Nota importante: esto aplica en mujeres adultas, en adolescentes… es otra historia.
Muchas veces he visto a hombres estresarse porque van a conocer a las amigas de la nueva galana. Se estresan tanto, que de verdad parecería que lo que más les inquieta no es lo que piense la mujer con la que están sino ellas, las terribles crótalas defensoras de su amada.
Y... lo que pasa, es otra historia.
¿La verdad? ¿Quieren saber la verdad? Nuestra decisión no estará definida ni cambiará por lo que ellas opinen de nuestros galanes. Sí, está bien, podremos escucharlas, asentir y… ya está. Pero su opinión… da prácticamente igual. Nuestra decisión está tomada y no vamos a cambiar de opinión.
¿Difícil de creer? Ni tanto, sólo volteen a su alrededor y cuenten las mujeres que terminaron al galán porque no les gustó a sus amigas. ¿Muchas?
AAAAHHH, y las amigas… ufff, las amigas.
Por un lado, podemos opinar duramente, nunca habrá una persona lo suficientemente buena para ese ser que tanto queremos. Y opinamos. ¿Con qué calidad moral? Muy pocas veces con la que se necesitaría, porque muchas personas tenemos un pequeño defecto: no tomamos los consejos… de nuestras amigas. Así que podemos andar con un guey sin chamba, con ceeero aspiraciones en la vida, horrible, mal amante y que incluso nos trate mal, pero… oh, ¡claro!, a nosotras no nos gusta el panzón ESE que nuestra cómplice amiga tiene como novio.
Tómenme como ejemplo. ¿Saben cuántos de mis galanes han sido “ideales” para mí, según la gente? Ninguno. Cero. Siempre había alguien que tenía un pero: muy alto, muy narigón, muy flaco, muy viejo, muy gordo, muy feo, muy orejón, muy horrible, muy niño, muy gordo, muy mamón, muy… “y tú… tan bonita. Tan interesante. Tan… bla bla bla.”
¿Les hice caso? NO. ¿Me arrepiento? NO.
Mi amiga Karli me dio una lección de vida. Con cierto galán que yo tenía, siempre fue muy amable. Ella, contrario a muchas otras personas (incluidas, por ejemplo, mi padre), no opinó nada sobre él. Pero cuando terminamos me dijo, de frente: “la verdad, Cris, qué bueno que terminaste con él. No me gustaba para ti. Era muy viejo y no me gustaba cómo te trataba”. Yo me quedé en shock. Por un lado, sentí feo que se expresara así de él (por supuesto), y por otro, pensé: “¿¡por qué no me lo dijo antes!?” Pero la verdad es que mi amiga es muy inteligente y sabia; no le hubiera hecho caso (él es taaaan bueno conmigo, cuando, en realidad, no lo era) y me hubiera quedado con una sensación rara hacia ella.
Afortunadamente esa historia se terminó y ella pudo decirme lo que veía y que, siendo muy honesta, era la verdad.
¿Entonces? Insisto: lo que ellas opinan no hará cambiar nuestra opinión.
Pero, siendo honestas, ¿qué en realidad NO NOS GUSTA A LAS AMIGAS sobre el novio de ella?
El físico nos vale un soberano cacahuate. Sí, leyeron bien. Puede ser un galán de telenovela colombiana, pero si la trata mal, no nos gustará. Hasta feo terminaremos viéndolo.
Si es feo pero la trata bien, créanlo, llegará un momento en que genuinamente pensemos “Fulandraco es taaan buena onda, que ya ni feo lo veo”.
Así que básicamente, nos importan dos cosas:
- Que la trate bien.
- Que NO sea una persona sin aspiraciones… que ella sea la que mantenga la casa, que se aproveche de ella… lo que nos remite al punto uno: QUE LA TRATE BIEN.
Por lo tanto, señores, si ustedes no son santo de la devoción de las amigas, tendrán que preguntarse una cosa (y eso lo harán muy lejos del espejo): ¿de qué forma la estoy tratando mal?