lunes 30 de mayo de 2011

Se busca


Se busca… se busca.
No se encuentra. Se sube, se baja. Se busca. Se encuentra.
Se ve. Lo ves. Luego, ya no lo ves.
Se busca. Se encuentra. Se pierde.  Se queda, se va, lo vas, lo dejas, te deja. Te asustas, se asusta.
Te sientes infante, eres un adulto. Te pierdes, te encuentras. Te miras. Lo miras.
¿Te mira?

martes 24 de mayo de 2011

Tía Lata

No sé si sepan, pero escribo en un par de revistas para Bebés. Una de ellas se llama Bebé Momentum y comencé a escribir ahí porque... bueno, básicamente la dueña es mi amiga. De regreso de uno de mis talleres/retiros, venía platicándole de alguna exposición a la que fui, de alguna premier y miles de eventos, por lo que me dijo, "serías ideal para la columna Fin de semana con los niños". Pensé, ¿qué puedo perder? Es un buen reto, y dije que sí. Y ahí me tienen, mes con mes, quebrándome la cabeza ideando qué demonios pueden hacer los papás con los hijos; todo en el mundo mágico de la fantasía porque yo... pues no tengo hijos.

Cuando comencé a trabajar en la editorial en la que estoy, mi jefa me sugirió que firmara los artículos con un seudónimo en la revista "de la competencia", entonces me convertí en La Tía Lata.

Algunos de ustedes (los lectores y amigos más antiguos) sabrán que tengo una hermosa sobrina, Celes, a quien amo con pasión y locura, por lo que eso de "la tiés" se me da bien. Me gusta estar con ella, diría mi loquera que esos momentos los disfruto "aquí y ahora". No hay nada mejor que esa chiquilla canija, mi atención es suya, mis brazos, mis risas, mi cariño, mi tiempo. Celestitis, diagnóstico contundente.

Ahora... Celes tendrá competencia, tinguiringuiringui. Voy a ser tía de nueva cuenta. Y ha sido un shock.


Es un shock mucho más fuerte que el embarazo de mi cuñada porque en esta ocasión es mi mejor amiga la "preñis". Es un shock porque significa un cambio radical en nuestras vidas de "solteras y libres como el viento", y porque más allá del discurso que siempre damos de "ahora sí quiero sentar cabeza", "quiero un cambio significativo en mi rutina", etc., etc., este sí es un cambio y no pequeñeces.

Sí, hemos viajado, vivido en otros lugares, trabajado en varios sitios, pero básicmente nuestras vidas son muy similares a las que teníamos hace 12 años cuando nos conocimos, con un mayor poder adquisitivo, más sabias, más guapas y menos jóvenes, es cierto, pero es una vida muy similar.

Por eso, un hijo viene a cambiarlo todo. El otro elemento del "trío dinámico" seguro diría "el reloj nos ha alcanzado, ¿¡te cae?!" y sí, así es. El cambio nos llegó, "no que querían algo radical, tómenla". 

Pensarán, ¿pues qué drama hay? Pero no la esperábamos así. No era "lo que seguía". 

Siempre diré que ese frijolito que está en la pancilla de la flaca fue un bebé buscado, pero sobre todo, será un bebé muy muy muy MUY amado. Ahora sí, señores y señoras, la familia de Tía Lata se está ampliando. Estoy contenta, estoy muy contenta. Pero no deja de ser un shock.

martes 17 de mayo de 2011

Lo que se siente ser gay

Ayer amanecimos con esta noticia:

Uganda's anti-gay law has failed! It looked sure to pass last week, but after 1.6 million petition signatures delivered to Parliament, tens of thousands of phone calls to our own governments, hundreds of media stories about our campaign and a massive global outcry, Ugandan politicians dropped the bill!  

Una ley anti-gay no pasó en Uganda, África. Era una ley que condenaba a muerte a los homosexuales. 

