Pocos fenómenos han causado tanta dicotomía como Harry Potter y todo lo que hay a su alrededor: o te gusta o no te gusta. En medio, los menos, y algunos de los detractores han creado un subgrupo al que es divertidísimo agredir, el target perfecto para el bulling intelectual.
Es chistoso, percibo dos grupos particularmente divididos… desde mi particular punto, veo esto: ese “grupo pro-Harry” se ha vuelto “responsable” de algunas de las cosas más ridículas de las últimos tiempos, mientras que, por alguna extraña razón, siento que los que están en el “grupo anti-Harry”, de alguna forma se perciben a sí mismos intelectualmente superiores. Tengo la sensación de que muchos de los detractores lo son sólo por sentir una superioridad intelectual… Es decir, pertenecer al grupo donde hay muchos niños, más adolescentes, algunos jóvenes y muchos adultos nerds, ñoñones y soñadores, sería como quitarle unos 20 puntitos a su Coeficiente Intelectual… ¡y qué horror!, ¿quién sería yo sin este número llamado coeficiente intelectual?, ¡sin él no valgo!
Casualmente, algunos de los que estamos en el grupo de los que amamos la historia del maguito, consideramos que las personas que gustan de la saga son más simpáticas y, casualmente, más inteligentes.
¿Se fijan? Blanco y negro, sí o no.
Entonces, pues, se va dividiendo la sociedad, como en los homosexuales y los heterosexuales, los que aman el hígado encebollado y los que lo odian… y así, pues. Pura pendejada.
Destaco todo esto porque no he visto una división así ante el fenómeno “StarWars”, Murakami, o hasta el mismísimo Walking dead (zombies). Aquí está bien que te guste o que no te guste, pero Harry Potter, ¡uff!, qué pecado… qué chingón.
Confieso que yo leí los libros hace relativamente poco, cuando ya habían salido 6 al mercado en español. Y sí, fue por casualidad porque también, de alguna forma, sentía que eso era para “niños” o para sus papás, pues. Y bueno, los adultos que lo disfrutaban eran “raros”. Hasta que conocí a ese cineasta cultísimo que pasaba horas enteras con sus hija adolescente disfrutando (subrayado) la vida del “niño que vivió”.
Después conocí a ese actor famoso y de lo más mamón, que escribe impecablemente y de pendejo no tiene un pelo. Me dijo: léelos, los vas a amar. Yo pensé que bromeaba, pero lo decía muy en serio.
Finalmente, mi Tom Hanks, el hombre más culto que conozco (en el mundo mundial), me decía Ginny Weasley: la bruja inteligente.
Es decir, ya no eran adolescentes ñoñísimos, de esos que se la pasan detrás de las cartas del Magic, asumiendo que con el golpe especial rosa y la espada floripondia podrán destruír al antiguo dios del reino whachumara.
Y mi gusto comenzó. Pasé de un grupo a otro y se me abrieron los ojos: me volví más inteligente al asumirme menos inteligente, me volví más tolerante al abrir mi mente y, ¿saben qué? Me volví una persona más divertida porque disfruté estas historias enormemente y me permití vivir en un mundo de fantasía sin prejuicios intelectuales.
Actualmente me veo en una parte de la dicotomía que sería como un tercer subgrupo: de esos que estamos abiertos y no atacamos, respetamos y disfrutamos de ambas partes. No por ser fan de la saga no sé hablar ni escribir, no tengo vida social o sexual. No por ser fan de la saga soy más inteligente o más atractiva, ¡es sólo un gusto! No es un pecado y al menos, tengo las armas para dar una opinión, no soy una borreguita que sigue a la masa: a mí me gustan los libros porque me gustan, porque me divierten, porque me parece que la trama está bien construida y tan tán. No es la verdad suprema, es mi posición y listo. No pretendo convencer a nadie, ¡qué flojera!, aunque si me preguntan, siempre les voy a recomendar que los lean: igual en una de esas los disfrutan… al igual que “La soledad de los números primos”, “La historia interminable”, “Cero absoluto” o “La invención de Hugo Cabret”. Son libros que disfruté muchísimo y que recomiendo por eso mismo.
Pero, ¿se fijan? Estos no han generado esa división… no son un fenómeno, pues. Les guste o no, lo es.
Así que la próxima vez que se pongan en alguno de los bandos… recapaciten si lo hacen con una razón válida… o por sentirse intelectualmente superiores.