jueves 24 de febrero de 2011

Presuntos todos


Si pudiera, me sentaría con calma en el comedor de mi casa, pondría la música adecuada (algún rap) y, con café al lado, escribiría una hermosa y sentidísima reseña de Presento Culpable. Hablaría de lo que me duele México, de la desilusión de nuestra justicia, de la lucha por la verdad, de las contradicciones, del Presunto Culpable...
Desgraciadamente no es el caso.
Sí, fui a verla. Sí, me gustó. Tanto tanto…
En forma de bullets diré:
·      Desde el minuto uno sentí un hueco en el estómago  y las lágrimas no dejaban de salir (no, no berreé, tampoco se imaginen eso… sólo rodaban).

·      La ejecución del documental es buena, me gustó mucho los recursos visuales que utilizaron para armarla: bien pensada, bien editada… bien hecha.

·      No soy fan de los documentales, y este sostiene el espíritu de Los Ladrones Viejos, que también me gustó mucho.

Un documental tiene la función de retratarnos la realidad, de darnos una mirada oportuna, incómoda, cómoda, sencilla o complicada, lo más objetiva posible de cierto hecho, lugar, acontecimiento.
En Presunto Culpable se retrata el sistema de justicia mexicano a través de un caso en particular, el del tocayo de mi siamés: Alberto Zúñiga.
Confieso que leí la reseña que hizo Dan Campos hace ya un tiempito pero no la recordaba del todo, así que evité cualquier información al respecto para no ir con ninguna expectativa (ya ven, yo esperaba mucho más de Black Swan, que sí me gustó pero… esperaba más).
Por lo tanto, en la oscuridad de la sala me dejé llevar por los recursos narrativos y visuales de los directores, y por la historia del Beto.
Supongo que pocas personas habrán dicho que se conmovieron de principio a fin, pero ya ven, soy así de hormonal.
Sólo les puedo decir que vayan, que corran, que no se la pierdan.
¿Ya compraron el boleto? ¿Ya? ¿Ya? ¿Ya?
¿Ya?
¿Ya?


¿Ya?



martes 22 de febrero de 2011

To tell you the truth...

Vendo momentos inconclusos, noches de incertidumbre, sueños sin final.
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Regalo botellas de vino membretadas, copas con mensajes, velas con mechero sin usar; 50 velas, 2 nombres y una fecha.

Regalo también sonrisas, suspiros e ilusiones; intentos y temores.

Los regalo fácilmente, a quien no los pide, a quien no le sirven, a quien no los quiere.

Y al final me quedo sin nada. Empatada, cero a cero. Nada que decir, que argumentar, que defender, por qué luchar. Vacía pero no sin nada; vacía de vaciada, sin remordimientos, sin acusaciones, sin promesas ni ilusiones.

Así pasa en las fantasías, en las necedades. Así pasa en los minutos que no existieron, en las horas que ni siquiera en la memoria quedaron. Sin fotos, sin canciones, sin apodos. Nada. Nada especial.

lunes 21 de febrero de 2011

Vidas caóticas

No sé si es la modernidad o simplemente mi vida y de la gente que me rodea… Pero el caos impera en estos rumbos, ¡en todos los sentidos!

¿Será la edad?

Mi vida ha atravesado por varios cambios y eso me obliga a replantearme muchas cosas.
Y veo todo eso que cada vez salta más ante mis ojos: los patrones que repetimos. Nuestro miedo al compromiso. El terror al cambio. El miedo a la estabilidad. La insuficiencia. El conformismo. La escasez. La tristeza. La soledad. La rutina. La cerrazón. La desilusión que no marca, tatúa. Crisis.

Me pregunto si nuestros padres pasaron por lo mismo y cómo lo enfrentaron. O quizá no se dieron cuenta o lo tomaron como parte de su realidad. Pero según yo no era así.

¿Seré sólo yo? De verdad, genuinamente hago esta pregunta. Hace un rato escribía un correo, a esa amiga/terapeuta mía, y con mi más infantil curiosidad puse: “¿Cómo vive la gente sin cuestionarse, sin trabajar consigo misma, sin hurgar, sin mirar, sin intentar? ¿Podré ser así algún día?”

