miércoles 21 de septiembre de 2011

Cara a cara (o caras a caras)

Por fin llegó el momento de juntarnos: el famoso Club de las diosas (bautizado así por @karlilandia) se reunirá.

Después de muchos años, un par de países y muchas horas de confidencias, chats, mails y caminatas, nos veremos todas juntas, cara a cara.

Tuve la fortuna de conocer a la famosísima Chilosa ya, Jane, la comadre, ya es clienta más o menos frecuente de la Laticueva, y pues Karli, Ross y compañía están más cerca.

Pero es increíble, de maravilloso, que después de estos años coincidamos en un mismo punto, un mismo día, a una misma hora.
Y todo gracias… sí, claro, a la cajita feliz: Internet.

martes 13 de septiembre de 2011

¿Un sustito?

La culpa la tiene Tere mi prima. Lo puedo asegurar. No me acuerdo pero lo puedo asegurar. Esta fulandreja que es de mi misma edad y crecimos juntas, tiene una extraña fascinación por las películas de sustos, desde chiquititas. No se pierde ninguna, y aunque durante toda la función está apachurrándote el brazo, con su pata sobre tu regazo, y pellizcándote donde se pueda, va de enferma a verlas.

Y un día me convenció.

Éramos pequeñuelas, supongo que teníamos como unos 8 años, no estoy segura, pero me acuerdo, oh sí. Vimos “Más negro que la noche”, con la, en ese entonces y ya no más, hermosa y juvenil Lucía Méndez… y Becker. Pinche gato.

Es la única película que ha tenido “repercusiones” en mí. Es decir, luego de verla seguía con el susto atravesado y les juro que en la ventana de mi recámara veía a la ñoris esa. No a la Lucía, sino a la viejita. Y, claro, la Teresita muy a gusto durmiendo con su hermana, a quién seguramente se le metía a la cama, “para que no tuviera miedo”. ¿¡Pero yo?! Yo dormía sola, y el gato me perseguía. Pinche gato, insisto.

No duró mucho el mal de la película de terror en mi vida, pero nunca le agarré el modito a ese género: me ponen nerviosita, pego gritos ridículos en muchas más ocasiones de las que la decencia y la prudencia permiten, agarro muslos -ya sean firmes o no tanto, conocidos o desconocidos- si están junto a mí y demás monadas. Y no me parecen lo suficientemente interesantes, trascendentes o entretenidas. Nomás me estresan y me hacen hacer desfiguros.

Y como si una no hiciera ya suficientes en el día a día.



Disculpen el spoiler, porque en medio segundo nos cuentan toda la peli, pero seguro entenderán mi trauma.
(Eran los 80's cuando la vi)
Snif.

miércoles 7 de septiembre de 2011

Cuando seas grande...

Hoy vi Alamar y me causó una sensación extraña: quería morderle los brazos al niño. Nada caníbal, lo juro.
Vi la inocencia del niño, esa edad maravillosa, no sé, algo en sus ojos... que me recordó a gente que conozco, pero también me transportó a mi infancia...

¿Qué había de mágico en esa época? La capacidad de soñar, soñar con ganas.

Así que hoy, quisiera saber si esa capacidad de soñar con ganas sigue ahí o se fue para no volver.

¿Seríamos los mismos si hubiéramos elegido ser lo que queríamos de pequeñ@s?

¿Cómo seríamos? ¿El mundo estaría inundado por profesores, bailarinas y doctores? ¡Bomberos, soldados y piratas! 

Y si fuera al revés, ¿cuál sería una, una cosa, que sería fantástico traer de vuelta de esa época? ¿La risa fácil? ¿La despreocupación? ¿El sentido de valentía y aventura?

¿Qué sería...?

¿En qué nos hemos convertido ahora que somos grandes?