joya. ¡Una Paquita!, grité al descubrir las revistas de moda de los años 50’s… Claro, yo las conocí porque mi abuela materna tenía muchas y en ellas descubrí la moda a la Jackie Kennedy que me moría por usar a mis tiernos… ¿8 años? Guantes largos, sombreros, faldas con crinolinas. Todo el glamour, pues. El ver esas revistas me llevaron a mi infancia, esa infancia en la que solo quieres crecer para poder usar de esos vestidos (¿qué importaba si eran los 80’s y me hubiera visto ridícula…?), también encontré patrones para hacer ropa de esa época (esos que venían en cajita) que quería comprar de inmediato (¿para qué?, buena pegunta)…


Luego me topé con unos LP de vinilo, unas jarras de rancho (no puedo definirlas de otra forma), carritos de esos de la colección de papá que destruimos,  tazas (las quiero todas), porta retratos con fotos de personas desconocidas… y de repente… una sorpresa.


Mi papá nada más me seguía, mientras yo corría por la tienda para alcanzarla y mis hermanos salían discretamente, fingiendo no conocerme…


Hagan de cuenta que el cielo se iluminó y salió un rayito de luz… alumbró exclusivamente el objeto y yo no podía soltarlo. Estaba como pegado a mí. Era… perfecto.


Lo compré, por supuesto.


El problema… sí, había un problema, el problema era para quién era perfecto. No, no era un regalo para mí. Era para alguien que hace poco tiempo ya no está en mi vida.


Era perfecto y lo compré para esa persona. Salí muy convencida de que quería que lo tuviera. Según yo, pocas lo apreciarían tanto como esa persona. Pero llegó el diablito.


Ya en el silencio del hogar se aparecieron las dudas: ¿Para qué diantres lo compré, si ya ni nos hablamos? Claro, una de mensa comprando regalos para alguien que ni se acuerda de ti. No, obvio, no se lo merece… El pinche diablo gritaba a mi oído mientras el flojonazo del angelito dormía. Estoy segura que dormía porque ni pío hacía.


El diablito ganó (obvio) y decidí vender el preciado objeto. De hecho, hasta pensé en  hacer negocio y todo. Seguramente habría gente interesada en los objetos encontrados, y yo podría enriquecerme a sus costillas (y sus carteras). Nombre, si el plan era perfecto.


Hasta hoy en la mañana. El pinche ángel por fin despertó (me late que el diablito le dio un valium para deshacerse de él) y empezó a endulzarme el oído: Pero si ese regalo no lo compraste porque lo mereciera o no, lo compraste porque se te dio la gana. ¿Qué no habíamos dejado ya ese tema de “doy porque me dan”? ¿En verdad puedes dar sin recibir nada?


Y así mi ojo.


Vaya, yo solita me puse la prueba. ¿No que muy Chuchita cuerera?


¿Será que podré regalar algo sin esperar nada a cambio, ni siquiera un “gracias”? ¿Habré llegado al punto real de alejarme lo suficiente como para dar sin peligro ni miedo?


No lo sé.


Mientras tanto, estas dos conciencias contradictorias me siguen murmurando, picando, retando. La historia no ha terminado.

8 amables lectores han pasado... ¡valientes!:

El hombre del traje gris dijo...

yo creo que el dilema no es el recibir o no algo a cambio, sino que si la otra persona ya no esta es por algo y probablemente buscarla y regalarle algo no sea la mejor de las ideas, por n motivos.

y por qué no, hacer negocio de un error no suena mal, jaja :p

Lata dijo...

Trajeado... tú tan inteligente. Es bueno recibir retro... =D

Mimis dijo...

Y las consecuencias del dar el mentado regalo,,, donde nada seria lo menos,, dificil elección,,, aunque creo que yo lo enviaria,,,

Aprovecho para agradecer tus lineas,, siempre es muy grato leerte

Felices fiestas !!!

€$T0P€$ dijo...

Jaaa, yo tengo unos regalos traídos de Israel, en su color favorito y todo. Y nunca saldrán de la bolsa en la que están...y no es porque no me vaya a mandar regalo de vuelta, es porque no tenía sentido mandarlos. Aunque la diferencia fue que los compré cuando SÍ tenía sentido, tu lo hiciste más random, y no creo que esté mal haberlo revendido.

Guri dijo...

Ashhh... qué feo es recordar las cosas perfectas para esas personas que ya no están en nuestras vidas, no?
Yo creo que hay que partir del hecho de NO recordar ese tipo de cosas :P

Lata dijo...

Guri: este nuevo año (que por alguna razón yo ya comencé), será de dejar fluir. De no luchar contra lo que pienso y siento, justo por eso lo compré. JA. Ahora el problema es que sigo sin saber qué hacer con él. Ya te contaré.

Estopes...no lo he revendido aún. Sigue ahí, empacadito y esperando a que yo me decida. Qué tal?

Mimis... exacto!! Las consecuencias, ¿cuáles serían?Pues aún no lo envío, está empaquetado ya. Tinguiringuiringui. ¡Felices fiestas a ti también!

la mis dijo...

en algún momento todo tiene sentido, tú déjate llevar y compra todo lo que se venga a mente: ya sea que lo des o te lo quedes, siempre servirán de algo!

OAB dijo...

si lo compraste para alguien, entregaselo a ese alguien. Cuando te pregunten el por qué, solo queda responder "porque quise".

Por cierto, el otro día fui al cine y te vi en un promocional de turismo de Michoacan vestida de monja.