El caos es parte del cambio y el cambio es evolución. Ahí sí no tengo duda, la evolución es algo que busco, que anhelo, aunque parece que a veces se me olvida y me engancho con el pasado, con sus fantasmas, con las carencias, con lo oscuro de mí misma. Caigo y vuelvo a caer, y me regaño, me cuestiono, me enojo. Mucho. Mucho.

No sé si las vidas caóticas son mejores o peores, pero en estas vidas también hay espacios de silencios, de privacidad y paz. También son parte del caos. O al menos del mío.

sábado 12 de febrero de 2011

Una historia de amor

No recuerdo cuándo comenzó mi gusto por el cine. Yo no crecí en una casa de intelectuales ni entre música clásica o libros. Las películas que mis papás nos llevaban a ver eran de Disney y, más grande, por ahí de la pubertad, las favoritas eran las románticas o de acción con permanencia voluntaria…
    
Eso sí, nunca olvidaré que estaba como en cuarto o quinto de primaria cuando fui sola, con dos amigas, al cine. Vimos “Fiebre de Amor”, con Lucerito y Luis Miguel, y no fue en el Multicinemas de los Ramírez, no, qué va… era mexicana y esas no las pasaban en Plaza las Américas. Tuvimos que ir al centro… a ese lugar un poco spookie cuyo nombre he olvidado. Fuimos porque éramos re fans de Lucerito (Fuego y ternuraaaa). Así de fresa y ñoña era.
 
Por eso, si me preguntan de dónde surgió una vocación de directora de cine la respuesta es: no tengo idea. Quizá haya sido culpa de la universidad, de mis compañeros y de las revistas Cinemanía y Cinepremiere que eran novedad en el mercado. Ahí podía leer todo sobre Hollywood y en ese entonces me sabía la filmografía completa de… no sé, Spielberg tal vez.
 
En mi generación de flamantes estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la honorabilísima Vasco de Quiroga había muchos amantes de las películas. De hecho, mi novio de esa época y yo compartimos horas y horas viendo (y no viendo) cualquier cantidad y género de filmes cuyos títulos he borrado de la mente por completo. Creo que eso es algo que siempre recordará de mí: nuestro creciente interés compartido por esa forma de arte, la audiovisual en 35 milímetros. Por supuesto, en los cortos que hacíamos yo fingía como co-directora junto a don gigante novio y, sin querer, también la hacía de productora.
 
Y un día, sin más ni más, estoy casi segura que entre el primer y el segundo año (justo en el verano) el cielo se iluminó y una voz angelical me indicó el camino… Sería directora de cine.
Pasaron los años y justo a los tiernitos 22, recién egresada y titulada, tomé mis maletitas e inicié la aventura en mi primera temporada en Chilangolandia. A los 4 días de llegar, aquellos amigos actores que fungieron como mis primeros guías en la ciudad me invitaron a participar en un cortometraje: mi sueño se hacía realidad.
     
Lunes, martes, miércoles, jueves y viernes vivía en Estudios Churubusco. BenjamínCann filmaba Crónica de un desayuno y Jaime Ruíz y su equipo preparábamos Los Maravillosos Olores de la Vida. ¿Podía ser más perfecto? Bueno, sí. Como en todo idilio hubo baches… como los económicos. Nos quedamos sin fondos y la moreliana (o sea yo) tenía que vivir de algo. Adiós cine hola televisión.
   
Entre Hechos y Hechos, tuve la oportunidad de participar en comerciales, videos diversos y algunas producciones muy esporádicas. Eso sí, veía películas al menos una vez a la semana y ya no estaba tan segura de estar preparada para mi vocación de cineasta. Por eso decidí meter papeles para cualquier beca posible para estudiar una maestría en Producción Audiovisual o estudios Cinematográficos: UCLA, USC, NYFI, algunas de Madrid, Londres, Argentina y hasta Cuba recibieron mis papeles. Fui pre-aceptada en todas pero la beca nunca llegó… ¿y cómo les explico?
    
Mientras tanto me dedicaba a trabajar en televisión y poco después, en internet. Mi vida era buena, me divertía, me endeudaba, pero no crecía profesionalmente. Hasta que me harté y me largué, ya se saben esa fase de mi vida. Adiós México hola Londres. ¿Pueden imaginar un mejor lugar para ver cine que Londres? Yo no. Películas en idioma original de países que no sabía que existían. Conocí a varios estudiantes de cine y alguna vez me topé con actores y actrices (Ewan, Clive… etc.). Una vez a la semana Other Cinema, Prince Charles, Bixton Academy, Ritzy, Clapham Picturehouse, BFI y hasta Odeon me recibían en la oscuridad y yo sentía que era el lugar ideal para mí.
   