Pero justo este fin de semana algo sucedió en México, algo que no sé si sonó mucho en los medios o en las redes sociales, pero yo escuché muy poco. Un grupo de personas “Pro familia”, se reunió para manifestar su descontento por la evolución natural de la sociedad mexicana, es decir, por la creación de leyes más incluyentes que abarcan desde la interrupción legal del embarazo hasta las leyes de convivencia entre personas del mismo género.

Ximena Vega comenta en una columan de Vivir México:

“Tolerar la intolerancia, esa es la cuestión. Constitucionalmente, los organizadores de la Marcha Anti Gay están en todo su derecho de expresar sus opiniones y de intentar recabar firmas y adeptos a su causa. Sin embargo el debate no yace en esa facultad, esa ya se toma por dada. Lo interesante en este caso es que una marcha así dice bastante sobre el movimiento anti gay en general. Mientras las organizaciones pro derechos de los homosexuales marchan para pedir equidad en derechos ante la ley —al igual que las mujeres y los negros en Estados Unidos hace ya varios años—, los grupos anti gay, perdón… “pro familia”, lo hacen para pedir que a cierto grupo de ciudadanos se les nieguen derechos elementales.” (1)

Yo no sé qué se siente ser gay, porque sé que soy buga (heterosexual), pero sí, me he cuestionado mis preferencias en alguna ocasión, ya saben, cuando nomás no daba una con la pareja en turno (o con las últimas 10 parejas, para ser más honesta) y mi conclusión fue que admiro muchísimo a las mujeres, reconozco su belleza física pero… pues nada más no hay atracción sexual. Y vaya que tendría opciones, maravillosas opciones de dónde escoger.

Así que yo no puedo opinar desde el lugar donde están ellos, pero sí desde el mío particular: de observadora y amante (de amar mucho) de personas homosexuales.
Hoy, 17 de mayo,  es el día Día mundial contra la homofobia y la transfobia:

“se celebra el 17 de mayo coincidiendo con la eliminación en 1990 de la listas de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la homosexualidad.

“Sin embargo, la transexualidad aún es parte de los manuales de psiquiatría CIE-10 y DSM-IV, en donde se define como "trastorno de la identidad sexual".

"Hoy alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; nueve de estos países (Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen) mantienen para estos casos la pena de muerte. La discriminación basada en la orientación sexual y en la identidad de género no está oficialmente reconocida por los estados miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que organismos de derechos humanos como el Comité de Derechos Humanos han condenado repetidamente la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género).” (2)


Qué grave, ¿no creen?

Justo anoche se transmitió en México un episodio de Grey’s Anatomy en donde dos mujeres se casan. No, no es una ceremonia legal, no es en una iglesia, pero unen votos y ganas por compartir una vida juntas. Una de ellas, Torres (sí, la latina), se enfrenta al rechazo de su madre; para ella (la madre) ella no es una novia y su hija es una bastarda por haber nacido fuera del matrimonio. Y ya saben, mi cabeza dio vueltas y me puse a pensar en todo eso que tienen que vivir los homosexuales de la vida real.

Entonces yo, justo hoy (¡¿qué mejor día?!) quiero declarar mi gran admiración por los homosexuales del mundo. Un reconocimiento por ser valientes e ir contra corriente. Un reconocimiento por enfrentarse al rechazo desde físico hasta emocional, primero, para algunos, de ellos mismos y, después, de los demás. ¡Valientes! ¡Fieles a sí mismos! ¡Elegantes! ¡Guerreros!

Un reconocimiento a las madres abiertas, como las de mi querido David, que cada vez que conoce a un hombre bueno y homosexual, piensa inmediatamente que podría ser un buen yerno.

Un reconocimiento a esas mujeres homosexuales que siguen siendo femeninas porque les nace. Y a las que prefieren no serlo porque no se les da la gana.

Un reconocimiento a esos hombres homosexuales que siguen siendo varoniles porque no tienen necesidad de actuar como mujer. Y a los que sí tienen la necesidad y lo hacen a pesar de que muchos los llamen “afeminados”.

