lunes 31 de octubre de 2011

Sabiduría de una embarazada

"No es que una no entienda cómo ellos nos dejan ir. Más bien yo preguntaría, ¿qué hace una ahí donde sabe que la cosa está inerte y sólo se calienta con la caricia fácil y oportuna pero no es posible tocar el corazón?"

Mejoramiga anda imparable.

viernes 28 de octubre de 2011

Disfraces originales (punto com)

Todo mundo anda como loco ideando qué ponerse para las fiestas de Halloween. La verdad es que yo no he sido invitada a esas fiestas difracescas desde la universidad, pero con todo y todo tengo un outfit  “just in case”.
Pero hay mucha gente que prepara con antelación la idea, siempre buscando la más original.
Aquí les traigo la bonita idea para el traje hallowinesco, escógale y comparta las fotografías, no sea egoísta.
Si se le ocurre algo más, no deje de comentarlo, en una de esas, gana un concurso y nos vamos todos a celebrar, ¿o no?

Comencemos con la bonita botella de... chela. Nuestros gráciles modelos nos enseñan cómo portar una cerveza con gallardeza y buen gusto.





El siguiente modelito es el que también ama la bebida, pero no alcohólica. Los adoradores de las cadenas internacionales y/o del café con doble cola de sirena, tomen nota de la siguiente idea.




Cambiamos un poco de rubro. Nos enfocamos en los alimentos. Si usted, como yo, es adicto a los tacos y es tan detallista como para utilizar a su hijo/hija de relleno, no descarte la siguiente posibilidad. Créame, habrá más de uno que querrá morder esas regordetas manecitas.


Para los y las fanses del bonito electrodoméstico, este gustito puede rebasar cuatro paredes y salir triunfante a su fiesta favorita. Le tengo dos modelos, geniales ideas sólo para gustos refinados.

(No olvide la mano al horno, detalle indispensable).

Para los y las amantes del lavado y el planchado, este look lo hará el ganador de la reunión de la colonia.


No descarte la posibilidad del oportuno patrocinio.

Para el espíritu geek, nada como este cubo.

(La modelo borracha se vende por separado. No incluye baterías)

Otro juguete maravilla en un sencillo modelito que puede hacer en su hogar.

Un par de ideas más para los pequeñines de la casa. Insistimos en el modelo de la lavadera, con patrocinio incluido.





Por supuesto, la mascota tiene que ponerse las pilas también. No lo excluya (gach@).





Y por último, mis favoritas. Muy sencillas y muy en sintonía con mi propio disfraz... Estos personajes hasta baratos le saldrán. Eso sí, letales... y tienen que venir en pareja.

Le recomendemos utilizar salsa Cátsup para la sangre y corcho quemado para el efecto afroamericano. La peluca o el rizado del cabello es responsabilidad de usted.

miércoles 19 de octubre de 2011

Toneladas de aprendizaje semanal...

Hay veces en las que todo parece de cabeza… todo está mal, sentimos que algo o alguien nos está castigando… Y justo en esas ocasiones, si abrimos los ojos, tenemos la cabeza fría y aceptamos lo que venga, es posible que veamos una salida; que nos demos cuenta de que, quizá, es lo mejor que nos haya sucedido.

En la vida hay que tomar riesgos, vernos, aprender, caminar y, claro, echarla a perder. Levantarnos, hurgar dentro para ver lo aprendido, aceptar el dolor; verlo, lidiar con él y dejarlo ir. O bueno, aceptarlo y dejar que vaya hacia el lugar que tiene que ir.

Es muy importante aprender a aceptar nuestros errores, pero creo que hay un momento en que también tenemos que aprender a pedir lo que queremos, a ser honestos y fieles a nosotros mismos, con todo y las contradicciones que llevemos dentro. Y si eso trae consecuencias, ni modo, afrontarlas porque hemos partido de la verdad, de nuestra verdad en esos momentos.