En algún momento del camino decidí que prefería ver el cine que hacerlo… o bueno, hacer sólo cine. Retomé la escritura y me di cuenta de que en este arte era donde quería dejar mi alma… en las letras, de la forma que fuera.
     
Eso sí, de vez en cuando necesitaba meterme en algún set, correr con los gaffers, pedir los permisos y hasta meterme al área de hojalatería y pintura (maquillaje) a que me retocaran… El rush de una producción audiovisual no tiene igual. No, no para mí para todos los días… pero sí de vez en cuando para poder respirar y expirar energía.
    
Y así pasan mis días, entre una cosa, con la memoria de teflón más que nunca… olvidando ya la filmografía de todos, comparando entre obras sin saber y disfrutando las más pelis posibles: en festivales, corridas comerciales, pantallas de salas o de recámaras y, a veces, en la laptop. Soñando con algún fin de semana de filmación, detrás o delante de la cámara, sólo para sentirme viva… en la pantalla.
    
Esta es la historia de amor… entre el cine y yo.

sábado 5 de febrero de 2011

De autos y prejuicios

Y sí, ahora ya todo mundo sabe qué es el Mastretta y, al menos, conocen el mejor programa de automóviles del mundo, Top Gear.

Ok, para quien no se haya enterado, al final les dejo el video de la polémica, para que sepan de qué hablamos.

¿Qué pasó ahí?

Bueno, para ser honesta creo que sí se pasaron un poco de la raya de burlones… Todos sabemos que los ingleses tienen un sentido del humor bastante peculiar, no cualquiera lo aguanta y no cualquiera lo entiende.

En mi particular punto de vista ellos se estaban burlando de ellos mismos para empezar; no es ningún secreto que muchos ingleses son bastante ignorantes, que no se esfuerzan en aprender otros idiomas y no les interesa viajar. Hay que subrayar muchos, porque también hay muchos otros que viajan mucho, que leen, que estudian y que conocen mucho más del mundo de lo que la mayoría de nosotros sabremos en nuestras vidas.

También hay que decir que todos, ingleses, mexicanos, franceses, argentinos, colombianos, tenemos estereotipos propios y ajenos. ¡Vaya sorpresa! De hecho, tengo un proyecto de fotografías precisamente de esto y que, precisamente hice en Inglaterra sobre el estereotipo y la realidad. Lo más curioso es que lo hice allá… sí. ¿Por qué precisamente en Inglaterra? Porque a pesar de esos prejuicios, de esa ignorancia, en este lugar se vive una tolerancia que yo no conocía y no he vuelto a ver. Justo en pleno Inglaterra aprendí, para empezar, que los ingleses no son para nada como se pintan. Al menos no todos.

Entonces, ¿qué pasó ahí? Para mí fue claramente una broma de mal gusto que se pasó un poco de la raya… les gustó y se siguieron de largo. Pero nada más.

Ni son unos prejuiciosos racistas ni se van a condenar en el infierno por pensar que somos flojos, flatulentos y nos apellidamos Tortilla.

Yo nada más los invito a que piensen en todas esas imágenes que tienen en la cabeza, en los juicios de valor que emitimos y… que sean tolerantes. Al final de toda esta polémica nos quedamos con varias moralejas, y una de ellas es que en México… somos bien brabucones cuando nos sentimos ofendidos... ojalá reaccionáramos así para lo realmente importante.

miércoles 2 de febrero de 2011

Coca cola lo hace de nuevo

De un par de años a la fecha los comerciales se parecen. La mayoría apela a ver lo mejor de nosotros, sacar lo bueno... ya sea para vendernos agua o seguros de vida, ¡qué más da!, todos son iguales.

Pero una vez más los creativos de Coca Cola, que sieeeeempre me sorprenden, han sacado una campaña que, si bien habla de lo mismo que los otros, rompe un poco con lo que vemos siempre.

¿Quién no recuerda las campañas de "Primera vez", "Que levante la mano", "Un aplauso", o el de "¿Señor yo...?" Pues ahora les dejo "Razones para creer".

¿Serán las suficientes?

Yo digo que sí.