Un reconocimiento a los padres abiertos, a los hermanos, a las hermanas, l@s sobrin@s, a los primos, l@s cuñad@s, a l@s amig@s que amamos a l@s “diferentes” sólo porque en lugar de tener un esposo (en caso de las mujeres) tienen una esposa (y esposos los hombres).

Un reconocimiento a los transexuales, que se han hecho concientes de sus deseos, de su identidad y han tenido la valentía de cambiarla desde lo interno  hasta lo externo.

Un reconocimiento a “nuestra amiga” (no sé cómo se llama) que atiende una cocina económica en el mercado de San Pedro de los Pinos y que mejoramiga y yo siempre admiramos su pulcrísimo y producidísimo look diario. Y que aguanta como una reina las miradas curiosas de chicos y grandes.

Un reconocimiento a los legisladores chilangos, a las esposas, a los esposos que impulsaron la ley de convivencia. A los que lo hicieron porque lo creían y a los que lo hicieron por conveniencia política (pero lo lograron).

Un reconocimiento a l@s señor@s ya entrad@s en años y que crecieron con una educación muy distinta a la nuestra, a pesar de que “se les hace raro” ver a dos personas del mismo sexo mostrándose afecto públicamente, no discriminan ni insultan. Se abren a su propio ritmo.

Un reconocimiento a todos los activistas del mundo que dedican su tiempo y sus recursos para que todas las naciones sean más tolerantes, respetuosas, abiertas.

Un reconocimiento al Día del Internet, porque gracias a esta maravillosa herramienta podemos publicar textos como este que en muchos medios impresos no tendrían cabida.

Un reconocimiento a ellos, en general, y en particular a mis compañeros  gays de vida, compañeros de aventuras y desventuras, de risas y llanto, de sueños, procesos, preguntas y respuestas.

A ustedes, hoy los reconozco y les expreso mi admiración. Son valientes y guerreros.

¡Bravo!



(1)    Fuente: http://bit.ly/m7w8zx
(2)    Fuente: http://bit.ly/9gJGDO

miércoles 11 de mayo de 2011

31 mil espíritus paloma

Justo después de una multitudinaria marcha por la paz se convoca a otra cita para todos esos que buscamos ver lo que sucede en México de una forma distinta. Esos que creemos y que a pesar de enojarnos, de rabiar, de estar hasta la madre, creemos: 31 mil retratos por la paz.

Vi en los periódicos las notas sobre la marcha del fin de semana al Zócalo de Ciudad de México y quedé impactada, me dio mucha pena no haber estado ahí y pensé que ya habría oportunidad. Quizá por eso esperaba encontrar cientos, ok, no cientos, pero decenas de personas tomándose una fotografía con una paloma azul y pidiendo paz. 

Y lo que encontré fue algo muy distinto. 

Fotografías. El poder de una imagen… sí, poder. Tanto así que la gente pensaba que robaban almas. Una imagen que puede trasmitir gestos únicos, irrepetibles pero contundentes. Por medio de las imágenes se nos ha abierto el mundo. El cine, la televisión, la prensa escrita, las revistas, el Internet… todo está lleno de ellas y son de alguna forma el testigo fiel que nos convence de la objetividad de lo que nos es dicho. Sin una de esas imágenes yo, por ejemplo, no tendría idea de cómo lucen los Templos de Angkor en Camboya… no sabría siquiera que quiero viajar ahí. Sin las imágenes de la portada de La Alarma no sabría cómo luce un descabezado, un aplastado, un quemado vivo. 

Por eso, para mí, el mostrar no sólo fotografías sino retratos de gente de a pie, de ciudadanos comunes y corrientes  que buscan enseñar al mundo entero que México también son ellos, me parece una magnífica idea.

Claro, esa idea no fue mía, es de Diego Huerta, fotógrafo regiomontano que junto a Daniela Gutiérrez dedicarán 8 meses de su vida (más o menos) a cambiar esa imagen de La Alarma por una imagen de un mexicano pidiendo paz. Añorándola. Deseándola. Sintiéndola. Viviéndola. O al menos intentándolo.