No sé ustedes, pero a veces yo me esfuerzo tanto por hacer las cosas bien… que todo sale mal. Termino haciéndome mal a mí misma,  lo que al final es lo que más importa.

Así que mi resumen profundo de estas semanas ha sido: aceptar lo que duele, enfrentarlo, expresar si alguien nos lastima, aceptar lo que queremos, aceptar que queremos (sí, a veces cuesta trabajo aceptar que sí queremos), lidiar con todo lo que hemos estado construyendo, darnos nuestro lugar y… decir que no, que ya no. Ya no estamos dispuestos, dispuestas a soportar tal o cual cosa o ya no estamos dispuestos, dispuestas a seguir siendo de alguna manera que ya no nos resulta (bendita evolución).

Una línea más: cuando la situación se sale de nuestras manos estamos  vulnerables, sin rumbo. Entonces nos enojamos y no sabemos qué hacer con ello. No hagamos nada, pensemos, sintamos y ahora sí, decidamos si tenemos que decidir. A veces nos podemos sorprender. Unos minutos de aceptado enojo, de profundo y real enojo, puede ser el desahogo que necesitemos para encontrar soluciones y… momentos maravilloso.

Muchas veces que suceda lo peor… puede ser el inicio de lo mejor.

PD:
Prometo hacer una crónica de mi visita fugaz al Festival de Cine de Morelia… extraño esas crónicas.

miércoles 12 de octubre de 2011

Lo que piensan las amigas


Nota importante: esto aplica en mujeres adultas, en adolescentes… es otra historia.

Muchas veces he visto a hombres estresarse porque van a conocer a las amigas de la nueva galana. Se estresan tanto, que de verdad parecería que lo que más les inquieta no es lo que piense la mujer con la que están sino ellas, las terribles crótalas defensoras de su amada.

Y... lo que pasa, es otra historia.

¿La verdad? ¿Quieren saber la verdad? Nuestra decisión no estará definida ni cambiará por lo que ellas opinen de nuestros galanes. Sí, está bien, podremos escucharlas, asentir y… ya está. Pero su opinión… da prácticamente igual. Nuestra decisión está tomada y no vamos a cambiar de opinión.

¿Difícil de creer? Ni tanto, sólo volteen a su alrededor y cuenten las mujeres que terminaron al galán porque no les gustó a sus amigas. ¿Muchas?

AAAAHHH, y las amigas… ufff, las amigas.

Por un lado, podemos opinar duramente, nunca habrá una persona lo suficientemente buena para ese ser que tanto queremos. Y opinamos. ¿Con qué calidad moral? Muy pocas veces con la que se necesitaría, porque muchas personas tenemos un pequeño defecto: no tomamos los consejos… de nuestras amigas. Así que podemos andar con un guey sin chamba, con ceeero aspiraciones en la vida, horrible, mal amante y que incluso nos trate mal, pero… oh, ¡claro!, a nosotras no nos gusta el panzón ESE que nuestra cómplice amiga tiene como novio.

Tómenme como ejemplo. ¿Saben cuántos de mis galanes han sido “ideales” para mí, según la gente? Ninguno. Cero. Siempre había alguien que tenía un pero: muy alto, muy narigón, muy flaco, muy viejo, muy gordo, muy feo, muy orejón, muy horrible, muy niño, muy gordo, muy mamón, muy… “y tú… tan bonita. Tan interesante. Tan… bla bla bla.”

¿Les hice caso? NO. ¿Me arrepiento? NO.

