Soy muy citadina, pero eso ustedes ya lo sabían.
Sí, me gusta el mar, ese misterio que da miedo y atrae a la vez. La arena, la arena que acaricia mis pies. Mis manos que se hunden en lo salado y en los granulado.
Pero sudo, ¿saben? Brillo y no bonito. Mi cabello se pone de lo más alborotado, enredado, es decir, imposible.
Y hace calor, y el sol quema. Las ideas se me van, quiero agua, quiero sombra, quiero un Frapuchino.
Pero vuelvo al mar, al cielo azul, a las noches estrelladas, no tanto como en la montaña y el frío, he de decir. ¿Lo ideal? Ver el mar a la sombra, en invierno, en una hamaca, con un clamato helado. O un frapuchino. Buen libro, música. Buena compañía.
El mar, las noches, el cielo. La arena, el viento... la naturaleza.
He vuelto a la playa, he vuelto al agua y sé que ya no quiero sólo aire, sólo tierra, sólo fuego y sólo agua. Lo quiero todo junto.
22 de enero de 2012
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