Cuando comenzaron con la cruzada, el 14 de febrero de 2011, el total de muertos por la guerra contra el narcotráfico (y demás violencia en el país) era de 31 mil y se propusieron tomar una foto por cada persona caída, por eso ese preciso número.

¿Con qué me encontré yo, entonces, cuando fui a participar en este proyecto? Con tres jóvenes, Diego, Dany y un participante, sentaditos en una jardinera del Polyforum Siqueiros. Los reconocí por la sombrilla blanca y la paloma azul que los acompañaba. ¿Y las decenas de personas? ¿Y las personas pidiendo paz? 

El tonito norteño disipó cualquier duda, eran ellos. Mi gran boca no pudo quedarse callada, tuve que preguntar, “¿dónde están todos?”

Esos “todos” fueron llegando de a poquito, muy poquito. Muy. Mi amiga Artemisa, de Ciudad Juárez… sus amigas, las amigas de ellas. Flor, una mexicana que conoció el proyecto en Europa y que se enamoró de inmediato, por lo que, junto con su novio (alemán), comenzaron a pasar la voz y a involucrarse, también llegó.

Subrayo el hecho de que Flor estuviera en Europa y de que su novio es extranjero, porque justo este proyecto comenzó en un país ajeno: Estados Unidos. Austin, Texas, abrió sus puertas a Diego y a su paloma azul, los güeros se retrataron y pidieron la paz de México. Luego Dallas, Houston, San Antonio, Laredo… hasta que finalmente, Monterrey, quien no se había querido involucrar al principio, dijo “yo juego también, si les está quedando tan bonito”.

Y así, poco a poco, kilómetro a kilómetro, Diego y Dany van por México, esperando que la gente comparta su deseo: recuperar esos lugares violentados, cambiar en nuestra mirada la imagen de terror por la de un ciudadano decente. 


“La paz comienza creyendo”, dicen. 

Este viaje no sólo es desgastante físicamente, también es desgastante emocionalmente. No es fácil seguir creyendo cuando la respuesta no es la que uno desearía. Si sabré yo al respecto. Es frustrante, es tristísimo. Es simplemente decepcionante. Pero aún así se mantienen en pie, en carretera, con sus ahorros y con un objetivo: juntar 31 mil fotografías, elegir 100 imágenes de 20 de las ciudades más violentadas del país. Imprimir esas imágenes y colocarlas en esos sitios que han sido testigos de la agresión, el miedo, la muerte. Paredes con huecos de bala, puentes donde se ha ocultado algún cadáver, barrios con miedo a que ese ruido de balata de automóvil sea un disparo…

Ya hicieron la primera intervención urbana justo en un sitio famoso por la devastación y la violencia: Ciudad Juárez, es decir, ya llenaron la ciudad con esas fotografías de paz. 

Y curiosamente en Chihuahua la respuesta fue muy distinta a la que yo vi hoy en mi tierra elegida. Afortunadamente no todo es así. Ya van por los 8 mil retratos y todavía tienen mucho camino que recorrer: Chiapas, Veracruz, Tabasco, Michoacán, Tamaulipas… van por más rostros, por más almas que aún creen.

Yo salí de ahí contenta de haber participado, FELIZ de haberlos conocido, esperanzada porque no estamos solos los que aún creemos que se pueda hacer algo. Pero también salí preocupada porque me di cuenta de que mientras había 10 personas dispuestas a salir a la calle y decir: “yo quiero paz”, miles más hacían del hashtag #chingatumadreCalderón trending tepic en Twitter. Y hacían sólo eso.

En este país hacen falta mucho más que hashtags, que desahogos como los míos, como los tuyos. Hacen falta mucho más que quejas y exigencias (que, claro, son nuestro derecho). En este país hacen falta las ganas y el conocimiento, la complicidad y el sentimiento de camaradería. El sentirnos parte de una comunidad y responsables por nuestro futuro. En este país hace falta sentirnos orgullosos por nuestra patria, por quienes somos… y no sólo por tener una bonita costa sur o un pasado que se quedó allá, en el pasado pero que no es nosotros HOY.