Mi amiga Karli me dio una lección de vida. Con cierto galán que yo tenía, siempre fue muy amable. Ella, contrario a muchas otras personas (incluidas, por ejemplo, mi padre), no opinó nada sobre él. Pero cuando terminamos me dijo, de frente: “la verdad, Cris, qué bueno que terminaste con él. No me gustaba para ti. Era muy viejo y no me gustaba cómo te trataba”.  Yo me quedé en shock. Por un lado, sentí feo que se expresara así de él (por supuesto), y por otro, pensé: “¿¡por qué no me lo dijo antes!?” Pero la verdad es que mi amiga es muy inteligente y sabia; no le hubiera hecho caso (él es taaaan bueno conmigo, cuando, en realidad, no lo era) y me hubiera quedado con una sensación rara hacia ella.

Afortunadamente esa historia se terminó y ella pudo decirme lo que veía y que, siendo muy honesta, era la verdad.

¿Entonces? Insisto: lo que ellas opinan no hará cambiar nuestra opinión.

Pero, siendo honestas, ¿qué en realidad NO NOS GUSTA A LAS AMIGAS sobre el novio de ella?

El físico nos vale un soberano cacahuate. Sí, leyeron bien. Puede ser un galán de telenovela colombiana, pero si la trata mal, no nos gustará. Hasta feo terminaremos viéndolo.

Si es feo pero la trata bien, créanlo, llegará un momento en que genuinamente pensemos “Fulandraco es taaan buena onda, que ya ni feo lo veo”.

Así que básicamente, nos importan dos cosas:
  1.  Que la trate bien.
  2. Que NO sea una persona sin aspiraciones… que ella sea la que mantenga la casa, que se aproveche de ella… lo que nos remite al punto uno: QUE LA TRATE BIEN.

Por lo tanto, señores, si ustedes no son santo de la devoción de las amigas, tendrán que preguntarse una cosa (y eso lo harán muy lejos del espejo): ¿de qué forma la estoy tratando mal?





domingo 9 de octubre de 2011

En imágenes...







lunes 3 de octubre de 2011

De la oscuridad de la envidia

Ayer me dijeron “deja de compararte con otras personas”. Fue una bofetada en la cara, dura y merecida. Me dolía, sí, me había dolido durante bastante tiempo eso: compararme. Porque en este caso en particular, salí perdiendo. No obtuve lo que quería, entonces, en lugar de ver lo que sí tuve, me empeñé en ver eso que no. 

Y, claro, es parte de mi necesidad… necesidad de tantas cosas, pero en específico, de entender.

Mi naturaleza curiosa y matemática (aunque no lo crean) me exige hacer una fórmula matemática en mi cabeza, en una imagen, en la que yo pueda entender. Por eso siempre fui muy buena en álgebra, era tan fácil… porque ¡lo veía!, porque seguía una lógica clarísima para mí.

También para mí ha sido claro que no todo mundo quiere escuchar explicaciones y mucho menos, darlas, es decir, no todos son como yo. No todos necesitan entender. Yo sí.

Pero la envidia, los celos, se apoderaban de mí… de mi minúscula autoestima  y la aplastaban aún más. 
Afortunadamente recibí esa cachetada que me despertó. No más, me dije. No más. Yo no merezco esto. No merezco sentir envidia… uno, porque es desagradable sentirlo, dos, porque no tengo una razón real para sentirla.

A veces necesitamos eso, una bofetada. Para tranquilizar el alma, para aquietarla.

Cuando yo he sido objeto de la envidia, ¡claro que me ha molestado! “Cómo es posible que la gente se sienta mal porque alguien más los quiere”. La respuesta estuvo justo en mi propia explicación (¿ven cómo sí me sirve entender las cosas? Así avanzo… ¡gracias a Dios!): la necesidad.

Esta persona en particular, que siente envidia de mí y la estrella que se me aparece de vez en cuando, quisiera tener eso mismo. Se siente pequeña y no halla una mejor forma de llamar la atención, de pedir aprobación, cariño, que tratando de arrebatar, opacar…

Así es el monstruo de la envidia.

Y que arroje la primera piedra quien nunca la ha sentido. No les creo.

Hoy me siento mejor. Porque entendí y, al menos por ahora, dejé de compararme y de sentir… envidia.