martes 29 de noviembre de 2011

Playa...

Soy muy citadina, pero eso ustedes ya lo sabían.

Sí, me gusta el mar, ese misterio que da miedo y atrae a la vez. La arena, la arena que acaricia mis pies. Mis manos que se hunden en lo salado y en los granulado.

Pero sudo, ¿saben? Brillo y no bonito. Mi cabello se pone de lo más alborotado, enredado, es decir, imposible.

Y hace calor, y el sol quema. Las ideas se me van, quiero agua, quiero sombra, quiero un Frapuchino.

Pero vuelvo al mar, al cielo azul, a las noches estrelladas, no tanto como en la montaña y el frío, he de decir. ¿Lo ideal? Ver el mar a la sombra, en invierno, en una hamaca, con un clamato helado. O un frapuchino. Buen libro, música. Buena compañía.

El mar, las noches, el cielo. La arena, el viento... la naturaleza.

He vuelto a la playa, he vuelto al agua y sé que ya no quiero sólo aire, sólo tierra, sólo fuego y sólo agua. Lo quiero todo junto.

martes 15 de noviembre de 2011

Inevitable rutina laboral

Lunes, martes, miércoles... otra vez martes, jueves, lunes, miércoles, martes, martes... martes. ¿Qué día es hoy?

Así se pasan las semanas más "ocupadas" del año. Es lunes y al siguiente pestañeo, lunes otra vez.

Y entonces repelas porque, ¡¿dónde carajos está la vida afuera de la oficina?! Volteas hacia atrás y sólo hay oficina y oficina. Te olvidas que existe otra gente, otras cosas...

Pero también eso puede ser disfrutable: el rush. Rush por hacer las cosas bien, por resolver problemas, por cumplir con bomberazos, por ver resultados palpables.

Si bien yo no creo que todo en la vida debe ser trabajo (dios me libre), sé también que -al menos para mí- esta es una rachita que termina pronto.

Así que lo disfruto, no más.

Por supuesto que hay momentos en que juro que lo único que quiero es llegar a dormir (a las 8 de la noche... como hoy) y otros lo que necesito es un brandy con coca light... en martes. Hay otros en los que me deprimo porque siento que no tengo vida... Pero me doy cuenta de que ESTO también es parte de mi vida.
Y más, cuando tengo resultados palpables, hijos, yo le llamo.

El próximo mes habrá muchos hijos míos. Hoy estoy tocando ya a dos más.



Así que cuando sientan que el mundo se acaba, que están hartos, piensen si de verdad están hartos, si les gusta lo que hacen, si necesitan un cambio...  o como yo, que esto es una racha temporal (que pasará a la marea baja, en donde, de nueva cuenta, me quejaré de inactividad) que es parte de mi vida... y que gracias a ella, tengo cosas que palpar y que contar.


domingo 6 de noviembre de 2011

Obras de arte para recordar

¿No les ha pasado que ven exposiciones que trascienden a sus autores? Recuerdas la obra, la instalación, y muchas veces olvidas el nombre del artista detrás de la pieza.

Supongo que de alguna forma eso es trascender.

Justo en un capítulo reciente de Grey’s Anatomy (spoilers alert), el personaje de la obsesiva cirujana Christina se gradúa ante su mentora cuando deja de pelear por brillar ella y opta por poner al paciente primero.

Algo así debe ser.

A mí me sucede todo el tiempo con el cine: recuerdo las películas, tal vez olvide el título, pero es MUY probable que se borre por completo el nombre del director.

La obra debe de brillar por sí misma, ¿no? Por ejemplo una colección de latas de sopa es conocida a nivel mundial mientras que el nombre Andy Warhol (a pesar de ser algo así como una estrella de rock del arte contemporáneo) sigue siendo un misterio para los menos “cultivados”. Y vean que puse un ejemplo extremo, porque Warhol es muy conocido.

Como creador no debe de ser fácil dejar el ego de lado, dejar que la obra brille por sí misma. ¿O sí? O será sólo cualidad de las más extravagantes personalidades del arte y por lo mismo se niegan a aparecer en eventos, a dar entrevistas.

Ahora en la ciudad de México podemos disfrutar de una pobre pero sin duda, buena exposición del escultor australiano Ron Mueck. Sus obras de “realismo de alto impacto” maravillan a cualquiera y, aunque sólo son 9 piezas las que trajeron a San Ildefonso, vale la pena la visita.

Esta, sin duda, es una de las esculturas que no se olvidan… Aunque en unos meses desaparezca de nuestras mentes el apellido Mueck, lo que nos genera se queda con nosotros.