En este país faltan las ganas y las acciones, hace falta desahogarnos para deshacernos de todo ese enojo, esa rabia, esa frustración, ese miedo. Pero después del desahogo viene la propuesta, la acción, la responsabilidad.

Así que yo espero, de verdad y muy esperanzada, que haya 31 mil mexicanos que quieran recordar que sí, esas muertes están sucediendo, pero nosotros también sucedemos. Y tenemos voz, y contamos… y queremos, anhelamos paz.

31 mil… sé que los habrá.


lunes 9 de mayo de 2011

Inevitablemente...

...volveré a mi optimismo habitual. Veré el cielo azul y me sentiré lista para lo que sigue...
Por mientras, algo que ayuda.

jueves 5 de mayo de 2011

De cuando estás hasta la madre

Estoy hasta la madre, así, totalmente. Hoy, dejo de lado mis prácticas metafísicas, hoy no le quiero desear bien a los que hacen mal.

Hoy sí tengo ganas de que les vaya muy mal a esos imbéciles que dañan a la gente. No podría ni llamarles seres humanos y mucho menos animales. Imbéciles, mierdas, culeros. Así, tal cual.

Que les vaya mal, eso deseo. Porque estoy hasta la madre de que cosas malas sucedan… estoy hasta la  madre de estar ciscada, de tener miedo, de estar paranoica. 

Estoy hasta la madre de tener que esperar horas a que se encienda mi vieja computadora para poder escribir esto porque unas mierdas se metieron a mi casa a robar y se llevaron mis cosas. De tener que poner 25 chapas a una casa que no es tu casa.

Estoy hasta la madre de las tarjetas de débito y crédito clonadas, y de que si mi nip se descompone, estar aterrada pensando en cómo demonios le voy a hacer para pagar lo que tengo que pagar. Porque yo trabajo.
¡Trabajen, huevones! Y lo digo con todo lo que me caga esa palabra: huevones. Pero no encuentro otra para la gente mierda que roba, que tranza, que abusa.

Eso les quiero gritar: ¡trabajen!

Pero también estoy hasta la madre de estar dolida, de estar tristísima porque veo que todo se va al carajo, porque cada vez estamos peor. De tener que cambiar de casa a una más segura porque irrumpen en la intimidad de tu hogar, de tu privacidad como si fuera cualquier cosa.

Estoy hasta la madre de terminar de ver películas como “El infierno” y, contraria a muchos y quizá por el hecho de ser michoacana, y salir con un terrible pesar a cuestas, de saber que eso sucede y no me parece en lo absoluto gracioso. 

Estoy hasta la madre de saber que secuestran mi ciudad y no saber si se subirán en el autobús donde yo viajo a secuestrarlo también.

Estoy hasta la madre de la gente que escupe en el metro, en la calle y que te ven feo si los miras, como si te dijeran “si te parece”.

Estoy hasta la madre de la gente que destruye la ciudad, los lugares, los servicios. 

Estoy hasta la madre de no poder usar la ropa que se me dé la gana, porque me siento agredida con las miradas, con las palabras en la calle.

Estoy hasta la madre de que se cierren los casos por faltas de pruebas, de que a las autoridades les valga un carajo lo que nos suceda. Que no entiendan que están para servirnos porque somos sus patrones.

Estoy hasta la madre de la gente que nada más se queja, que culpa a los demás y que sigue siendo incongruente, que sigue tranzando, que se sigue quejando.

Estoy hasta la madre de la izquierda, de la derecha y del centro político de este país, pero no de este sexenio, sino de los últimos 200 años. 

Estoy hasta la madre de los sindicatos, de los medios censurados, de la falta de oportunidades, de la falta de trabajo, de los salarios insultantemente jodidos.

Estoy hasta la madre de las personas pidiendo limosna, de los que lo hacen por ser un negocio redituable y de los que lo hacen por necesidad. 

