La vida a veces parece ser muy injusta. Todos hemos sentido en alguna ocasión que no obteníamos lo que merecíamos: el reconocimiento por nuestro trabajo, trato equitativo, atención suficiente, el amor requerido… Y hay quien osa afirmar que a la gente buena no le va bien, que para qué ser correctos, justos, honestos, si en esta vida sólo los tranzas avanzan, si la podredumbre del hombre está arrasando con la parte bondadosa de la especie humana…
Sí, todos hemos estado ahí, alguna o muchas veces.
Yo lo he estado. He estado enojada y dolida; he pensado que merecía más y mejor. O no. También he pensado que no lo merecía… no de esa manera, no en ese momento. Bueno y malo.
Hace poco alguien me dijo una frase muy sabia, iba algo así: “Es que el problema es que no recibimos lo que pedimos… o más bien, no en la forma en que lo queremos”.
Tal cual.
La vida es muy redonda, redondísima. Co-creamos nuestra realidad con la ayuda de algo más grande, somos magos… diría mi amiga Adriana, “ah, lo querías, pues ¡concedido!”
Cosas buenas y malas vienen, es cierto. No todo es dicha y felicidad. Pero, ¿saben?, las justas recompensas llegan y de formas inesperadas. Vienen a manera de una amiga que dice que necesita darte un abrazo porque sabe que estás mal. Llega a tu casa con un paquete de cervezas además del abrazo, un oído pronto y cariños adecuados. Llega en forma de sorpresas para consolarte por pérdidas, pueden ser en forma de reproductor de DVD o hasta de canción favorita.
A veces, utilizan aviones y cruzan países enteros para estar contigo 4 días de vacaciones, y hasta traen machaca y queso menonita bajo el brazo, además de anécdotas, compañía, cariño y carcajadas.
En ocasiones dejan pistas por tu hogar… pistas ciegas que te comes en forma de hot cake. Esas pistas te llevan a sorpresas y más sorpresas: físicas, materiales y emocionales. Porque no es sólo es el objeto sino lo que trae consigo: lo dejan en el lugar perfecto, en donde puedes recordar el pasado, contemplar el presente y registrar el futuro.
Vienen en forma de corazón de cabeza, de paseos en trajinera, de maratones de yoga, de videos, libros, palabras, DM y hasta unfollows.
Así, vamos recibiendo todo eso que hemos cosechado y que a veces no alcanzamos a ver. Porque importa e importamos, impacta e impactamos.
Sí, María Cristina, la vida podrá parecer misteriosa, injusta, deprisa. Pero en el fondo vas descubriendo de a poquito que no lo es. Que vale la pena. Sí vale la pena.
Felices últimas horas de 34. Y bienvenidos sean esos 35.
Oh, sí. Ha valido, vale mucho la pena estar aquí.
It is worth it…