Estoy hasta la madre de los franeleros, de los valet parkings, de los que se adueñan en las calles.

Estoy hasta la madre de la gente culera.

Estoy hasta la madre de la gente mala leche, de los stalkers, de las/los ardidas/os y malvibrosas/os, de la gente envidiosa, de la que no se ocupa de sí mismos y nomás ven cómo joder a los demás.

Estoy hasta la madre de los patrones que ven a sus empleados como unas máquinas y no como seres humanos. 

Estoy hasta la madre de no saber qué hacer…

Y estoy hasta la madre porque me duele. Me duele pensar que este es el lugar en el que me tocó vivir (que elegí); que no hay remedio y que cada vez vamos más en picada.

Me duele tener que esconderme, tener ganas de huir, de no salir. Me duele anhelar sentirme de nuevo segura. 

Me duelen mis cosas perdidas, mi seguridad abollada, mi sonrisa extraviada.

Me duelen los niños, hijos de esas mierdas que aprenden que ser mierda es lo normal y que crecen así, convirtiéndose poco a poco en mierdas.

Me duelen los niños, hijos de la gente como yo, que tratamos de ir por la vida haciendo lo correcto, actuando del lado de la honestidad y me duele el futuro que puedan tener.

Me duele mi futuro pero más mi presente, porque este no es el país en el que yo nací, en el que yo crecí, al que yo volví totalmente convencida de que valía la pena trabajar por él.

Me duelen los asesinatos, de gente inocente pero también los de la gente culpable.

Me duele el odio y me duele sentir odio, porque no es algo que quiero en mi vida y no sé qué hacer con él.

Me duelen mis lágrimas y las de tantas otras personas, la desesperación y el temor.

Me duele… sentirme así de perdida y no saber para dónde ir, qué hacer, cómo actuar. 

martes 3 de mayo de 2011

¿Y… qué fue lo que inventó Hugo Cabret?

¿Quién no hizo dibujitos en la orilla de una libreta y los hojeaba rápido para que se fueran moviendo a forma de animación?  Para los niños es como magia. Aprendíamos a hacer un monito hecho con palitos y bolitas que daba una vuelta de carro. Luego, si tenías la facilidad para el dibujo, podías hacer cosas mucho más complicadas pero el punto era hacer animación por medio de figuras estáticas plasmadas en papel.

Pues así sentí este libro: por medio de ilustraciones, referencias, palabras, fotografías y hasta recuerdos, La invención de Hugo Cabret nos lleva a soñar en cine mental una historia que se desarrolla en nuestra imaginación pero siempre guiada por el autor, el ilustrador estadounidense Brian Selznick.

Pero vayamos al principio: cómo llegó este libro a mis manos.

Hace un par de meses paseaba por una Feria del libro, de esas en donde te pierdes porque te abrumas entre tanta portada, título y gente, y de frente me topé con una carátula negra, en donde se veía a una niña parada sobre un fondo blanco y una audiencia mirándola. El título: “La contadora de películas”. El autor: Hernán Rivera Letelier. Ni idea… pero, ¿cómo podría no llevarme ese libro de $135 pesitos conmigo?

Así entró en mi vida el que en estos momentos es mi libro favorito. Lo amé y compartí ese amor. ¡Qué bonita historia!, bien contada, simpática, dramática, corta… un cuento largo redondito, bien hecho y totalmente adecuado para los que amamos el cine.


Entonces mi amigo Tucho me dijo: “Bueno, si tanto amaste ese libro que habla de películas, ahora tienes que leer Hugo Cabret”.

Como no me sonaba nada, le pregunté de dónde lo conocía, y su respuesta fue la siguiente: “quizá distribuyamos la película de ese libro, es el último proyecto de Martin Scorsese”.

Por supuesto que puse cara de signo de interrogación, porque no tenía idea de con qué se comía un Hugo Cabret, por lo que prontísima me metí a SantoGoogle y me encontré con un par de sorpresas. Primero, todo lo referente a la filmación (y que muchos de ustedes ya saben), pero lo que más me sorprendió fue ver quién editaba ese cuento: SM.

Ajá, dirán ustedes… “¿eso qué?” Bueno, pues si alguna vez van a una feria de libros y encuentran un stand lleno de increíbles cuentos para niños, súper creativos y bien editados, seguro estarán frente al espacio de esta editorial española: SM. Claro, el hecho de que la conozca a pesar de que yo no tengo hijos viene de una poderosísima razón: una de mis mejores amigas trabaja ahí.

Le dije a Tucho: préstamelo. Y pensé: qué raro que Paus no me haya hablado de él.

Corte a…

Dos días  después, Paulina me dijo: “Tienes que leer un libro que traemos. Todavía no llega a México, pero lo estamos moviendo entre distribuidoras de películas porque es un proyecto muy bonito. Se llama La invención de Hugo Cabret.”

Taraaaaaán… ¡ahora lo quiero leer! Ahuuurita.

Entre una cosa y otra, Tucho y yo no coincidíamos para que me lo prestara.

Y llegó mi cumpleaños.

Sí, ya se lo imaginarán. Mi amigo se apareció frente a mí con una bolsa pesada que guardaba un tomo grande, de páginas negras y un extraño dibujo en la portada.

Sonreí. Mucho.

Atrás de mí, Paulina también sonrío y dijo fuerte “es el libro del que te hablé”.

Una de las pocas copias que circulan en México estaba en mis manos y no sólo eso: es mía.


El libro de las páginas negras.

“Una novela narrada con palabras e ilustraciones de Brian Selznick”.

Este es un libro gordo gordo, pesado, cuyas páginas son negras… bueno, color lápiz HB 2. Al abrirlo encontramos la consigna siguiente:

“Quiero que se imaginen sentados en la oscuridad, como al principio de una película. En la pantalla, el sol se está poniendo y se encuentran presenciando un zoom in hacia dentro de una estación de trenes en medio de una ciudad.” París.


Entonces vas conociendo la historia de Hugo Cabret a través de palabras, dibujos en blanco y negro, y fotografías, también en blanco y negro.

Nos transportamos a París de 1931, a una París pobre, mísera; resultado de una crisis post guerra, en donde los sueños están muriendo…



Hugo es huérfano y vive en una estación de trenes. Por azares del destino y por miedo a ir a un orfanato, se convierte en el fantasma que se encarga de dar mantenimiento a los relojes de la estación. El muchachito de 12 años tiene un don especial: es increíblemente hábil para construir y reparar mecanismos diversos, herencia de su padre.  Hugo roba, espía, sueña y se esconde. Hugo está solo, triste y pobre, pero no se resigna a que esa sea la  vida.

Afortunadamente, no lo es. Afortunadamente esta es una historia para niños y se nota en cada página. La narrativa es muy sencilla, simple en muchas ocasiones, pero con todo y eso, un adulto (como yo) no puede dejar de leer, porque te atrapa el querer saber más, el que en este mundo fantástico un elemento básico sea precisamente el cine…

Así que no puedes dejar la historia de Hugo, de su encuentro con Isabel, con papá Georges, de sus aventuras, sus desgracias y el misterio de un objeto rarísimo: un autómata que parece traer un mensaje del más allá. Algo así como magia.

La invención de Hugo Cabret es básicamente una historia de aventuras en donde los protagonistas son la muerte, el cine, la magia, los sueños y el talento.

Lo demás, es lo de menos.
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Bonus track.
Les dejo un adelanto… (nomás vean los videos… lo demás es spoiler y se quedarán picadísimos).

Lo malo es que todavía no llega a México la edición en español y, dicen, se consiguen muy pocas copias de importación, en inglés (tip que me soplaron: El Péndulo Condesa tiene una).

En cuanto a la película, el elenco está sensacional, nomás échenle un ojo:

Esperamos verla en 3D en diciembre y, dice mi Paus, tendremos asientos de primera fila para la premier. Más les vale…